Celebridad infantil absoluta gracias a Playground Disney, el mundo de los adultos descubrió su talento y su belleza con el éxito de Las estrellas, donde se enamora de Violeta Urtizberea. Señalada como la preferida de Suar, dice que no tiene muy claro qué es la fama y prefiere que el destino la sorprenda

 

Muchos sostienen que el zapping ya murió. Con grillas digitales interminables y el furor de las plataformas VOD (Video On Demand), son muy pocos los que aún se aferran a la práctica de revisar los canales “a dedo”. Ellos, quizá, todavía pueden llevarse la sorpresa de encontrarse con las dos caras de Julieta Nair Calvo: Juli, la compañera de Juanchi en Playground Disney, y Jazmín, la cocinera y novia fugaz de Flor (Violeta Urtizberea) en Las estrellas. ¿Choque de intereses? No tanto: hace ya más de un año que Julieta dejó de ser una chica Disney. “Mi contrato era por tres años y luego lo extendimos un año más, que ya venció, para hacer la cuarta temporada del programa, que es lo que hoy se puede ver en pantalla. Igual, ellos tienen todos los derechos para emitir los programas cuando quieran y está todo más que bien. Amé mi paso por Playground”, sostiene la quilmeña de 28 años que empezó haciendo publicidades a los cuatro. “Era muy chiquita, sí, pero te juro que ya tenía clarísimo que actuar y bailar era lo que más me gustaba en el mundo. Soy una bendecida total en ese sentido, no tengo ni idea de lo que es una crisis de vocación”, dice.

“Nunca pensé este trabajo como ‘Voy a hacer una lesbiana’. Me lo planteé de forma más simple: ‘Haré a una mujer enamorada, no importa si es de un hombre o de una mujer’.”

–Haciendo un juego hipotético, ¿creés que podrías haberte convertido en Jazmín siendo aún Juli?

–Mmm, lo dudo. Pero no sólo por lo de los cuidados que suele tener Disney con sus personajes sino porque se trata de un trabajo que realmente te requiere al cien por ciento. En Disney no sólo hacía el programa sino también el teatro, por lo cual eran las grabaciones, los ensayos, los shows y las giras. No hubiese podido combinarlo con prácticamente ningún otro trabajo.

 

–Y Jazmín, además, fue creciendo mucho en este tiempo.

–Sí, y estoy feliz con ella. Con los personajes me suele pasar lo mis- mo que con las personas: dejo que el tiempo cimiente la relación. Y con ella es así, la voy descubriendo a medida que pasan los capítulos. Y cada vez me gusta más.

–¿Qué tiene de vos?

–El humor. Nos parecemos mucho en eso. Yo de verdad siento que el humor puede salvar al mundo, y Jazmín tiene esa misma actitud. Nos reímos mucho de todo.

 

–¿Te genera un desafío especial el hecho de que sea lesbiana?

–No. Hasta ahora la devolución del público, incluso de parte de la comunidad gay, ha sido muy buena. Pero te soy sincera, nunca pensé este trabajo como “Voy a hacer una lesbiana”, me lo planteé de forma más simple: “Haré a una mujer enamorada, no importa si es de un hombre o de una mujer”.

 

–Todavía no hubo escenas íntimas.

–No, y si las hay no creo que me resulten un problema. Obviamente, ese tipo de escenas nunca son la situación más cómoda del mundo, pero las encararé como siempre. Muchas veces te toca hacer pareja con un hombre que no te gusta y aún así tenés que mostrarte enamorada. Acá es lo mismo, no me gustan las mujeres, pero a Jazmín sí.

 

–Trabajás desde muy chica, ¿sentís que te perdiste algo o que quemaste etapas? 

–No, la verdad es que me siento una bendecida total por haber descubierto de tan chica qué era lo que me apasionaba. Y hoy puedo vivir de eso, algo muy difícil de conseguir. En el colegio, si bien a ve- ces me costaba un poco combinar ambas responsabilidades, la pasé muy bien. Salí a bailar cada vez que quise, tuve mi viaje de egresados a Bariloche, me divertí… No me puedo quejar.

“Esta profesión es prácticamente infinita, trabajar con los sentimientos y las relaciones humanas siempre te da la posibilidad de ir por más. En ese sentido, sé que nunca me voy recibir de actriz, y eso me encanta.”

–¿Y desde qué edad vivís sola?

–Desde los 19. Ya me daba mucha culpa que mi papá haga tantos viajes de Quilmes al centro y viceversa. Hoy estoy plenamente acostumbrada a vivir sola. Y me encanta, me llevo muy bien conmigomisma (ríe). Si bien cocinar para mí sola me suele dar algo de fiaca, cuando me agarra el empujón, cocino y freezo. Y mi mamá, por supuesto, me ayuda también… pero porque ella insiste, las madres son así.

 

–¿Estás en pareja?

–No, ahora no. Estuve de novia durante mucho tiempo pero hace dos años que estoy soltera. Y sin apuro.

 

–¿Tuviste muchos novios colegas?
–Uno solo, pero no es conocido. El problema con nuestra profesión es que todo se vive de una manera muy intensa. Los sentimientos y el ego están a flor de piel y a veces eso puede ocasionar demasiados roces. Igual, tampoco soy de las que dicen: “Jamás saldría con colegas”, no es para tanto. Además, soy consciente de que son las personas con las que hoy más me relaciono. En resumen, no descarto enamorarme de un actor pero tampoco del chico que atiende en el bar.

 

–Hace poco, una revista te catalogó como “la preferida de Suar” luego de evaluar la cantidad de likes que te ponía en tu Instagram.

–Alguien me lo comentó el otro día, me dio risa. Es una gran pavada.Yo también vivo likeando a colegas como Lucho Castro o Rafa Ferro y nada que ver. Por ahora ni bola les doy a esas versiones.

 

–¿Qué disfrutás hacer en tu tiempo libre?

–Soy medio workaholic, pero fuera del trabajo lo que más me gusta es viajar. Me da ilusión programar itinerarios, destinos… En el verano me voy con mi prima a Nueva York. Bueno, siempre y cuando no aparezca un trabajo.

 

–¿Te entusiasma la idea de ser muy famosa o te da cierto “temor”?
–La verdad, no tengo muy en claro qué es la fama. Sé que hacer un personaje como este te hace más popular y te abre puertas, pero hasta ahora no veo más que respeto en los demás; en mis colegas, en la calle, incluso en las redes sociales, que suele ser un terreno difícil. Además, yo siempre bromeo que soy popular entre los menores de seis pero como en la calle no me reconocen, puedo hacer vida de anónima total.

 

–¿Qué proyectos tenés para el futuro?

–Mirá, la verdad es que las cosas que me pasaron siempre fueron más lindas de lo que imaginé. Esta profesión, además, es prácticamente in nita, al trabajar con los sentimientos y las relaciones humanas siempre te da la posibilidad de ir por más. En ese sentido, sé que nunca me voy recibir de actriz, y eso me encanta. Es lo bueno que tenemos los actores, la ventaja de poder explorarnos todo el tiempo. Más allá de esto, lo cierto es que ya no me pongo a pensar “quiero esto, quiero lo otro”, dejo que el destino fluya y que me sorprenda. Siempre es mejor así.

 

Producción: Gimena Bugallo
Make up: Agus Caparra para Frúmboli Estudio.

Agradecimientos: Natalia Antolin, María Gorof. Hotel MIO Buenos Aires.