Inmerso en los coloridos paisajes del Valle de Traslasierra, un nuevo emprendimiento apuesta a la filosofía biodinámica y retoma la antigua relación entre el hombre y la tierra.

Apocos minutos del pintoresco pueblo de San Javier, al pie del cerro Champaquí (el más alto de la provincia de Córdoba), se encuentra La Matilde, un lugar donde la naturaleza es la única protagonista. Allí las pantallas de TV son reemplazadas por los majestuosos paisajes rojizos que ofrecen los atardeceres del Valle de Traslasierra.

Se la considera la primera comarca biodinámica de la Argentina, que contempla el campo de cultivo como un organismo vivo, e incluye una dimensión espiritual en la relación del hombre y la tierra. En esta filosofía, creada por el austríaco Rudolf Steiner (1861-1925), priman los principios de diversificación, el respeto sobre el medio ambiente, el reciclaje, la no utilización de químicos y la producción local, así como el uso de sustancias vegetales, animales y minerales expuestas a ritmos naturales, dando origen a los preparados biodinámicos, generalmente utilizados para armonizar los distintos procesos vitales en los abonos, las plantas o el suelo. La siembra, la plantación y la cosecha están determinadas por un calendario lunar que especifica los días y las horas más adecuadas para realizar cada labor. La biodinámica rescata la sabiduría milenaria del respeto a los ciclos naturales, consiguiendo unos productos más sanos y libres de tóxicos que recuperan el auténtico sabor y aroma.

Desde sus comienzos, La Matilde adoptó estos ideales, que se ven reflejados en las 60 hectáreas donde se mezclan viñedos (se elabora Sierra Roja, un Tannat de alta gama), una huerta orgánica, olivos, almendros, frutales y hierbas aromáticas, animales de granja, un tambo caprino, caballos y una posada rural construida bajo los conceptos de la bioarquitectura. Su diseño y construcción estuvieron a cargo de artesanos y artistas regionales locales –algunos internacionales también– respetando los conceptos de arquitectura responsable y bioclimática. Hasta comer significa otra experiencia aquí, mediante una gastronomía que va de la granja y la huerta a la mesa. Los cocineros ponen énfasis en la frescura, la estacionalidad y la disponibilidad de los productos, y los menús se prodigan en panes recién horneados, frutos frescos, verduras, hortalizas, huevos de granja, miel, quesos, mermeladas y dulce de leche del tambo caprino.

Una manera de volver a las raíces para sentirse, al menos por unos días,
mucho mejor.

Más info: www.posadalamatilde.com