Gracias a sus alocadas estrategias de marketing, convirtió al Four Seasons Buenos Aires en uno de los hoteles más divertidos del mundo. Su éxito, asegura, consiste en empezar de cero cada día, romper los moldes establecidos y vivir apasionado por ser el número uno.

Después de caminar las cuadras que separan su casa del hotel, Gabriel Oliveri se encuentra de frente a la torre de la calle Posadas. “Miro para arriba y pienso ‘¿qué vamos a hacer hoy?’”, dice que se pregunta cada mañana al llegar a Four Seasons Hotel Buenos Aires, del que es el gerente de Marketing. Pero ese título suena acartonado para su verdadera tarea: fue uno de los encargados de darle un shock de renovación a la sede porteña de una de las cadenas hoteleras más tradicionales del mundo y es el anfitrión de cada momento especial del hotel. Al mediodía da una vuelta por los restaurantes, en donde siempre tiene alguien a quien saludar. Por las noches se acerca a la barra de Pony Line para conversar y presentar conocidos, “para negocios, amistades o incluso parejas, ellos después verán”. En los eventos está detrás de cada detalle y ante la visita de una personalidad destacada se encarga de averiguar sus gustos o costumbres para sorprenderlo con algo especial: Madonna, Bono, The Rolling Stones, Bill Clinton, Hugo Chávez, George Bush, todos ellos –entre tantos otros– se alojaron en el hotel. En 2011 un fondo de inversión de Dubái, Albwardy, adquirió el hotel, lo que significó una inversión de más de 50 millones de dólares. Por otro lado, Four Seasons desarrolló el departamento Blue Water para “crear un mar de diferencia entre nosotros y la competencia”, explica Oliveri. Para ello se eligieron hoteles prueba en diferentes partes del mundo y el de Buenos Aires fue uno de los seleccionados. En ese momento comenzó a gestarse una revolución de la hotelería y el lujo local, cambio del que Oliveri fue protagonista. A la par, con la convicción de que los sueños están para ser cumplidos, atendió sus otras facetas: se convirtió en el Dr. Amor, personaje que asesora con humor sobre temas del corazón; desde abril hará la tercera temporada de su programa en Magazine; los viernes por la tarde participa de El exprimidor junto a Ari Paluch, y para mediados de año planea debutar en teatro. Además, revisa las últimas páginas de su primer libro, Una vida cinco estrellas , que saldrá por Editorial Planeta en junio.

–¿Cómo encararon ese proyecto de transformación del lujo?

–Tuvimos la misión de, además de ofrecer un servicio impecable, proponer algo diferente. Empezamos el proceso de cambio hace más de cinco años, fue soñada la apertura de cada nuevo espacio. El producto se puso a un nivel increíble y le dimos a cada lugar una historia para contar. Desde la gastronomía impulsamos una revolución: todos los hoteles ofrecían cocina francesa o italiana, nosotros volvimos a traer la comida argentina. ¡Era absurdo que nadie lo hiciera! Convertimos la hamburguesa en algo gourmet, pusimos un DJ en el bar (fuimos muy criticados por eso). Fue una vuelta de tuerca muy grande para un hotel cinco estrellas, descontracturamos el lujo.

–Todos quieren estar en los encuentros que organiza el hotel. ¿Por qué creés que se da ese fenómeno?

–Creo que para que los lugares sean un éxito tienen que ser un río de gente que circula. De la gente correcta. En Concordia, mi pueblo, las vidrieras de las mercerías te mostraban todo lo que tenían. La gente compra lo que ve. No cambia mucho en un hotel. Si te rodeás de rosas, olés a rosas. Si al hotel viene gente talentosa hay una energía especial.

–¿Cómo se dio el cambio?

“Soy el primero que me he perdonado a mí y a los demás, me permití todo, transgredí mucho. Soy libre y juro que no me importa la mirada ajena.”

–Todos los hoteles éramos iguales. La gente, el lujo, está cambiando. Si vos querés ser cool pero no contratás a un chef porque tiene una lagartija tatuada, bueno, fijate. El hotel tiene que dejar de ser un quirófano para ser un poquito más normal, como su entorno. Si tomás a una chica con un pelo divino, se lo atás, le tapás el piercing como hacíamos antes, pasó a ser otro autómata, otro alien de un hotel común. Hay que dejar que la gente sea como es en realidad, contratar al de mejores condiciones, no importa si tiene barba o lo que sea. Eso liberó a la gente, sienten que vienen a un lugar libre.

–Sos un motivador nato.

–¡Soy terrible! Hay que seguir, seguir. Una vicepresidenta de Four Seasons decía que los laureles son para ayer. Con alegría, no con presión, hay que empezar de cero todos los días. No doy nada por supuesto, siempre miro para adelante. Buscamos cosas nuevas porque es nuestro trabajo pero, aparte, ¡nos encanta! Si no, nos aburrimos. En mi equipo de ventas somos 15, los llamo “Hannibal Lecter”. Todo es poco para vender, vamos por todo, si viene un presidente o una banda queremos que estén acá. A veces dicen “uy, hoy vino a 320”. Siempre estoy así porque es mi pasión absoluta que el hotel sea el número uno. Hace 15 años que lo somos y me encanta serlo, soy ariano, como Tinelli y Suar. Miro hoy y mañana, ayer no me importa. El trabajo, como la vida, tiene que ser un desafío. Pero siempre con alegría o pierde el sentido.

–¿Cómo se refleja tu personalidad en lo que hacés?

–Mi jefe siempre dice “usted está muy loco”. Soy el primero que me he perdonado a mí y a los demás, me permití todo, transgredí mucho. Soy libre y juro que no me importa la mirada ajena. Cuando es domingo a la tarde y estás deprimido, muy poca gente viene a tocarte el timbre. Lo que hago primero es para mí, por amor propio. Si después gusta y vienen los resultados, genial. El mundo cambia a pasos acelerados, si no te das cuenta de eso quedás afuera de todo. Nadie te avisa y un día sos María Antonieta. Tenés que estar curioso, eso te mantiene joven, igual que hacer cosas nuevas. Yo siempre tengo 15 años, a lo que me ofrecen digo que sí, después veo. Voy para adelante como un búfalo. Hay que tratar de cumplir por lo menos alguno de los sueños que tuviste.

–Así te animaste a hacer televisión como el Dr. Amor y ahora estás por terminar un libro.

–Generosamente, me ofrecieron hacer un programa de una hora. Yo decía que no, después pensé “¿por qué no?”. Este año haré la tercera temporada, entrevisté a 100 famosas, como Julieta Cardinali, Mariana Fabbiani, Carla Peterson, Pampita… tantas. Eso me refresca para el trabajo también. Dedico mi vida desde hace 25 años a algo que amo, la hotelería, ¿por qué no puedo hacer lo otro también? Después surgió lo de la radio, en donde asesoro en amor y sexo: en eso soy un experto, me fue muy bien, ¿por qué no lo voy a compartir? Y ahora estoy terminando de escribir el libro en donde voy a contar mi historia para que le sirva a otro chico del interior del país que está debajo de los naranjos.

–¿Querés inspirar a otros para que se animen?

–Yo estaba en un barrio de Concordia y terminé dirigiendo un área de un hotel Four Seasons. Para morirse hay que estar vivo, al final nos comen los gusanos. Entonces, perdón, pero en el ínterin yo me voy a divertir un montón. Te subís y te bajás del tren sin nada, mejor que todo lo que hayas visto por la ventanilla sea re-lindo.

Traje: Rochas

Pelo: Alejandro Liberte para Cerini

Lugar: Four Seasons Hotel