Las mil vidas de una niña prodigio que se reinventó a sí misma sin dejar de sonreír y hacer reír. De buscavidas en la selva oceánica a madre todoterreno y de sexy novia de un crack del tenis a La Tonta, un disco que promete rabia, feminismo y pop.


Todo en la vida de Jimena Barón se recicla. Lo que en otras figuras satura, en ella pega la vuelta y la termina posicionando exactamente donde quiere estar. Supo torcer el destino marcado de las estrellas precoces después de la inolvidable Aneta de El faro y la niña de Gasoleros a los once años. Más tarde se fue a Nueva Zelanda a cultivar kiwis y siguió actuando. Mientras tanto, su relación con el ex jugador de fútbol Daniel Osvaldo, el nacimiento de su hijo Morrison y las idas y venidas que le dieron vida a su nuevo y catártico disco La tonta. Hoy el amor en su vida tiene la cara del tenista Juan Martín del Potro, y el circuito ATP marca la agenda de la pareja. En el medio, lanzará su carrera como cantante en La Trastienda, el 8 de noviembre.

–¿En qué momento apareció la música en tu vida?
–Desde que tengo memoria. Tengo recuerdos de estar haciéndole shows a mi familia en fiestas y reuniones, cantaba tanto como actuaba. Mi familia siempre fue muy musical. No recuerdo estar en mi casa en silencio, todo se hacía con música. Pero mi vida me llevó a ser actriz, y como me fue bien, siempre me costó concretar lo del canto. Luego de Quiero vivir a tu lado y con todo lo de mi separación, decidí ponerle una pausa a la tele y surgieron
canciones.

–Tu arte musical no parece el de una cantante que lanza su primer disco.

–Le pusimos todo. Y el primer single, “La tonta”, me genera mucha emoción. Me cuesta explicarlo sin que suene trillado. Muchas chicas me mandan sus videos cantándola y no lo puedo creer. El disco está pegando porque es sincero. Me emociona saber que muchas chicas se sienten identificadas con “La tonta” y “Qlo”.

–¿No te hizo dudar mostrarte tan vulnerable?

–Para nada. Me tengo fe y tengo buena autoestima. Desde siempre pensé que iba a funcionar. Fue mi decisión que “La tonta” sea el corte de difusión, lo que no esperaba es que a dos meses de su lanzamiento siga estando número uno en Spotify.

–Es un disco combativo. Tu pareja tiene que saber que sos de armas tomar.

–Más que combativo es un disco feminista. Y entendí que salió en el momento justo, en el que las mujeres estamos poniendo límites concretos, que estamos más fuertes que nunca. El Ni Una Menos es un concepto que marca esta época. Lo siento un disco femenino en el sentido correcto de la palabra, y no rosa.

–¿No sentís que le falta una canción que muestre tu momento actual, enamorada y con miles de puertas abiertas?

–No cambiaría nada. Cada canción tiene su proceso y su momento. “Qlo”, por ejemplo, la compuse un día que sentí exactamente eso que dice la letra. Yo siempre tuve mi lado provocativo como mujer y libre con mi cuerpo. Incluso lo era cuando fui más rellenita, y
ahora que lo tengo entrenado, mucho más. Siempre fui de andar en bolas, en la playa
siempre hice topless. No tengo mambos con mi cuerpo. Una vez puse una foto en
Instagram en la que se me veía el culo y me empezaron a llover críticas, y en lugar de contestar, respiré hondo y ahí compuse “Qlo” con lo que me decían de malo y
mis respuestas imaginarias.

–Es un disco para escuchar entre líneas.

–Tal cual. Para sentirse identificado. Siento que el humor sana los resentimientos, con el
agregado de que me chupa un huevo lo que piensen. Volviendo al tema, el culo es mío y lo voy a mostrar las veces que quiera. Y la idea del videoclip que está por salir tiene por mensaje terminar de explicar que como entreno tengo el culo duro y lo puedo mostrar. El que esté orgulloso de su culo, lo tenga duro o gordo, lo puede mostrar. Y al que le moleste, que lo ignore.

