Hijo del genial dramaturgo Mauricio Kartun, fue uno de los niños prodigios del mítico Magazine For Fai. Hace radio, teatro y es la voz principal de El Kuelgue. Creador de Cualca junto con Malena Pichot, se desdobla en un nutrido elenco de personajes, pero Caro Pardíaco es, sin duda, su criatura más adorable.

 

Es el cantante de El Kuelgue y nombra a la banda en la mitad de sus respuestas. Definitivamente, es su tesoro más preciado. Sin embargo, el tatuaje más visible de Julián Kartun es el de un televisor Noblex, de esos en blanco y negro. “Esta tele estaba en mi casa, me educó. Me encantaba, me pasaba horas y horas mirando esa tele. Yo era el control remoto porque cambiaba el canal con la perilla. Me encanta la tele como medio de comunicación. Ahora está totalmente destruida, está rota hace rato, pero me encanta igual, sigue viva.”

 

De no haber sido por un dolor de garganta, Julián estaría ensayando un miércoles a la tarde, preparando los singles que van a salir en noviembre, preparándose para un recital en París.

 

“ME ALEGRA QUE CARO TENGA TANTA EXPOSICIÓN. ES MUY INOCENTE, NO TIENE MALDAD, SIMPLEMENTE FUE EDUCADA EN UN LUGAR DISTINTO AL MÍO. NO ME ASUSTA QUE ELLA SEA FAMOSA”

 

–Siempre decís que El Kuelgue es un grupo de amigos que se juntan a pasarla bien. ¿Sigue siendo así?

–Sí, con el tiempo se fue profesionalizando, sumamos productores, iluminadores y sonidistas, pero siempre lo importante es mantener esa cosa grupal de cagarnos de risa. Ya hace 13 años que estamos jun- tos, y al principio hubo mucha batalla, fue algo que generamos nosotros y durante muchos años me ayudó a saldar esa cosa artística, canalizaba ahí el deseo de actuar. Es muy terrible el actor sin laburo, uno se desespera, pensás que no te llaman, que no entrás en ningún rol.

 

–Cuando hacías Absolutamente comprometidos en teatro interpretabas a más de 30 personajes. ¿Cómo terminabas después de cada función?

–La verdad es que un día antes ya tenía que estar muy bien alimentado, muy bien dormido. Ese mismo día no me podía ir a la pileta o a comer un asado, ya tenía que estar mentalizado. Al principio fue el infierno, pero hubo un punto en el que me empecé a apropiar de la obra, cuando la memoria del cuerpo empezó a hacerlo naturalmente fue mucho más tranquilo. Y después de la función necesitaba un bife de chorizo o un buen plato de pastas porque dejaba todo física y mentalmente, era un desgaste increíble. Hubo una época en que los viernes hacía función de Caro Pardíaco, después esta obra y los sábados tenía fecha con El Kuelgue. Por eso ahora no estoy haciendo teatro.

 

–¿En qué momento te diste cuenta de que podías entrar y salir de tantos personajes?

–Jugando. Por ahí lo hacía con mi familia en el auto o se lo hacía a mis amigos en la secundaria, imitaba a los profesores…

 

–Era “la gracia de Julián” que tus viejos promocionaban en una reunión familiar.

–Exacto. Pensá que en las reuniones familiares eran todos del teatro (N. de la R.: Es hijo del dramaturgo y director Mauricio Kartun y de la actriz Mónica Estévez). En mi casa eran muy histriónicos todos: se actuaba, se bailaba, se cantaba. Yo, por ejemplo, nunca estudié canto; canto porque me nació una necesidad y de curioso. La curiosidad te lleva a ciertos lugares que desconocés, y ahora con internet podés darle a fondo a un tema como autodidacta.

 

–Hace unos días, uno de los cofundadores de Twitter dijo: “Rompimos inter- net”. Fue en relación a que en Facebook se ven suicidios en vivo, te muestran cómo se hace una bomba, en Twitter la gente se agrede. ¿Ves ese lado negativo?

