La industria automotriz y el mercado tecnológico viven una carrera por lograr que los vehículos sean autónomos y amigables con el medio ambiente. Aquí, un mapa de los nuevos modelos.

 

Michael Knight llamaba a KITT por medio de su reloj, t su fiel compañero acudía a su rescate. Se ponía en marcha y aparecía en escena sin que nadie estuviera al volante, le mostraba indicaciones en un mapa digital y le respondía, man- teniendo una charla. Hasta se estacionaba solo, esperando a que su amigo volviera a solicitar su presencia.

Pasaron más de 30 años de Knight Rider, aquella serie de TV en la que un auto futurista era el coprotagonista. Hoy, sin que nos hayamos dado cuenta, casi todas las funcionalidades de KITT están disponibles en los autos que nos ro- dean. Incluso modelos que se fabrican en la Argentina incluyen dispositivos que permiten a un auto arrancar remotamente, estacionar de manera autónoma, frenar cuando detectan la inminencia de un accidente o responder a comandos de voz como “Tengo hambre”, sugiriendo lugares para ir a comer.

 

¿Hacia donde va la industria? En el corto plazo apunta a la interacción auto-hombre de la misma manera que ya se logró la simbiosis celular-hombre. Es por eso que los autos más modernos se dedican, en parte, a espejar las aplicaciones que usamos a diario y llevamos en los smartphones.

 

A su vez, las marcas se han embarcado en una carrera a mediano plazo por un objetivo: la conducción autónoma.

 

Con la excusa de que de esa forma se reducirán los accidentes de tránsito y los conductores tendrán más tiempo para trabajar, leer o dormir a bordo, las automotrices están destinando presupuestos millonarios para que en 2020 los autos se conviertan en meros “transportadores”.

 

Es por eso que varias marcas están desarrollando taxis robotizados, vehículos específicos para realizar entregas a domicilio y transporte público de pasajeros (tipo “shuttles”) sin conductor.

 

Waymo es la empresa creada por Google para el desarrollo
de vehículos autónomos. Además de ensayar sobre modelos ya existentes, creó su propio city car.

 

A esta carrera se han sumado también empresas líderes de tecnología, como Google, Intel, Nvidia, Apple y Microso . Cada una, con desarrollos propios o formando parte de las iniciativas de otros, busca quedar en la historia auto- motriz como la pionera o la más innovadora. No por nada los adelantos más importantes ya no se presentan (sólo) en salones del automóvil, como el de París o el de Frankfurt, sino en ferias de tecnología, como el Consumer Electronics Show de Las Vegas.

GM ensaya la tecnología autónoma en las calles de Detroit, aplicada sobre el Chevrolet Bolt EV (eléctrico).

¿Manejar dejará de ser una experiencia en sí misma? En gran parte, sí. Como suele suceder ante el avance de la tecnología, los puristas se resistirán mientras que las nuevas generaciones, con los millennials a la cabeza, abrazarán esta nueva posibilidad. Probablemente, la transición sea gradual y exista una convivencia que se perpetúe por siempre, aunque nadie se anima a afirmarlo.

El Ford Mondeo Hybrid re eja elmente lo que pueden ser los autos en el corto plazo: autónomos, limpios y estéticamente similares a los que hay actualmente.

 

Pero no hay que hablar en futuro sino en presente, porque los primeros prototipos de autos y camiones autónomos ya están recorriendo las rutas de diferentes países, acumulando miles de kilómetros y terabytes de información. ¿Cómo funcionan? En muchos casos son vehículos similares a los que hay actualmente en el mercado, equipados con múltiples sensores y cámaras que permiten que tenga una visión de su entorno Estos “ojos” consiguen seguir las indicaciones del camino (señales viales y líneas de la traza) y mantenerse alerta ante el tránsito, actuando en consecuencia (el tráfico, el cruce de un peatón, etcétera), cambiando la dirección, frenando, esquivando. A su vez, el uso combinado de tecnología permitirá que busque un lugar para estacionar o un puesto cercando donde reabastecerse.

La inteligencia artificial, dada por un enriquecimiento permanente en estas largas jornadas de pruebas, hará que los autos tomen la decisión más adecuada en cuestión de milésimas de segundo y compartan la información en la nube para que otros vehículos similares la aprovechen (por ejemplo, si detecta un accidente), estableciendo un diálogo entre ellos.

 

Cuesta creer que una computadora decida antes y mejor que el cerebro de un humano. Lo cierto es que actualmente ya estamos dejando en manos de sensores buena parte de nuestra integridad física, por ejemplo, en los autos con Programa Electrónico de Estabilidad (ESP), que evita la pérdida de control ante una maniobra brusca o errónea de quien está al volante.

 

La otra gran competencia en la que se ha embarcado la industria automotriz es la de las energías alternativas al petróleo. Y acá no hay un camino único sino que cada cual está experimentando soluciones, como son la electrificación total, la tecnología híbrida (un motor a combustión y uno eléctrico), el uso de pila de hidrógeno y otras tantas.

 

Está probado que, algún día, el petróleo se agotará y que los motores que funcionan con sus derivados (na a y diesel) han generado gran parte de los gases de efecto invernadero. Es por eso que, con la (buena) excusa de contribuir al medio ambiente, no hay marca que no esté trabajando en sus vehículos “verdes”. Muchas de ellas ya los ofrecen y a un precio accesible, aunque la autonomía sigue siendo un punto débil a mejorar.

 

En ciudades como las de Europa, donde las distancias son cortas y el espacio no abunda, está claro que la tendencia irá por el lado de city cars eléctricos. Sin embargo, no es una solución aplicable para cubrir distancias largas y con menor infraestructura para recargas como las de países como la Argentina; suena más lógico contar, al menos en la transición, con vehículos híbridos que aseguran autonomías combinadas mayores a los 1.000 km.

 

¿Volarán los autos? En la década de 1960, con la carrera aeroespacial en auge, no eran pocos lo que apostaban por que en 2017 todos manejaríamos nuestros autos voladores. El tiempo demostró que no es algo tan práctico ni simple de fabricar en serie, aunque ya hay empresas buscando imponer sus desarrollos.

 

En síntesis, es altamente probable que los autos del futuro sean totalmente silenciosos, no generen residuos contaminantes, se manejen solos y tengan un diseño “raro” pensados desde adentro hacia afuera, con una gran habitabilidad enfocada en generar espacios de relax y trabajo. Viajar chateando, afeitándose, maquillándose o viendo una película podría ser lo habitual en pocos años más, aunque algunos preferirán seguir pisando el acelerador, escuchando el ronroneo de su motor y poniendo su vista en el camino