Se hizo conocido con dos papeles fuertes en un mismo año: el cuartetero que emulaba a Rodrigo Bueno en Educando a Nina, y Diosito, el durísimo preso de la aclamada tira El marginal. Uruguayo, tímido y un poco fóbico a la exposición, hoy protagoniza Fanny, la fan en Telefé, aunque por momentos siga considerándose un outsider del mundo estelar. 

En Villa del Cerro, Uruguay, no debe de ser fácil de entender. ¿Dos hinchas de Rampla Juniors –club conocido como “Los Picapiedras”, no por su fútbol sino porque los propios hinchas ayudaron a construir el estadio– son famosos en la Argentina? Y en muchos lugares más, podríamos agregar. La primera de ellas es conocida por todos: Natalia Oreiro, que con su encanto conquistó hasta al público de Rusia. Y ahora, con humildad y una timidez rampante, se suma este veinteañero charrúa que desde que cruzó el charco con su bolsito a cuestas no para de sumar trabajos y papeles que capturan la atención de todos. Sin duda, el más emblemático de ellos es Diosito, el personaje carcelario que interpretó en El marginal y que le valió un enorme reconocimiento a la vez que le permitió viajar a pantallas de toda la región, en especial desde que Netflix la incorporó en su grilla. Un dato más: la reconocida publicación e Hollywood Reporter incluyó a esa ficción dirigida por Luis Ortega (que ya tiene confirmada una segunda temporada) en su listado de 15 series internacionales que hay que mirar sí o sí. Nicolás, es cierto, está supervinculado a Underground, la productora de Sebastián Ortega detrás de ese proyecto y de sus otros dos gran- des trabajos: Educando a Nina (donde interpretó a un cuartetero cordobés muy parecido a Rodrigo) y Fanny, la fan, la tira donde actualmente hace de Pedro, un camarógrafo y padre soltero que se debate entre el amor de dos mujeres: Fanny (Agustina Cherri) y Natalia (Calu Rivero). Para ese rol, debió dejarse las rastas con las que se lo ve ahora y con las que marca otra constante en su carrera: las caracterizaciones furiosas.

 

–¿Creés que con tus cambios de look lograste eludir los papeles más tradicionales?

–Sí, en cierta medida sí. Aunque el personaje de ahora, Pedro, es bastante normal, con los pies sobre la tierra. Y es todo un desafío ese, eh. No es sencillo encontrarle el tono justo a un tipo tan cotidiano. Te diría que es hasta más difícil que cualquier otro. Por Pedro no pasa nada alocado, ni siquiera el humor. No hay que llevarlo a ningún límite ni situación exagerada pero a la vez no tengo que aburrir. Es un equilibrio muy delicado, muy no.

 

–Tus historias para componer personajes son muy conocidas. Para Diosito, te metiste en la Villa 31 y hasta dormiste una noche en la calle. ¿Sos un actor de método?

–Digamos que tengo mis propios métodos. Si bien estudié y conozco esa corriente (N. de la R.: El llamado Método Stanislavski), siento que fui haciendo mi propio camino, con elementos de diversas escuelas.

 

–Con Diosito fuiste a fondo. De hecho, hasta le armaste el look, con dientes postizos y pelo rubio.

–Sí, me pintó así. Si bien es un personaje que se aleja bastante de mi mundo, sí siento que puedo entender sus modos y códigos. Sé cómo habla un tipo así, cómo se comporta. En Uruguay curtí muy de cerca gente de ese palo.

 

–¿Extrañás Montevideo?

–Extraño a mi gente, a mi familia en primer lugar. Y también a mis amigos, que por suerte vienen bastante seguido a visitarme. Los recibo a todos en mi departamento. Sillón, piso, bolsa de dormir, lo que sea, pero se quedan conmigo.

 

–¿Cómo se llevan con tu fama?

–Bien, pero también es algo que les terminó pegando a ellos. Yo siempre les digo que ellos la disfrutan de la mejor forma porque tienen beneficios…

 

–¿Que serían…?

