A los 27 años, la actriz del momento ha recorrido un largo camino desde su irrupción como estrella teen. Imagen de Chanel e ícono de la diversidad, su idilio con la prensa incluye desde romances mediáticos hasta un entredicho tuitero con el presidente de los Estados Unidos.

 

Los flashes resplandecen sobre la platinada cabeza rapada de una mujer que bien podría haber escapado de Mad Max. La chica no viste como princesa sino como amazona, y el jumper de tweed metalizado Chanel es su armadura. Debajo asoma la piel desnuda, apenas cubierta por un top que simula una venda. En la función de 120 battements par minute –el filme sobre la lucha contra el sida dirigido por Robin Campillo y protagonizado por el argentino Nahuel Pérez Biscayart que finalmente ganará el Gran Premio del Jurado en el último Festival de Cannes– todo es militancia. Se trata, justamente, de correr la venda que aún hoy ensombrece temas incómodos. Y nuestra chica lo sabe.

 

Posa, sonríe con sus rasgos duros de tomboy y marca posición con su estilo. Descubrió hace rato que la moda nunca es inocente. Kristen Stewart sube las escalinatas usando sus renegados stilettos, y los fotógrafos enloquecen, hambrientos como lobos.

 

 

El día siguiente la encontrará enfundada en un chaleco escotadísimo de Aritzia junto a diminutos shorts firmados por Rag & Bone, sandalias sado cuyas tiras recorren las piernas de principio a n y una cadena con candado igualita a la que usaba Sid Vicious. Kristen conoce el mecanismo para tenerlos hablando a todos.

 

Mientras mantiene imantada a la prensa, presenta en Cannes su primer cortometraje como directora, Come Swim, la historia experimental y perturbadora de un hombre que sólo logra saciar una sed infinita cuando su cuerpo llega al fondo del océano. La banda de sonido, chirriante y losa, pertenece a la DJ St. Vincent, ex pareja de Stewart. Aunque no lo confiesen, los críticos morirían por chismear intimidades, pero se limitan a elogiar el corto y hasta se permiten arriesgar referencias a la obra de David Cronenberg. En ese sentido, nadie sabe más de mutaciones que ella: su actitud es el mensaje. Fue la primera en enfrentarse al código de vestimenta del festival, que pregonaba el uso de tacos y de gala para la red carpet, declarando a e Hollywood Reporter: “Si voy con un amigo, ¿a él también van a exigirle tacones y vestido? De ser así me parece bien; si no, las reglas no son iguales para todos. Las diferencias a esta altura de la sociedad son inadmisibles. Uso tacos porque quiero, cuando y donde se me da la gana”. La timidez no es lo suyo y lo establecido tampoco.

 

Pero no siempre fue así. Para llegar a ser la gran actriz de su generación, imagen de Chanel e ícono de la diversidad pasó mucha agua bajo el puente y un gran río de tinta bajo el closet.

 

Stewart logró lo que pocas consiguen: crecer frente a las cámaras, ser ídolo adolescente, protagonizar una franquicia millonaria, reconvertirse en actriz prestigiosa y sobrevivir para contarlo. Cuando a los doce años David Fincher la eligió para protagonizar a la hija diabética de Jodie Foster en La habitación del pánico supo ver una potencia dramática casi tan subterránea como la sexualidad escondida en aquel cuarto repleto de alarmas.

 

Justamente, todas las sirenas sonaron cuando fue elegida para protagonizar la saga Crepúsculo y salió a la luz un muy conveniente romance con su coprotagonista, Robert Pattinson. El marketing había clavado los colmillos en la dulce Bella, pero su amor imposible con un vampiro le traería más de una sorpresa al sistema. Después de ralentar su carrera en el prestigio y proyectarla hacia el cheque, empezaron las tapas de revistas compartidas y un montaje publicitario feroz.

