La chica del momento protagoniza la tira más vista del prime time, cultiva un perfil bajísimo, nunca tuvo romances famosos, es sexy pero delicada y jamás se le conoció una pelea o escándalo mediático. Secretos y confesiones de una actriz que llegó a la cima casi sin quererlo.

En la opulenta suite ubicada en el sexto piso del Alvear Palace, un equipo de diez personas espera la llegada de Justina Bustos mientras abajo, en el lobby del hotel de Recoleta, una comitiva de alemanes de pelo rapado y estricto traje oscuro hablan y gesticulan en una lengua para nosotros incomprensible mientras se preparan para la llegada de Angela Merkel, alojada ahí mismo, casualmente esa noche. Son las seis de la tarde y Justina queda atrapada en el tráfico, entre avenidas cortadas y operativos que velan por la seguridad de una de las mujeres más poderosas del mundo. Viene de Pol-ka, de grabar durante todo el día Las estrellas, aunque su voz, al otro lado del teléfono, no trans- mite cansancio sino preocupación por no demorar al equipo. Cuando llega al hotel, cruza la elegante recepción y los alemanes quedan estupefactos con su presencia: Justina, siempre tranquila, chiquita, casi frágil, tiene el poder de hacer que cualquier hombre que se la cruce detenga su mirada en ella y se pregunte: “¿Quién es esa chica?”.

 

“Decidí venir a vivir sola a Buenos Aires teniendo a toda mi familia en Córdoba y pudiendo darme una vida de princesa. Me fui de esa comodidad porque justamente no me sentía bien en ese lugar.”

 

Justina Bustos, 28 años, actriz desde hace diez, en feliz convivencia y muy de novia con el guapísimo trader Mariano Bustillo, bailarina de tap, it girl por naturaleza, la preferida de las marcas más sofisticadas y reina de las tapas de revista sin romances escandalosos de por medio ni linaje familiar artístico. ¿Cómo lo hizo? “Decidí venir a vivir sola a Buenos Aires teniendo a toda mi familia en Córdoba y pudiendo darme una vida de princesa. Me fui de esa comodidad porque justamente no me sentía bien en ese lugar”, dispara la nueva niña mimada de la televisión. En Unquillo, un pueblo cercano a la capital cordobesa, Justina se crió entre algodones con una familia que si bien siempre fue muy tradicional, apoyó cada uno de sus pasos en el mundo de la actuación. “Cuando tenía seis años nos fuimos de vacaciones a un all inclusive en Itaparica, Brasil. Mis viejos me depositaban a la tarde en una escuelita y ahí había clases de actuación. Para mí fue todo un descubrimiento, estaba fascinada. Encontré muchas cosas que nunca había hecho. Me acuerdo de que hicimos Grease y yo era Olivia Newton-John, tenía un vestuario increíble, mucha producción. A partir de esa experiencia le insistía todo el tiempo a mi mamá para que me traiga a castings en Buenos Aires, y ella me explicaba que no iban a movilizar a toda la familia por eso, así que nunca se daba. Yo igualmente empecé a armar mis propias obras de teatro para mis tíos y amigos, les cobraba entrada y todo. A los 17 años terminé el colegio y manteniendo mi convicción me vine a Buenos Aires. A partir de eso la vida fue castings y más castings, laburos cortos, pelearla y hacer la plancha cuando no había nada.

 

–¿Adoptaste a Buenos Aires como tu nuevo lugar en el mundo?

–Hace 11 años que vivo en Buenos Aires y me encanta esta ciudad, pero Córdoba será siempre mi refugio.

 

–¿Cómo manejaste la frustración en esos momentos en los que nadie te llamaba?

–Las veces que me dijeron que no (que fueron miles), hice más fuerte mi armadura, me agarraba de eso para seguir luchando todavía más. La clave para trabajar, en mi caso, fue siempre estar en movimiento, ir a todos los castings, tomar muchas clases, ir conociendo gente. Nunca quedarte esperando a que te llamen.

