La alma mater de Bolivia, la marca que impuso el color y el desenfado sin pudores en el vestir de los argentinos, ofrece una refrescante mirada sobre “pertenecer” y asegura que el verdadero lujo es el tiempo, no una etiqueta.


Anticipó la nueva masculinidad cuando nadie imaginaba chupines y barberías. Gustavo Samuelian, el creador de Bolivia, logró lo que muchos sueñan: convertir en éxito su manera de vestir y pensar. Con la autenticidad como bandera y dos marcas que no paran de crecer (Bolivia y Divina Bolivia), sigue rompiendo paradigmas sin renegar del barrio y la cultura pop. Mientras mira las nuevas olas, él ya es parte del mar.

 

–Hablemos de Bolivia antes de la marca, de Bolivia, el bar de culto que quedaba en México al 300 y donde estallaba en colores todo el under porteño. ¿Hay algo de homenaje a ese estilo en tu marca?

–Bolivia se llama así en parte por el bar y también por el origen de la abuela de mis hijos. Ese bar loco de Sergio de Loof tenía un estilo recargado y kitsch, estaba lleno de personajes que no veías en la calle. Por otro lado, de Bolivia, el país, siempre me gustaron las cholas, sus prendas, el color de los tejidos. Cuando empezamos la marca, los hombres no se vestían de color, ahora suena raro porque en diez años todo cambió mucho, pero antes vestirse con colores era “de maricón”. Bolivia es, ante todo, el reflejo de cómo me visto, un capricho.

–¿Descubriste un público para ese capricho? ¿Te llevaste alguna sorpresa?

–Primero se acercó la comunidad gay, viste que llegan antes a todo. Se animan, no tienen prejuicios, entienden la onda. También de entrada llegaron las mujeres, compraban ropa para sus maridos antes que ellos. Los llevaban al local y los convencían de probarse nuestra ropa, empezaban con las remeras y después venía todo el resto; chupines de colores, abrigos… Las mujeres siempre se prendieron, no sólo comprando para sus parejas sino para ellas, y eso fue lo que nos incentivó a abrir Divina Bolivia, con un producto diferenciado para ellas. Nunca pensé que íbamos a tener una marca de mujer, pero fue una extensión natural.

–Es interesante lo que contás sobre las mujeres y cómo fueron trazando su propio camino y lenguaje en relación con la marca. Tus diseños juegan mucho con la cultura pop, el cine y la música. ¿Las mujeres tienen los mismos consumos culturales que los hombres?

–La sociedad cambió muchísimo. Antes de que la diversidad se convirtiera casi en una moda, uno venía viendo un cambio real. Yo les decía hace años a mis amigos: “En un momento el tema de los sexos con todos sus tabúes va a dejar de existir. Va a venir un tiempo de experimentación en el cual los jóvenes van a probar distintas opciones y, finalmente, vamos a terminar entendiendo que todos somos simplemente personas, sin diferencias”. Ahora la sociedad es más amplia, las diferencias se están borrando y eso también se nota no sólo en lo sexual sino en lo generacional. Los significados están ahí y son múltiples, están abiertos a todo y a todos: hice una remera de “Helter Skelter” donde las letras desgranaban y dibujaban “Tate”. Había pibes que pensaban que era por los Beatles; los cinéfilos la llevaban por Sharon Tate y Polanski; otros conocían por alguna serie al Clan Manson… todo forma parte de la cultura, y Bolivia es una marca en la que compran muchos tipos de mi edad, y ojo que yo también voy encontrando otros significados.

“Ahora suena raro porque en diez años todo cambió mucho, pero antes vestirse con colores era de maricón.”

–¿Cuales son esos nuevos significados?

–A mí me gustan mucho algunos superhéroes, los cómics, y parte de ese universo está en mis estampas. Cuando de chico veía a Batman y Robin en la tele, la serie con Adam West, era increíble. Era la acción, la aventura, las peleas, los villanos… Ahora la veo y es necesariamente otra serie, aunque sigue siendo fantástica por el mundo que pinta y la nostalgia. Uno le encuentra otro sentido, y, al mismo tiempo, los jóvenes la descubren y van teniendo y te van enseñando otros códigos.

–Volvamos al tema de la diversidad. Las campañas de Bolivia han sido protagonizadas por gente común, personajes de la calle, intelectuales, personas mayores… vestiste a un tipo como Lanata en un país donde los talles grandes son palabra prohibida. ¿Cuál es tu idea sobre la belleza y la diversidad?

–La belleza está en el observador, no es una cuestión de tamaño, sexo ni edad. Lo estético, tradicionalmente hablando, me importa tan poco como el color de ojos o con quien se acuesta una persona. Cuando convoqué a Pelito Gálvez, que fue un modelo superfamoso en los 80 del que mi vieja me hablaba un montón, le pedí que trabajáramos juntos por el personaje que es. No me importó que estuviera retirado dando clases de yoga, el tipo comunicaba algo, como también Delia Cancela, que compartió campaña con él. Pero más allá de la nueva tendencia de incorporar a gente grande, para mí la edad no es una moda y el cuerpo tampoco. No creo en el físico, sino en la persona. Es lo que pienso y lo digo. Para mí un valor fundamental es ser verdadero, el día en que no crea en lo que hago, me pongo una verdulería.

–El denim siempre ha sido un punto fuerte de Bolivia, ¿me adelantás algo de la nueva colección junto a Santista?

–Me encanta el jean en todas sus tipologías, por eso siempre ha sido un bastión de la marca. Es el género transversal, lo usa todo el mundo en diferentes versiones. En la colección que estamos lanzando no sólo hay pantalones, sino mochilas, bolsos, camisas, camperas y hasta delantales. ¡Es la exaltación del jean!

–Lo del delantal me remite al trabajo y a las nuevas maneras de comunicar, como Instagram, que proponen lujo, ocio y pertenencia. ¿Bolivia es una declaración punk frente a eso?

–Nunca nos planteamos a Bolivia como una marca aspiracional. ¿Pertenecer a qué? ¿Para qué? Sos o no sos de una determinada manera, no es tan fácil engañar a todo el mundo. Yo en mi Instagram te pongo la superfoto al lado de otra usando jogging en el lavadero de mi casa. El lujo para mí es el tiempo, no una etiqueta. La autenticidad es la base del cambio y vamos en camino a ser distintos porque cambiaron los referentes. Muchos hombres han cambiado el modo de ver el mundo gracias a sus hijos. Antes un tipo como Sheldon de la serie The Big Bang Theory era un boludo, ahora es un genio, un capo que no teme ser nerd. El gran mérito no es ser viejo, es ser grande y entender todo.