“De Juan me enamoré y me amoldo y me acomodo para que podamos tener una vida juntos. Estoy en un momento en el que lo único que quiero es disfrutar junto a él y mi hijo de lo que logramos.”

–¿Del Potro quedó excluido de toda esta poética retrospectiva?

–Está en “Estrella fugaz”. Cuando decidí iniciar esto, mis productores me acercaban canciones pero yo quería cantar las mías. ¿Si no, para qué todo esto, cantando emociones de otro? No le veía el sentido. Y Martín está ahí, cuando canto (entona) “Tiene tu cuerpo un imán que no me deja separar ni un momento, no sueltes más mi corazón”. La compuse cuando volví por primera vez en auto desde Tandil. Me estaba enganchando de una estrella. Pensaba que no iba a prosperar, pero se dio todo al revés, fue mutuo (sonríe).

–¿Se podría decir que tu inspiración está basada en el azar?

–Surge a partir de situaciones que vivo. Y, sobre todo, del humillante dolor que padecí en mi última separación. Pero compongo como puedo. A veces sueño la melodía y le agrego la letra que ya tengo y otras veces sale primero la letra. Tengo una guitarra y un teclado que me ayudan para componer lo básico. Lo más gracioso es que toco de noche en el baño, para no despertar a mi hijo.

–Cuando todos creíamos que habías tachado el rubro deportivo, redoblaste la apuesta.

–Con respecto al amor, es como soy yo en la vida. No esperen nada de mí porque no haré nada para satisfacer a nadie más que a mí misma y a los míos. Yo de Juan me enamoré y me amoldo y me acomodo para que podamos tener una vida juntos. Estoy en un momento en el que lo único que quiero es disfrutar junto a él y mi hijo de lo que logramos.

–¿Cantar te permite estar con él y amoldarte a su vertiginoso calendario?

–Sí. Cantar me da muchas más posibilidades de horarios y fechas que actuar. En una tira como Esperanza mía los horarios son de oficina y hay que seguir sí o sí una disciplina. Cantar me permite partir mis obligaciones y viajar en el medio para que no se haga tan largo. No es fácil seguir a un tenista profesional, que un día está en los Estados Unidos, otro en París y así según el torneo que juegue.

–¿Qué encontraste en Juan Martín del Potro?

–Encontré la tranquilidad, la paz y la armonía que necesitaba. A una persona completamente sana, que con su forma de ser me suma todos los días. Hago mis cosas y se pone contento. No sólo quiere ser él, sino que somos los dos, los tres. Me aconseja, le gusta que trabaje. Es un complemento maravilloso.

–Al hablar en plural, imagino que incluís en todo a tu hijo.

–Mi familia y sus abuelos son muy importantes en la vida de mi hijo. Y como él no puede faltar al jardín todo el tiempo, los viajes para estar con Martín los voy regulando. Si considero que puede ser un lindo programa para los tres, lo llevo; si no, se queda con Mari, que es la que me cuidó a mí de chiquita, sabiendo que también están las abuelas y las tías que lo miman.

–Ya viviste varias veces en el extranjero, una vez sola y otra vez siguiendo a tu pareja. ¿En esta ocasión?

–Podría vivir afuera sin problema. Me encanta vivir en la Argentina pero no es un impedimento tener mi casa y mi trabajo en la Argentina. Por amor podría experimentarlo de nuevo.

–En otro sentido, pero Maluma dice que cuatro pueden ser felices.

–Sí, la verdad que sí (sonríe). No me imagino con un solo hijo. Me encantaría tener más. No sé qué va a pasar. Es raro hablarlo ahora porque no soy de proyectar. Dejo que la vida me lleve por donde me tenga que llevar, pero sí me imagino casándome y teniendo más hijos. Tal vez la felicidad la encontremos de a cuatro o cinco (vuelve a
sonreír).


Escucha La Tonta, disponible en Spotify