Desde que apareció en pantalla, primero en televisión de la mano de su papá y después en cine, se convirtió en estrella. El carisma heredado, la mirada azul y un talento que crece con cada proyecto son las claves de una carrera que promete.

Ir al trabajo de su padre, en su caso, era sentarse detrás de escena durante rodajes de cine o televisión. Ese mundo del backstage siempre lo conmovió, y fue donde empezó, primero como productor de El hombre de tu

vida. Después llegaría lo que él ni imaginaba de pequeño: ser protagonista delante de la cámara. Nicolás Francella se convirtió en uno de los actores principales de Aliados, la tira juvenil de Cris Morena, y desde ese momento encadenó diferentes proyectos. Ahora llegó el turno del cine, con Maracaibo, el thriller de Miguel Ángel Rocca en el que interpreta a un joven ladrón. Cuando terminó el rodaje, Nicolás viajó de vacaciones a Nueva York y aprovechó para ver una obra del off Broadway, que espera poder hacer pronto. De vuelta en Buenos Aires, antes de que saliera del aeropuerto, le llegó un e-mail convocándolo para otro filme, que también se estrena por estos días: Los padecientes, la película en la que interpreta a un sospechoso de haber asesinado a su padre. “Me arriesgué para poder hacer cine y funcionó, porque había dicho que no a un proyecto de tele”, explica satisfecho mientras espera para sumarse a Cinco estrellas, la próxima tira de Pol-ka.

–Cuando recibiste la propuesta de un papel que era diferente a los anteriores, ¿enseguida confiaste en que podías asumirlo?

–Yo no siento que un personaje es para mí o no. Disfruté mucho y no me arrepiento de las elecciones que hice, me han dado mucho en diferentes sentidos. En televisión tuve mi primer trabajo profesional, fue mi escuela. El teatro me abrió una puerta, me despertó la pasión por esto e hizo que mi cabeza empezara a trabajar de otra manera. Esta profesión es un juego de ajedrez, es brava, un poco desgastante, estresante. Aceptar un trabajo te condiciona para otro, y la tele te da una popularidad enorme pero también tiene lo suyo. Obviamente, agradezco la continuidad y poder elegir y vivir de esto. Creo que siempre hay riesgos, es difícil vivir del arte. Pero tampoco podés estar pensando todo el tiempo sin disfrutar de lo que hacés. Es lo que elegí. Otra cosa difícil es la relación con el ocio.

“No te puedo explicar la sensación que tenía de chico cuando entraba en un canal; veía un handy, un monitor, las corridas, escuchaba los gritos… ¡y me volvía loco!”

–¿Cómo te llevás con eso?

–Tengo idas y venidas. Me gusta mucho laburar, soy fanático de la autogestión. Busco, elijo, pienso. No me gusta quedarme sin hacer nada, no puedo. Descanso, tengo unas vacaciones y ya quiero volver a laburar.

–Contabas que te apoyaste mucho en Jorge Marrale para este trabajo. ¿Te interesa escuchar a los más experimentados?

–Sí, busco siempre eso. Anoto mucho, llevo libretitas al rodaje. No es que anoto delante de ellos, pero después escribo experiencias del rodaje, cosas que vi. Justo Jorge había estado trabajando con mi padre antes, entonces le pedí cenar y charlamos. Pregunto, escucho mucho, tomo lo que me aconsejan. Son personas que hicieron lindos recorridos, que me gustaría seguir. Ahora quiero hacer un emprendimiento gastronómico con un amigo y estoy teniendo reuniones. Quiero impregnarme de todo.

–En Maracaibo estás rapado, con una apariencia diferente a la usual. ¿Propusiste vos el cambio físico?

–Tengo un physique du rôle que si me sacás la barba, tengo 15, y si me la dejo larga doy reo. A veces cuesta despegarte de cómo te ves físicamente o cómo das en cámara. No le di tanta importancia a mi apariencia sino a buscar la caracterización, transformarme. No tenía ni una duda en cambiar. Propuse raparme, fuimos cortando de a poco porque si no gustaba no había tiempo para que creciera el pelo. También trabajamos mucho con maquillaje, porque aparezco golpeado y eso después va evolucionando. Esta película fue un lindo viaje, me desafió actoralmente. Nunca voy a medias. Busqué mostrarme diferente en lo físico, asumí ese riesgo de no estar del todo cómodo, de sentir inseguridades, transitar zonas turbias.

–Recién después de unos años de trabajar en producción pasás a estar delante de cámaras. ¿Pensás que si hubieses arrancado de más chico hubieras llegado al mismo lugar?

–No sé. Hay nenes que empezaron a los cinco años y fue su pasión, otros cambiaron de vida. A mí de chico nunca se me pasó por la cabeza estar frente a una cámara o hacer gráficas de ropa. Y, al mismo tiempo, no te puedo explicar la sensación que tenía cuando entraba en un canal, veía un handy, un monitor, las corridas, escuchaba los gritos… ¡y me volvía loco! No estaba negado a la actuación, es que no se me ocurría. Cuando empecé a trabajar lo vi con otros ojos, y para mí hacer producción es una escuela previa, hace que estés muy ducho para manejarte.

–No te imaginabas estar en el lugar de tu padre pero años más tarde elegiste el mismo oficio. ¿Qué te enseñó?

–Él jamás imaginó que su hijo, y ahora también su hija, encararían su misma carrera y vivirían de eso. Él me apoyó siempre, pero también me dejó claro que es una profesión muy difícil, con momentos plenos, otros en los que no te suena el teléfono. Tenés que construir una personalidad muy fuerte para no voltearte con cualquier piña que te puedas comer a lo largo de tu carrera.

–Y también para no subir demasiado en el éxito.

“Mi papá me apoyó siempre, pero también me dejó claro que es una profesión muy difícil, con momentos plenos y otros en los que no te suena el teléfono. Tenés que construir una personalidad muy fuerte para no voltearte con cualquier piña.”

–Sí, no creértela. A ese tema no le encuentro la ecuación. No entiendo cómo un éxito te puede llegar a volar la cabeza. No es de falso humilde, es algo que no puedo entender de ninguna manera. Es estúpido. Es un trabajo muy lindo, si te va bien y podés disfrutarlo es precioso; hay mucha competitividad, por eso también hay que ser fuerte, no te puede voltear un consejo, no siempre están todos de tu lado. Mi padre me dio mil consejos.

–¿Y en lo actoral?

–Me enseñó que menos es más, a ser lo más creíble posible. Ser natural, no hacer una de más, no forzar las cosas. Poder tener el ojo de saber elegir mientras leés. Me gusta cómo mi viejo preservó su vida, eso es un espejo para mí: su trabajo nunca afectó a su familia, nunca lo trasladó a la casa siendo nosotros chiquitos. Todo eso voy a tratar de imitarlo.

Styling: Gimena Bugallo

Agradecimientos: Key Biscayne, Levi’s, Terán, Infinit Hotel Four Seasons Buenos Aires