Con diseños de fiesta que acompañan y realzan la silueta femenina, se convirtió en la elegida de las famosas y alcanzó una popularidad por la cual hoy en su boutique de Las Cañitas hay sofisticados vestidos para novias y 15 combinados con colecciones informales y más urbanas con destino de clásicos.

Desde los 12 años, María supo que quería ser diseñadora de indumentaria, motivo por el cual, al terminar la primaria, decidió inscribirse en la Escuela Técnica Raggio, un secundario con régimen universitario donde pasaba casi 12 horas diarias. A los 16 ya era técnica, y a los 18 se recibió de publicista. “Si bien mis dos abuelas eran modistas de alta costura, no sé si elegí esta carrera por eso, porque a una de ellas casi ni la conocí. Creo que era más por el arte: estando todavía en el colegio ya iba a dibujo, me es muy fácil expresarme a través de lo visual.”

–¿Cuándo notaste un cambio fuerte en la marca?

–Estuve ocho años muy fuerte en zona norte y, como estaba creciendo, decidí jugármela y cerrar los dos locales para mudarme a Capital y abrir este. Acá fue el crecimiento grande de la marca. Todo lo que ingresa son creaciones mías: confecciono, elijo los géneros, diseño, lo sigo con cada modista, con cada taller, y empecé a hacer colecciones por temporada.

–¿Seguís manejándote de la misma manera que entonces?

–Desde hace un tiempo siento que cambió el paradigma en nuestro país; se acabaron las grandes colecciones en las que mostrabas millones de pasadas y hasta dentro de seis meses no volvías a mostrar algo nuevo. Eso tiene que ver con las redes sociales y la comunicación. Hoy tenés la información y las tendencias todo el tiempo al alcance de tu mano. Ya no existe hacer una colección que tenga vigencia por seis meses, tenés que hacer colecciones cápsula permanentemente. Por ejemplo, yo en el verano tuve tres desfiles totalmente diferentes, armados y planeados para, además de las diferentes temporadas, los diferentes destinos, ya sea Mar del Plata o Punta del Este.

–¿Ves la moda como arte?

–Sí, pero creo que el arte tiene otro permiso en cuanto a lo abstracto y a mí no me gusta lo “imponible”, a mí me interesa destacar lo mejor de vos, que te favorezca, me gusta potenciar. Cuando veo una persona con algo que no le sienta bien, no me quedo en lo que la ropa me cuenta sino en cómo podría mejorarlo. Siempre podés sugerir delicadamente otras opciones para mostrarles a las clientas una mejor visión de sí mismas.

–Además vas estableciendo un vínculo de confianza con ellas.

–Mucho. A lo largo de los meses en los que diseñamos, suceden cosas con las que te vas involucrando, sobre todo en los casamientos, donde todos se alborotan y hay una revolución: la familia entera termina acá adentro, conocés el entorno, lo que les pasa, y muchas veces, después de la fiesta, vuelven a hacerse algo nuevo porque se sienten a gusto. Por eso volví al demi-couture, es decir a lo urbano, porque volvían y querían una camisa, no siempre ropa de noche.

–¿Hay un común denominador en tus clientas?

–Es difícil mencionar uno. Yo creo que buscan tener una mirada más moderna de lo que es noche, no quieren el típico vestido de fiesta y, a la vez, quieren estar sexis, femeninas, acordes a su edad pero con una visión más contemporánea. Alguna gente del medio me dice que hago el sexi más elegante, pero eso yo no lo sabría definir.

–¿Y cómo fue la transición de los vestidos de noche a las novias?

–Fue sin querer queriendo. Presenté una colección que hizo mucho ruido porque las modelos salieron a la pasarela con crestas punk, vestidos blancos y un cinto negro. A partir de esos vestidos, llegaban novias que me decían que estaban buscando exactamente eso pero no lo encontraban en el mercado, y ahí empecé. Me encanta hacer novias y lo que me gusta mucho es cuando viene toda la familia: la novia, la madre, la suegra, la hermana… está bueno porque queda muy parejo el casamiento, cada una tiene su look, es armónico para la ceremonia, para las fotos. Amo los desafíos.

“No me gusta lo ‘imponible’, a mí me interesa destacar lo mejor de vos, que te favorezca, me gusta potenciar”

–¿Diseñarías para hombres?

–No me interesa por ahora, y eso que hay un mercado enorme y cambió el chip, sobre todo de los más jóvenes. Yo acá lo veo con los familiares de las chicas que vienen a hacerse su vestido de 15, los chicos se están dedicando mucho tiempo, saben de moda, buscan alternativas para no ir a todas las fiestas igual, tienen mucha onda. En algunas ciudades, los hombres parecen salidos de una producción de Vogue , sobre todo en cunas fashion como Milán o París.

–¿Cuáles son las tendencias para el invierno?

–El verde viene muy fuerte, en todas sus gamas pero especialmente en “azul pato”, que es como un esmeralda intenso; es la estrella fuerte y la novedad en lo que es noche. Si bien es un color que siempre mostrás como opción, lo que ocurre este año es que entró toda la gama del verde y se convirtió en un prioritario en la paleta invernal. También agregaría el rojo; la argentina no se le anima tanto pero yo siento que este año ya están preparadas.

–¿A qué celebrity te gustaría volver a vestir y a quién incorporarías como embajadora de la marca?

–Mi estrella hoy es Lali, que ahora está en su gira por Europa. Armamos y diseñamos juntas varios cambios muy fuertes para sus looks personales. Me encantaría seguir vistiéndola. Natalia Oreiro es otra mujer con la que quisiera volver a trabajar, fue muy generosa conmigo porque teniendo su propia marca dijo en varias notas que María Gorof era de sus favoritas y me pareció de una grandeza enorme. Y con respecto a mujeres que nunca vestí: Liz Solari, Brenda Gandini y Gimena Accardi me encantan, y de afuera, a Cate Blanchett no puedo dejar de mirarla… y Claire Danes, pero creo que eso es porque soy fanática de Homeland.