 

 

Esa conducta, sumada a su talento, su belleza, su convicción y perseverancia, hizo que en 2015 Justina se convirtiera en una de las revelaciones de aquel año en que comenzó a ser tapa de revista –así, de la nada–, a ser una de las más requeridas en los lanzamientos de marcas y a transitar uno tras otro diferentes papeles: fue la musa de Gael García Bernal en el corto Madly, sorprendió en el cine indie con su papel en la aclamada Vóley, incursionó en la TV de aire como novia del Chino Darín en la premiada Historia de un clan y protagonizó junto a Cecilia Roth la película de producción española-uruguaya Migas de pan, en donde interpretó a una joven perseguida por la dictadura militar. Hoy, luego de andar un camino pausado pero en constante ascenso, le llegó el protagonismo en el prime time de Canal 13 junto a Las estrellas, la tira en boga que cosecha elogios en la crítica y cada noche suma adeptos entre el público, liderando ampliamente el rating en el horario más competitivo de la tele de aire.

–¿Cómo te está tratando el éxito de Las estrellas?

–Es una alegría. No soy muy consciente de lo que está sucediendo con el programa, nunca le pondría presión a algo porque está funcionando, hay que fluir con lo que está pasando. Es muy lindo sentir el cariño de la gente.

 

–¿Cambió en algo tu rutina y el bajo per l que te gusta cultivar?

– Mi vida cotidiana sigue igual. Saludo a más personas por la calle, ¡pero por suerte nada cambió!

 

–¿Qué te provoca verte en las tapas de todas las revistas cuando hasta hace poco pasabas inadvertida?

–Me acuerdo puntualmente de la revista ¡Hola!, cuando me pusieron en tapa me dio mucha impresión, porque no me lo esperaba. No sabía que iba a ser tapa y cuando lo vi me incomodó, no de mala manera, simplemente me generó algo raro, una sensación muy extraña. No por la revista, a la que le estoy muy agradecida, sino por mí, que soy muy tranquila y perfil bajo. Nunca fui de decir “llegué” ni le quiero poner tanto peso a lo mediático. Yo me dedico a trabajar, y si hago una tapa miro cómo quedó, veo si me gusta y después me olvido del tema.

 

“Estar en este rodaje con tantas mujeres me hace conectar con mi parte barco que salió con un gran arranque.”

 

–Contanos de tu personaje en Las estrellas y tu relación con el resto del elenco. ¿Cómo es la dinámica entre cinco actrices en el candelero?

–Miranda es un personaje que me interesó desde el principio. Siempre es un desafío encarar un personaje. En cuanto al elenco de Las estrellas, tenemos una relación de compañerismo y respeto entre todas. Que el rodaje sea con tantas mujeres me hace estar constantemente en contacto con mi parte femenina. Pasa algo muy interesante cuando las mujeres conectamos. Hay una hermandad, todas queremos lo mismo, pasarla de la mejor manera posible, haciendo lo que nos gusta, sostener este barco que salió con un gran arranque.

 

–¿Cuál es tu cable a tierra?

–Mis clases de biomecánica y tap, mis libros, mi familia, hablar con mi profesora de teatro. El baile es mi cable a tierra. Tap siempre fue algo pendiente: me compré los zapatos a mis 21 años pero quedaron en mi placard por seis años, hasta que el año pasado, cuando estaba sin trabajo, los agarré y comencé a to- mar dos clases por semana. Ahora con las grabaciones, cuando tengo un tiempo libre, lo practico. También practico la biomecánica con mi maestra Sue Sue, y hago clásico en We Ballet Fitness.

 

–¿Qué proyectos tenés a futuro?

–El estreno de Los que aman, odian. Esa película es un tesoro escondido que se va poder ver en septiembre. Fue un sueño cumplido, soy una apasionada del universo de Silvina Ocampo, amante de los años 40 y del mar. Todo eso está en la película, más un elenco que me enseñó todos los días: Luisana Lopilato, Guillermo Franchella, Juan Minujín y la brillante Marilú Marini, bajo la dirección de Alejandro Massi, un director que nunca voy a olvidar.

 

Agradecimiento especial: Alvear Palace Hotel Buenos Aires Luxury 5 stars

Hotel Styling: Trinidad Fecchino

Pelo: Zacarías Güemes para Estudio H

Make Up: Natali Rensin para Estudio Novillo con productos Yves Saint Laurent

Agradecimientos: Julio Toledo / Mishka / Boycapel Vintage / Adrián Brown