El hombre que se apropió de la tecnología para convertirla en los vestidos más deseados habla de su relación con las redes, del nuevo paradigma femenino, de la revolución tecno y del regreso de Twin Peaks.

 

Tu estilo es como la nueva Blade Runner: combina a la perfección lo futurista y lo retro. ¿Cómo hacés para amalgamar el pasado con lo que vendrá en esta era tecnológica?

–Es así, en ese cruce está mi estilo. Lo retro define la silueta, yo diseño ropa para una mujer orgullosa de su feminidad cuyo cuerpo responde a una estética en la que me gusta referenciarme, la de los años 40 y 50, por eso se ven ciertos rasgos exagerados de la época. Respecto a la proyección futurista, mi relación con la tecnología quizá no es algo que está tan intrincado en la conceptualización de la costura. Mis prendas tienen un aspecto industrializado pero sobre todo un trabajo manual que hace a cada objeto único y diferenciado.

–Si bien vos venís con esta búsqueda desde hace rato, el año pasado la gala del MET “ManusxMachina” puso de relieve la tecnología y el artesanado. Desde entonces medio mundo salió a cortar remeras con regla para proclamar “Mi colección es tecnológica”. ¿Creés que lo tecno a veces es una pose para vender?

–Creo que más allá de cualquier estrategia estamos inmersos en la tecnología; es inevitable, todo pasa por ahí. Desde mirar fotos hasta leer los diarios online o descargar una serie, el mundo es digital y eso ha provocado un gran cambio en nuestro modo de vivir y comunicarnos. No solo han mutado los usos y las costumbres sino también la estética. En la gala del MET fue interesante ver cómo muchos se sentían forzados a usar cosas que no eran para ellos porque “había que ser tecno”. No creo que pase por ahí, ni siquiera sé si eso puede llamarse moda. Hay que apropiarse de la tecnología para ponerla al servicio de la moda. Me gusta salir de lo obvio en el diseño convencional y lanzarme a un proceso que empieza en la computadora con un programa ajeno a la moda. Ese sentimiento de lo inusual junto a lo usable se convierte en un lenguaje único. Si no, la tecnología sólo produce repetición en vez de estilo.

 

“Hoy marketing y vestimenta están íntimamente unidos y es inevitable pensar en cómo se verá lo que creaste en las redes. Igualmente, para mí, primero viene el diseño y después el marketing. Pienso, luego muestro.”

 

–Hablando de repetición, cuando una prenda se sube a las redes suele comenzar un proceso de copia pop que sería la envidia de Andy Warhol. ¿Qué pensás de las constantes “referencias” que circulan por la web y cómo manejás ese tema?

–Creo que tanto el diseño y los consumidores a nivel global vivimos apresurados y agobiados por la cantidad de información digital. Está eso y también la copia literal. La moda tiene sus propios movimientos, como el cine o el arte, cierta mirada contemporánea a la que es imposible escaparle. Hay algo del orden de “lo que se usa” en cada momento, la diferencia está en darle una interpretación personal. Hoy marketing y vestimenta están íntimamente unidos y es inevitable pensar en cómo se verá en las redes lo que creaste. Igualmente, para mí, primero viene el diseño y después el marketing. Pienso, luego muestro. Si te dejás abrumar por la velocidad de tener lo que el otro posee perdés tu esencia. No todo puede ser tendencia.

 

–Cuando éramos chicos, el futuro en las películas estaba plagado de robots. Las grandes firmas de alta costura parecen manejadas por un Gran Hermano que controla el estilo mundial. ¿Cómo se hace para rebelarse y decir “Cuando usen esto sabrán que es un Zitta”?

–Hay que construir un estilo y mantenerlo a través del tiempo. Es un camino más lento el de no dejarse apretujar por el marketing, pero también más genuino. Yo cultivo mis propias repeticiones sin que el cliente las lea a simple vista. Encontrar la identidad es el capítulo más acuciante cuando te formás en el diseño. Apropiarte de tu lenguaje, saber qué vas a representar y qué vas a hacer. Yo me defino como un diseñador que trabaja con regla, con cierta tendencia al maximalismo y a resaltar volúmenes con calados, plisados o superposiciones. También uso materiales que no provienen del universo de la alta costura y que son trasladados de una forma armónica hacia la prenda. La tecnología no debe invadir la silueta porque el cuerpo tiene que disfrutar de cierta comodidad.

 

–Traés el tema de la silueta. En Instagram uno siempre ve cuerpos bellos y gente iluminada como santos en estampitas. ¿Cómo se hace para vestir una silueta real? ¿Se inventó la tecnología para eso o sólo nos queda la ficción instagrameada?

–Hay dos cosas fundamentales, una es aplicable al diseñador y otra a la clienta. El diseñador tiene que asesorar sobre qué es adaptable y qué no; en cuanto a la clienta, lo más importante es su personalidad. Es muy tilingo pensar que uno hace su colección enfocado en clientas equis, hay que romper con el mito de que sólo las acas son elegantes. Mirá el caso de Adele, una mujer talle 56 que siempre está regia, divina y bien vestida. Tiene un estilo muy depurado, con una estética fuerte y femenina. Su aura llega antes que la vestimenta y eso funciona. El cuerpo manda a la prenda y no al revés.

 

–Las mujeres nos estamos adueñando de nuestro cuerpo. ¿La moda traduce lo que dice la sociedad?

–La moda refleja los movimientos sociales. Si la tendencia es muy fashionista, exitista e instantánea sigue a la película o la serie que se estrenó el mes pasado. Pero la moda también refleja el mundo convulsionado en el que vivimos, por eso la gente está eligiendo un modo más relajado de vestir y más consciente de los procesos de producción. Importa quién y bajo qué condiciones hizo tu ropa, eso repercute en el consumo, lo mismo que la preocupación por la ecología. El futuro está orientado a conservar y conservarse. Creo que la gente comprará menos y mejor, las redes han ayudado mucho a difundir una moda más sustentable. Curiosamente, toda esta forma tan rápida de vivir “lo quiero, lo tengo, lo uso, lo tiro” está trayendo un efecto de rechazo a lo efímero. La sociedad está comenzando a refugiarse en rescatar lo perdurable.

 

–Hablando de perdurar, después de 25 años volvió Twin Peaks, todo un símbolo que habla de rescatar el tiempo, algo de ese orden también está pasando en la moda.

–Sí ¿viste? David Lynch juega con el thriller, el suspenso, el drama, la comedia. Todo está mezclado según su propia lógica. No se sabe cuándo empieza ni cuándo termina. Él va transitando, se parece bastante a lo que está ocurriendo con la moda. En los últimos años del siglo XX todo se disparó hacia el consumo y las comunicaciones digitales. El gran desafío ahora es humanizar la tecnología y usarla para el buen vivir.

 

–Guardemos esta frase. Nos vemos en 25 años, agente Cooper.

–Hecho.