 

Tiempo más tarde, Kristen recordaría esa época como “un insomnio perpetuo”. “No lograba dormir, me carcomía la ansiedad de no saber quién quería ser ni hacia dónde iba. Tuve ataques de pánico y sólo pensaba en aislarme. Lo superé cuando entendí que no hay una respuesta dfinitiva a las preguntas existenciales, hay que vivir y no dejar que la ansiedad te paralice”, confesaba. También revelaría que su romance con Pattinson “fue un producto asociado al entretenimiento” y recordaría la obsesión tuitera de Donald Trump, quien ante la famosa infidelidad de Stewart con su director de Blancanieves y el cazador, Rupert Sanders, le recomendó al bueno de Robert Pattinson: “No vuelvas con ella, te engañó como a un perro y lo volverá a hacer. Podés aspirar a algo mejor”.

 

Años más tarde, Stewart le respondería en Saturday Night Live con su letal frase: “Trump, usted sabe… ¡soy tan gay!”. La angustia se había ido al abrirse la puerta del armario.

 

Y por ella entraron la productora Alice Carlige, Lynn Gunn –guitarrista y frontgirl de la banda PVRIS–, la cantante SoKo, la DJ St. Vincent y la modelo Stella Maxwell, su actual pareja, junto a la cual se la vio secreteando entre la multitud durante el festival de Coachella. La nueva Kristen ya no necesita esconderse. El año pasado declaró a e Guardian: “Si ocultara que me gustan las mujeres sería como estar avergonzada. Abrí mi vida. Todos somos parte de un cambio social donde ya no será importante definirte como hétero, gay o lo que sea”.

 

“Si ocultara que me gustan las mujeres sería como estar avergonzada. Abrí mi vida. Todos somos parte de un cambio social donde ya no será importante definirte como hétero, gay o lo que sea.”

 

Su imagen mutó con ella, atrás quedaron las largas melenas sobre blusas para señoritas. Guiada por su vestuarista, Tara Swennen, aprendió cómo lograr que la ropa hablara de sus personajes. Stewart es, junto con Rooney Mara, de las actrices que mejor defienden sus papeles en la red carpet. Para el estreno de Personal Shopper decidió vestirse de blanco, etérea y pura como un ánima glam. El filme dirigido por Olivier Assayas, que pudo verse en nuestros cines recientemente, cuenta una historia sobrenatural ambientada en el mundo de la moda, donde la personal shopper del título es acosada y atraída por lo que podría ser el espíritu de su hermano muerto. Assayas y la moda, ambos con sus propios fantasmas, parecen guiar los pasos que sigue la carrera de Stewart.

 

Si bien sus actuaciones en The Runaways, Adventureland, Hacia rutas salvajes y En el camino habían revelado un cambio de rumbo en su carrera, fueron Assayas y su película quienes la legitimaron como actriz. El retrato silencioso y sutil de la asistente que vive consagrada a satisfacer las necesidades para una estrella madura, interpretada por Juliette Binoche, le robó toda la atención a su protagonista. Fue su consagración como la primera actriz estadounidense en ganar un premio César y de allí en más pasaron a codiciarla desde Woody Allen hasta la reina del cine independiente, Kelly Reichardt, para los que protagonizó Café Society y Certain Women.

 

Su rebeldía puso a rugir el vestidito negro de Chanel. Musa por excelencia de Karl Lagerfeld, por estos días hipnotiza en un video donde es poseída por el fantasma de Gabrielle, verdadero nombre de Coco. En el aviso de la nueva cartera que lleva ese nombre, se la ve rebotando salvajemente por las paredes, iluminada por una luz que viene desde un más allá donde Coco sigue siendo la mujer que abofeteó lo establecido.

 

El pasado y el futuro volverán a unir- se en septiembre, cuando sea el rostro de Gabrielle Chanel, nueva fragancia de la casa. Anna Wintour no le habrá dado tapa en su Vogue pero Kristen Stewart sabe ponerles la tapa a todos.