American Crime Story, la serie que sorprendió a todos con
“The People v. O.J. Simpson”, redoblará la apuesta el año que viene con la multiestelar “The Assassination of Gianni Versace”. Aquí, un adelanto a veinte años del asesinato del diseñador italiano.

Sobrios trajes avanzan con ritmo ceremonial y la pasarela se tiñe de negro absoluto. Suena una respiración entrecortada sobre un mantra electrónico y un ejército de supermodelos pasea vestidos ajustados al límite. La parvada de cuervos más bella del mundo serpentea frente a Sting, Elton John y Madonna. Más tarde estallará el color como un orgasmo, acariciando los cuerpos con un resplandor flúo mientras los tejidos metálicos mutan en armaduras sexuales, exageradas, impúdicas.

 

Cuando Gianni Versace sale a saludar flanqueado por sus musas todavía se perciben los rostros levemente desencajados. Recordarán siempre esa inquietud que sintieron frente al luctuoso inicio del desfile Haute Couture AW 97 y se retirarán del Hotel Ritz sin saber que esa locación será el prólogo de dos muertes, la de Lady Di y la del mismísimo Versace, quien dentro de una semana será asesinado en la puerta de su casa.

 

Ese crimen será el epílogo de una década marcada por el consumo, la ostentación, el ansia protagónica y una violencia enloquecida. Los noventa empezaron con el parricidio de los hermanos Menéndez, quienes ultimaron a sus padres millonarios, y siguieron con el reinado de Patrick Bateman, protagonista de la novela Psicópata americano, yuppie asesino preocupado por no manchar la alfombra de diseño con la sangre de sus crímenes. Si el tejido social se está resquebrajando es primordial cubrirlo con belleza.

 

El exceso disimulado de la época se cobró la vida de River Phoenix en el 93, cargó la escopeta con la que Kurt Cobain se suicidó en el 94 y desató la envidia de la patinadora olímpica Tonya Harding, quien contrató a un ex policía para que le rompiera la rodilla a su rival Nancy Kerrigan. Una ingenua Alicia Silverstone con falditas escocesas se convertía en ícono pop gracias a Clueless. Ni idea teníamos de que el fin del arcoíris era la mansión de Versace en South Beach y su cuerpo yacente con un tiro en la frente y otro en la nuca disparados por el joven chongo Andrew Cunanan. Sobre un charco de sangre descansaban las dos revistas que el diseñador había salido a comprar esa mañana: People y el último número de Vogue, cuya tapa anunciaba “Buenas noticias para las piernas feas: cómo mejorar lo que la naturaleza te ha dado”.

 

Habían ajusticiado el espíritu de una era.

 

Gianni Versace no era sólo otro rico y famoso del renovado Miami. Había nacido en Regio de Calabria, ciudad del sur profundo italiano. Criado por su madre modista, alucinó tecnicolor en una tierra dominada por el luto eterno de sus mujeres. La consagración esperaba en el norte, así que probó suerte en Milán, triunfó y en poco tiempo pudo lanzar su propia marca. El dulce sabor de esa revancha lo llevó, en el apogeo de su carrera, a convertirse en el diseñador favorito de otro rebelde abrazado por el pueblo napolitano, Diego Maradona.

 

Anna Wintour le explicó la verdadera transformación versaciana a la cadena ABC: “Gianni cambió la moda con su estilo desprejuiciado y sexual. Pero su verdadera revolución fue descubrir el poderoso marketing que mueven las celebrities. Fue pionero en poblar la primera fila con músicos y actrices, poniéndolos a protagonizar sus campañas. Él descubrió el poder de la fama”. Y ese mismo poder lo mató como un búmeran brutal.

 

Su asesino fue un chico de origen humilde, educado en los mejores colegios gracias a becas, rodeado por hijos de ricos y famosos. Allí vivió una doble humillación: sentirse intruso en un mundo aspiracional y ser discriminado por gay en un ambiente pacato.

 

Mitómano voraz, vivía reinventándose. Se presentaba como hijo del embajador filipino o heredero europeo. Quería ser famoso y se dio el gusto. Cunanan era el talentoso Sr. Ripley y sólo le faltaba un cadáver. O varios.

 

Para cuando mató a Versace ya era un asesino serial buscado por el FBI por otros cuatro crímenes de diversos amantes y socios. Lo encontraron recién ocho días después de ultimar al diseñador. Cercado por la policía, Cunanan se suicidó en un yate.

 

El asesinato de Versace dio para todas las teorías. Ejecución por encargo, ajuste de cuentas perpetrado por la mafia, partuzas, sida o las rivalidades económicas con sus hermanos Donatella y Santo, que se pusieron de manifiesto cuando Gianni dejó la mitad de su imperio a su sobrina Allegra. La respuesta pendiente es si fue un crimen de género en una sociedad donde se necesitaba coraje para ser puto y enorgullecerse.

 

El productor y director Ryan Murphy, quien ya se ocupó magistralmente de otro caso resonante sobre sexo, celebridad, género y racismo en “The People v. O.J. Simpson” (dentro de la serie American Crime Story), retomará su análisis noventoso en la próxima temporada del programa: “The Assassination of Gianni Versace”. Basada en el libro Vulgar Favors, escrito por la periodista de Vanity Fair Maureen Orth, la serie cuyo estreno está previsto para principios de 2018 seguirá los pasos previos de Cunanan y la vida abiertamente gay de Versace para explorar los confines de una sociedad donde la apariencia le gana a la inclusión.

 

Murphy declaró a The Hollywood Reporter: “No quiero hablar solamente de por qué mataron a Versace sino de cómo permitimos que eso pasara. Él no debería haber muerto si no fuera por la homofobia policíaca. Es interesante examinarlo, particularmente ahora, con el presidente que tenemos y el mundo en el que vivimos. […] Versace fue una figura cultural importante: vivió abierta y peligrosamente. Admiré eso y seguiré haciéndolo. Yo lo amaba, estuve muy orgulloso y feliz cuando le dio su entrevista a The Advocate. En ese momento no era mucha la gente suficientemente valiente para vivir su vida abiertamente”.

 

Murphy sabe de lo que habla y también cómo elegir un elenco. Cuando se anunció que Édgar Ramírez sería Gianni Versace, las redes estallaron. El actor venezolano que se consagró interpretando al terrorista internacional Carlos en la miniserie Carlos the Jackal, dirigida por Olivier Assayas, para luego brindar actuaciones memorables en Zero Dark Thirty o la reciente biopic del boxeador Roberto “Mano de Piedra” Durán, es uno de los mejores de su generación. Dueño de un parecido innegable con Versace, posee la dosis de sexualidad latina y amenazante que requiere el personaje.

 

Una primera opción para interpretar a Donatella fue Lady Gaga, quien ya había trabajado para Murphy en American Horror Story. Pero finalmente la elegida fue Penélope Cruz, actriz icónica, chica Almodóvar y hábil nadadora de aguas kitsch.

 

Si algo le faltaba a la historia era que Ricky Martin encarnara a Antonio D’Amico,pareja de Gianni. Lo pedís, lo tenés. Darren Criss, quien ya protagonizara para Ryan Murphy en la exitosa Glee, será Cunanan.

 

Falta poco para que vuelvan a azotarnos los estridentes arabescos que ahora descansan en un féretro de plata. Y la boca asombrada de Medusa, esa mujer con cabellos de serpiente, aparecerá una vez más para tentarnos con su opulenta violencia.