–Los regalos y, sobre todo, las invitaciones a todo tipo de eventos y lugares. Que es genial porque ahí siempre te tratan distinto, te miman. Es muy loco eso. Lo que sí he hablado mucho con mis amigos es que ahora la cosa cambió. En público, hay que cuidarse. Y lo entendieron y me re apoyan y cuidan. Son unos genios. La verdad es que solo casi no voy a eventos. No son mi fuerte.

 

–¿Te seguís sintiendo un outsider de la tele?

–Sí, pero el problema es que me voy dan- do cuenta de que ya no lo soy. Hay un conflicto fuerte ahí.

 

–¿Y cómo lo resolvés?

–No lo resuelvo. Podría hacer terapia pero no, se ve que aún no lo necesité. Supongo que no me molesta que haya conflictos en mi cabeza. Está bueno, sirven para trabajar, para motorizar cosas.

 

–¿Y qué es lo que más te choca de esa fama?

–Supongo que lo típico, la pérdida del anonimato. O que de repente me paren para pedirme una foto sin ni siquiera saber quién soy, sólo porque se supone que soy “famoso”.

 

–¿Alguna vez sufriste un contratiempo en este aspecto?

–No, pero porque soy muy sincero y respetuoso. Lo que no quita que muchísimas veces quisiera pasar totalmente inadvertido. Me gustaría, por ejemplo, ir al cine a ver una peli de superhéroes como uno más, sin tener que entrar en esa rosca de sentirme observado. Y lo loco es que antes era al revés, yo era el observador. Me la pasaba mirando a la gente, en la calle, en el subte o en el colectivo. Y eso no lo puedo hacer más. Es una pena, porque como actor me alimento muchísimo de eso, de los gestos cotidianos de tal o cual persona, de las posturas y otras cosas. Podés estudiar un montón, pero en definitiva no hay mejor escuela que la calle. Por suerte, la pateé bastante antes de hacerme conocido.

 

–Una opción para seguir haciéndolo es viajar.

–Sí, totalmente. Hace poco hice un lindo viaje- cito de mochilero a Perú, Cuzco y Machu Picchu. Fue cortito igual, no como los que hacía antes, como cuando me fui a los 20 a Brasil completamente a dedo.

 

–¿Tus viejos no se opusieron? Hoy casi nadie viaja a dedo.

–No, no se opusieron. Supongo que tampoco les hizo mucha gracia pero todo bien. ¿Ves? Ahí sí encuentro una cierta diferencia entre Montevideo y Buenos Aires: acá el miedo está un poco más instalado que allá. Recuerdo que apenas llegué me chocaba esa idea de “cuidado a tal hora”, “guarda con tal zona”. En Uruguay también te cruzás con caras raras todo el tiempo, pero no suele ser un problema.

 

–¿Sos un tipo solitario?

–Sí, bastante. He tenido mis etapas de novio pero ahora estoy muy enfocado en el trabajo.

 

–¿No estás en pareja entonces?

–No, estoy soltero.

 

–¿Te atrae la idea de ser padre o de formar una familia?

–Mmm, ¿sabés que no sé? Me intriga la paternidad pero porque no dejo de verla como una idea muy lejana, onda: ¿llegará ese día alguna vez? No lo sé. Por ahora tengo para entretener- me con mis sobrinos. ¡Y con la ficción! Fuera de broma, con Lolita [Toledo, la actriz que interpreta a su hija Lula] armamos un re lindo vínculo, incluso, antes de las grabaciones hicimos salidas juntos y la llevé a ver los ensayos de Soy Luna, tira de la que es fanática total.

 

–¿Cambió tu vida sentimental desde que te hiciste conocido? ¿Tenés más levante ahora?

–Y, más atención genero, eso seguro. Pero aún no sé bien cómo manejar esa parte tampoco. En el fondo, sigo siendo el mismo tímido de siempre.