La hija menor de Alfredo Casero pisa los escenarios junto a su padre desde los tres años. Hoy es una it girl que se destaca en las redes con impactante look y el gen de la actuación metido en la sangre.

Esperanza mía fue el programa con el que hizo su debut profesional en televisión. Hoy, a los 18, con mayor madurez y habiendo termina- do la secundaria, asegura que la actuación, en su caso, es un camino de ida. “Este es el momento en el que digo: ‘Quiero hacer esto y me quiero perfeccionar’. Antes fue algo muy orgánico, se fue dando en mi casa”, dice sobre la naturalidad con la que vivió todas las expresiones artísticas a lo largo de su crecimiento.

 

Si bien la actuación siempre estuvo presente en su recorrido, su perfil es mucho más amplio. Desde muy chiquita se sentaba a pintar junto a su madre, y la escritura fue otra de sus aliadas a temprana edad: “Siento una profunda pasión cuando escribo”, dice, y expresa sus ganas de publicar un libro de poesía: “Siempre la sentí como una manera hermosa de expresarse”.

 

El año pasado formó parte del elenco de Heidi, bienvenida a casa mientras terminaba el colegio. “Fue una experiencia muy grossa porque empecé a laburar todos los días después de clases. Hubo momentos en los que estuve muy cansada y en los que me costó mucho disfrutar de lo que tanto me gusta hacer”, cuenta.

 

Está de novia hace más de dos años con un arquitecto al que define como una persona muy especial y muy sana. En cuanto a lo profesional, mientras evalúa propuestas actorales, está trabajando en un proyecto musical para YouTube: “Me gusta muchísimo cantar, es una de las cosas que más me encienden el corazón”.

 

–Tus padres te dieron mucha libertad. ¿Eso siempre fue positivo o en algún momento te jugó en contra?

–Estuvo buenísimo porque desarrollé mi propia personalidad más allá de ellos, del colegio, de mis amigos y de todo lo que me rodeaba. Siempre escuchando realmente mi intuición. También es cierto que haberme criado en una casa tan artística me sacó un poco la inquietud de ver más allá, de ver por mí misma qué quería. Yo tenía tres años y me subía a cantar con mi papá por decisión propia, tenía armado mi sketch.

 

–¿Te acordás cuándo fue la primera vez que actuaste con tu papá?

–Desde que tengo memoria mi papá hizo teatro. Yo tenía mi momento al final del show, donde cantaba “El baile del pollito mojado”. Bailaba y cantaba mientras tocaban música clásica. Tenía tres años. Me ponía un kimono, mis sandalitas, mi carterita y me hacía unos peinados, pelucas, todo. Era mi momento, bailaba y era feliz. Cuando fui un poco más grande cantaba la canción de Betty Boop. A medida que fui creciendo me fue dando más pudor, me hacía la dormida para no subir. Crecí con ese incentivo constante de mi padre, porque él me decía: “Dale, Minerva”. Y me corregía enfrente de la gente, me decía: “No, esa no es, de vuelta. Estuvo mal”, y al público: “Perdónenla, está aprendiendo”. Cada vez que subía me enseñaba enfrente de un montón de personas.

 

“La gente suele pensar que el apellido es una llave mágica que te lleva a todos los lugares que vos quieras, pero no es así.”

 

–¿Cómo es para vos ser la menor de los tres hermanos?

–Es muy lindo. Mis dos hermanos me enseñan mucho, están muy presentes en mi vida, y muy pendientes de cuidarme y al mismo tiempo de dejarme ser. Siempre están cuando los necesito y yo sé que siempre va a ser así. Muchas veces me han preguntado si mi hermano es celoso, pero debo decir que conmigo es la persona más tranquila del mundo.

 

–¿Cómo te pega esta etapa medio sex symbol que está teniendo Nazareno?

–Me muero de risa porque mis amigas me mandan fotos de él en cuero y mi abuela me dice: “Qué lindo que es Nazareno”. Tengo una relación hermosa, cada vez mejor. Es un referente de laburo, de esfuerzo, de tener su palabra y su opinión. Tener su contención es muy importante para mí.

 

–¿El apellido abre puertas o es una carga?

–La gente suele pensar que el apellido es una llave mágica que te lleva a todos los lugares que vos quieras, pero no es así. Siempre han sido más exigentes conmigo que con otras personas. No por el apellido, sino por los genes de mi padre. Eso siempre me generó mucha exigencia.

 

 

–¿La mirada de tu padre pesa?

–Me condiciona muchísimo y siempre me condicionó. Fue mi mayor maestro cuando era chica, junto con mi mamá, que es artista. Crecí mirándolos.

–¿Cómo te afecta cuando queda envuelto en alguna pelea vinculada con la política?

–No leo sus tuits, no estoy al tanto de sus peleas. Realmente so- mos muy unidos y tenemos una relación hermosa y especial, pero al mismo tiempo, desde que soy muy chica, generamos una relación en la que nos podemos decir: “No tengo ganas de verte, estoy cansada”. Jamás tuve un día jo para ver a mi papá. Era una cosa más amistosa en ese sentido.

 

–¿Te dio miedo cuando se operó?

–Estoy en un momento en el que el miedo aparece mucho, por- que terminé el colegio y empiezo a hacer cosas que me gustan. Obviamente, me dio miedo, porque la verdad es que él no suele intervenirse nunca, va poco al médico, tiene los estudios bárbaros y es una persona supersana así como lo ves. También confío muchísimo en el universo y en que todo siempre va a estar bien.

 

–¿Cómo se da tu crecimiento en las redes sociales, este boom en Instagram?

–Empecé a trabajar en Esperanza mía y siempre fui muy de mostrar lo que hago en las redes sociales y de expresarme. De repente empecé a tener un montón de seguidores.

–Cuando leés notas en las que te tratan de it girl, ¿te sentís representada?
–Me da un montón de vergüenza. Ahora empecé a subir más fotos mías, que antes no subía tanto, y la verdad es que, quieras o no, es lo que a la gente le gusta. Siempre pongo mis dibujos también.

 

–¿En algún momento te genera angustia la inestabilidad de la carrera artística?

–Al principio es difícil. Vos pensá que el año pasado iba al colegio toda la mañana, y toda la tarde trabajaba hasta la noche. Cuando terminé, dije: “¿Qué pasa acá? Pasé de hacer ochocientas cosas por día, que no podía ni respirar, a tener tiempo y decidir a qué hora me levanto y qué quiero hacer mañana”.

 

–¿Y lo disfrutaste o te generó angustia?

–Al principio… no sé si angustia, pero fue un desconcierto. No entendía si era ahora, si era para siempre, cómo era. Después le vas agarrando la vuelta y entendés que también los momentos de ocio son muy importantes.

 

–¿Con qué soñás?

–Con ser una gran artista para poder transmitir cosas y que la gente sienta lo que quiero contar.