–Y sí. Las redes sociales ya se convirtieron cada una en un ejemplo de algo malo. Lo que pasa con Twitter también es interesante, se fue transformando en cierto sentido en un nido de ratas donde mucha gente va a vomitar su odio. Lo mismo pasa en YouTube, en los comentarios de cualquier video ves que se están peleando entre argentinos, peruanos y brasileños. Si tenés el celular al lado de la cama, cuando te despertás, lo agarrás y abrís una red social, lo primero que ves es algo horrible, eso ya te contagia una energía fea. Ahora con mi novia decidimos dejar los celulares en el living. ¿Para qué te puede servir el celular a la mañana? ¿Para despertarte? Listo, me compré un despertador. Pasa eso, es una red de información tan veloz y sin filtro que te puede llegar a dañar, a hacer mal.

–¿Lo positivo sigue siendo más?

–Creo que tiene que ver con la curiosidad. Hay pibes de 5 años que manejan una tablet a la perfección, quizás a los 8 les interesa la silla de machimbre y van a acceder a todo el abanico de información para hacer la mejor. Pasa lo mismo con el arte: si te interesa el baile, por ejemplo, tenés lo que se te ocurra sobre los mejores bailarines del mundo.

 

–Sin embargo, fui hace poco a un espectáculo con música y acrobacias y el público no respondía mucho al pedido de aplausos de los artistas en determinados momentos. Pensé que sería una audiencia fría pero después noté que era porque estaban con las manos ocupadas por los celulares.

–Sí, es terrible eso. Como artista ves que se pierden el show porque lo están filmando, es ridículo porque nunca más lo van a ver, es para la red social del momento.

 

–¿Coincidimos entonces en que está todo un poco roto?

–Sí, bastante roto, puede ser. Está en constante transición y justo en este momento está en un momento medio choto.

 

–Te escuché hablar positivamente de la piratería, acerca de los beneficios de poder subir a YouTube un capítulo de una serie en la que trabajás. ¿Te sigue resultando beneficioso o ahora va en contra de tu trabajo?

–No, no. Yo soy de la generación a la que la piratería le dio todo. Desde Napster, que me dio acceso a toda la música que yo siempre quise. Hoy en día con The Pirate Bay me bajo la peli que quiero ver del mundo. Me parece maravilloso.

 

–¿No te perjudica? Vos tenés que vender un disco.

–No. La industria de la música cambió tanto que ya no se venden discos.

 

–¿Se compran temas online?

–Sí, pero tampoco es un mercado millonario.

 

–¿Entonces de qué vive un músico?

–De los shows en vivo. Y nosotros lo que hacemos es eso, algo performático para que la gente pague una entrada para venir a vernos. Y sí, si quiere comprar el disco o merchandising, en el show lo consigue, pero la potencia de la música tiene que ver con el show en vivo.

 

–Caro Pardíaco es uno de tus personajes más conocidos. ¿No te da miedo que se apropie un poco de vos?

–No, no que se apropie de mí, pero sí tengo claro que es más importante que yo, tiene más seguidores en Twitter y muchas veces me llaman más para hacer fotos con ella que conmigo. No me jode para nada, me alegra que ella tenga tanta exposición. Es muy inocente, no tiene maldad, simplemente fue educada en un lugar distinto al mío. No me asusta que ella sea famosa.

 

–¿Siempre hablás de “ella”?

–Sí, para mí es una persona aparte porque tiene su forma de pensar. En los shows de la Siranush había un momento de preguntas para Caro y las preguntas que le hacen yo no tengo que pensarlas como si fuera Caro, ella tiene su forma de pensar y actúa con base en su forma de ser. Ya le encontré todo su mundo, su pasado, sus amigos, sus padres, tiene vida propia.

 

–¿Hacés terapia? ¿Canalizás lo que pasa dentro de tu cabeza de otra manera que no sea a través de la música o de tus personajes?

–En este momento no. Pero siempre El Kuelgue para mí fue una hermosa terapia, es una necesidad artística que tengo de entrar en esa cosa medio mística, de improvisación. Me resulta cien por ciento terapéutico.

 

Producción: Gimena Bugallo

Agradecimientos: Bolivia, Terán, @lovelyritaropa, Hotel Casa Sur Palermo