Después de ocho años, el enfant terrible del rock vernáculo volvió a su primer amor: Turf, la usina de hits que musicalizó el cambio de siglo y pegó la vuelta. La locura, otra vez, recién comienza.

“Raquel, vení con los muchachos.” Raquel se llama la perra sin raza de Joaquín Levinton. Y se llama así, obviamente, por la conocidísima canción de Los Auténticos Decadentes. “Me encanta que se aleje porque cada vez que se va le digo que venga y me acuerdo de la canción”, ríe la voz áspera de Turf, casi acostado sobre su respaldo. Raquel disfruta como Joaquín el día primaveral que recibe el Abasto, su Abasto, el barrio donde vive y saca a pasear más de cuatro veces por día a su perra de ojos hundidos y orejas tan grandes como su cabeza. Levinton está contento: luego de ocho años de silencio, Turf, la banda que les sacó brillo a los últimos noventas y se convirtió en un ícono pop (de inspiración britpop) está de vuelta. Encima, con disco nuevo. Mien- tras Raquel recorre las mesas de la vereda del bar y trata de hacerse de algún resto de tostado que no terminó un taxista, Joaquín se da cuenta, mirando el teléfono, que la tapa de Odisea es igual al buzo que lleva puesto. “Tanto tiempo rompiéndonos la cabeza para el arte de tapa y hoy me vengo a dar cuenta de que lo llevaba en mi pecho.” Un cielo oscuro salpicado por planetas, cometas y estrellas en perfecta psicodelia setentera, así es la tapa del disco y así es el buzo de Joaquín, que ríe de nuevo y lo hará a lo largo de toda la entrevista. El pasado más revoltoso parece haber quedado atrás y reconoce que tuvo que pedirles disculpas a sus compañeros para hacer realidad este regreso. “Fue una época muy punk rock, necesitaba pelearme con todos. Pero ya está, ya pasó, los extrañé demasiado”, con esa a las apuradas antes de que el mozo termine de apoyar dos cafés negros en la mesa de fórmica, se dispare el grabador y Raquel se pierda de vista.

 

–¿Cómo se siente la vuelta luego de tantos años sin tocar, ni siquiera verse?

–Fue muy lindo. En estos casi ocho años que estuvimos separados no nos vimos nunca. Cada tanto nos encontrábamos en algún recital, pero nunca hablábamos sobre el tema. Yo me dediqué por completo a Sponsors, la banda que había formado después de Turf, y los chicos lo mismo con sus respectivas bandas. Fueron 13 años de locura y diversión y, evidentemente, hubo una saturación. Los grupos de rock son como una pareja, y la convivencia nos había desgatado.

 

–¿Cuándo se propusieron volver?

–En una fecha de Ríspico (N. de la R.: un proyecto de Nicolás Ottavianelli y Fernando Caloia, integrantes de Turf). Nos invitaron a todos a tocar algunos temas de la primera época y picó el bicho. Arriba del escenario todo volvía a estar como siempre: se nos dibujó una sonrisa casi tan grande como el Obelisco. Y a partir de ahí, empezamos a juntarnos un par de días a la semana y cada vez con más frecuencia. Fue muy loca la sensación, como que nunca nos hubiésemos separado. Es como cuando te peleás con una novia que seguís queriendo pero además la pasás a buscar algún n de semana.

 

–¿Te dejó algo la separación?

–Un toco. Muchas veces, tomar distancia de algo te hace dar cuenta de lo importante que era. Te permite ver con otra perspectiva y, sobre todo, comenzás a valorarlo de otro modo. Ya sabés qué era lo que hacía que funcione mal y empezás a laburarlo desde ahí. Entonces, todo lo que tenemos ahora es para disfrutar. No hay peleas, no hay nada. Las diferencias ya fueron superadas. Estamos muy bien mentalmente y ya estamos más grandes, más tranquilos.

–Más maduros.

–No, en realidad estamos menos duros. Otra cosa importante. Pasó un poco el descontrol, se dejaron muchas cosas de lado.

 

–¿Notás algún cambio en lo musical?

–Siempre fuimos un grupo muy desopilante de canciones muy diversas y una musicalidad muy abierta. Nunca tuvimos un estilo marcado. Si escuchás los discos anteriores y nos escuchás ahora, vas a ver que no cambió nada.

 

–Entonces, ya sabemos con qué nos vamos a encontrar en Odisea, la verdadera excusa del regreso.

–Exacto. El año pasado lanzamos dos simples, “Kurt Cobain” y “La canción del supermercado”, y funcionaron bárbaro. A la gente le encantaron, sin embargo no los incluimos en el disco. Son 12 temas hermosos que resumen un poco todo el espíritu de la banda: un poco de rock, pop y la esta que nos une. Salió en formato de CD y vinilo, más plataformas digitales. El grupo vale la pena que esté y vale la pena este disco, no tendría ningún sentido que este regreso sea sólo una anécdota que se diluya en poco tiempo. Turf vino para quedarse. Es un regreso definitivo y ya tenemos confirmadas un montón de fechas para tocar.

“¿Si estamos más maduros? No, en realidad estamos menos duros… pasó un poco el descontrol, se dejaron muchas cosas de lado.”

–¿Seguís disfrutando el vivo?

–Mal, loco. El día que no tenga más ganas de salir al escenario no voy a cantar más. Cuando toco tengo como fragmentos del show. Doy todo mi corazón para cantar. Canto, canto y canto, y de repente miro hacia los costados y veo que mis compañeros están en la misma que yo. De repente hay uno arriba del otro, otro que está tirado en el piso… Somos los mismos que hace diez años: no sé cuál era más zarpado. Estamos muy arriba. Nosotros vinimos a joder, a joder al rock, a joder al pop. Vinimos a boludear a la música porque no somos ningún tipo de estilo ni género, y eso nos permite hacer lo que querramos. Igualmente, nos respeta la gente del rock porque somos rockeros; la gente del pop porque gustan de nuestras canciones pegadizas. En los shows y en los discos fuimos y somos una fuerte influencia para chicos que recién se juntan a tocar porque no ven ni escuchan otra cosa que alegría.

“Nosotros vinimos a joder, a joder al rock, a joder al pop. Vinimos a boludear a la música porque no somos ningún tipo de estilo ni género, y eso nos permite hacer lo que querramos.”

–En definitiva, Turf marcó un estilo y muchas bandas actuales lo reproducen.

–Sí, y no hay nada más lindo que eso. Te muestra que tan mal no hicimos las cosas. Nunca dejamos de sonar en estos ocho años de separación. Todos los días prendíamos la radio y ahí estábamos, hasta en la cancha. Yo creo que Turf debe de ser un grupo muy divertido, muy copado de ver. Yo no lo puedo saber porque, obviamente, no lo veo, pero siento la onda que transmite y veo a mis compañeros y a la gente disfrutar. No hay ninguna pared entre nosotros y el público. Estamos en la misma frecuencia, la misma sintonía.

 

–¿Y hay vida después de Turf?

–Si me deja algo, más vale. Siempre me interesó el cine y me gustaría en algún mo- mento poder concretarlo. No me importa si tengo que dejar de hacer rock e irme al cine, yo chocho, no me importa. Vení, Raquel, saludá a los chicos que nos vamos.