Nueva York fue marco y testigo del lanzamiento más importante del año en materia de smartphones. Allí viajamos junto a Samsung para la presentación de los nuevos Galaxy S8 y S8+.

 

La mañana fría y soleada de marzo en el Lincoln Center de Nueva York se presentaba como un marco perfecto para el lanzamiento mundial más esperado en materia de smartphones. Periodistas e influenciadores de todo el mundo, entre los que nos encontrábamos un selecto grupo de argentinos especializados en tecnología y lifestyle, esperábamos en la puerta del emblemático establecimiento haciendo la entre colegas asiáticos, europeos y estadounidenses para sortear las estrictas medidas de seguridad y el selecto sistema de acreditación. Sólo unos pocos estábamos en la codiciada lista para ser los primeros testigos de la llegada del esperado Samsung Galaxy S8, un smartphone que vino a elevar la vara en materia de celulares y puso a sus competidores un peldaño más abajo en la vertiginosa carrera por ofrecer lo último en tecnología celular. El último smartphone de la compañía surcoreana, diferente a todo lo antes conocido en materia de diseño y prestaciones, es- taba a punto de ver la luz frente al mundo entero.

 

Una vez dentro del centro de convenciones, una enorme pantalla nos dio la bienvenida de la mano de los directivos mundiales de la compañía, que dieron a conocer las asombrosas prestaciones del nuevo modelo: el tamaño y su pantalla, las dos características que más sorprenden a primera vista.

La pantalla Infinity (que ocupa el largo y el ancho del celular) y el diseño sin bisel del Galaxy S8, de 5,8 pulgadas, y el Galaxy S8+, de 6,2 pulgadas, forman una superficie lisa y continua sin botones ni ángulos agresivos. Este diseño conforma la famosa Infinity Display, que proporciona un aparato más chico con una pantalla más grande y otorga una ventaja de vanguardia diferencial frente a sus competidores. Y aquí viene el gran dato: los modelos plus de otras marcas tienen el gran defecto de no poder ser manipulados con una sola mano por su enorme tamaño, mientras que el Galaxy S8 permite una cómoda operación con una sola mano y posee Corning Gorilla Glass 5 en las partes delantera y trasera, para una mayor durabilidad y resistencia ante los golpes.

 

 

Otra gran ventaja es la cámara, que logra imágenes más nítidas y luminosas que otros modelos de su categoría. Cámara frontal de 8Mp y una cámara principal dual pixel de 12Mp con autofoco, estabilizador óptico y un mejor procesador de imágenes, lo que permite mejores fotos en condiciones de baja luminosidad. Procesador de ocho núcleos, almacenamiento interno de 64 GB y 4GB de memoria RAM son otras de sus características.

 

Una novedad es el accesorio DeX, una base para cargar el teléfono que incluye conectores USB, Ethernet y una salida HDMI, más un ventilador para refrigerarlo. La base permite usar el equipo como una computadora de escritorio: al conectarlo a la base, cambia su diseño a una versión de Android con un escritorio tradicional y soporte para teclado y mouse. Así, las aplicaciones se ven en ventanas movibles, menús contextuales para el mouse y una versión de escritorio del navegador sin precedentes.

 

Dos ítems que realmente sorprendieron durante la presentación fueron su resistencia al agua y al polvo y una selección de tecnologías biométricas, que incluye escáner de huellas dactilares, escáner de iris y reconocimiento facial para garantizar una autenticación biométrica única en el mercado.

 

Finalizada la presentación, compartimos un almuerzo típicamente estadounidense con la comitiva de medios argentinos, y bien entrada la tarde presenciamos una de las acciones de marketing más impresionantes que jamás hayamos visto: en Times Square, el corazón del mundo, las emblemáticas pantallas que rodean aquella plaza de cemento proyectaron, todas a la vez y durante un largo rato, gigatescas imágenes con el recién lanzado Samsung Galaxy S8 en todo su esplendor.

Así, la ciudad se vio teñida de Samsung, y el mundo entero supo que el celular más importante del planeta ya estaba entre nosotros.