Hay quien recuerda sus comienzos de adolescentes a caballo de un mega-hit. Trece años después, lograron reinventarse como un power trío de hard rock y consiguieron, entre otras cosas, telonear a los mismísimos Guns N’ Roses.

Vive rápido, muere joven y deja un cadáver bonito” fue una especie de mantra para muchos rockeros a lo largo de la historia, pero no para los Airbag. Con trece años de carrera en sus espaldas, la banda de los hermanos Guido, Gastón y Patricio Sardelli no sólo parece estar lejos de sus últimos días, sino que disfruta de perfecta salud, tanta como para no parar ni un minuto de hacer las cosas que quieren, cuando quieren y como quieren. “Nos involucramos mucho en todo. Si dejamos que las cosas las haga alguien cercano a la industria, va a ser acorde a la industria; en cambio, si las hacemos nosotros, el resultado nos termina gustando más”, dice Guido (el menor de los tres, con 28 años) mientras el resto asiente en silencio.

Cuando los Airbag empezaron ni siquiera tenían barba. Eso –no la barba, sino su edad– y el hecho de haberla pegado con el hit “La partida de la gitana” los puso y expuso más de lo necesario, más de lo prudente. Ahora, cuando analizan las ventajas y desventajas de haber crecido en público, los Sardelli no sienten ningún tipo de arrepentimiento: “Creo que todo lo que hicimos nos trajo al momento increíble que está viviendo la banda. Si pudiera viajar al pasado, por las dudas no cambiaría nada… Bueno, algunos peinados quizá sí”, reflexiona relajado Patricio, voz líder de la banda. “No es algo liviano lo que nos pasó, y es un milagro en cierto modo que ninguno haya flasheado cualquiera”, agrega Gastón, con aplomo de hermano mayor.

“Si no tocamos, no hay ingreso, y no se puede pagar nada. Hay un punto en el que empiezan a jugar muchas mas cosas que lo lúdico de salir a tocar. Creo que por mas que uno disfrute lo que hace, hay una cuota de carga”

–¿A alguno en algún momento le pegó mal la fama?

Guido: –La verdad que no. Siempre lo tomamos como algo natural y agradecimos que alguien se tome el tiempo de escucharnos y estimarnos como para querer sacarse una foto. Siempre digo lo mismo: yo tocaba la batería y en un momento, cuando tuve la necesidad de empezar a cantar, Patricio fue el primero que me alentó a hacerlo.

Hay músicos que no ceden ni medio centímetro de su espacio. El rock como género musical no es el más vendedor del momento, aunque las modas y las vidrieras muestren todo lo contrario. Y Airbag, que encima hace hard rock, un estilo muy emparentado con las décadas de los 80 y los 90, sabe que va a contramano, pero no importa mucho lo que los demás tengan para decir. “Esto es lo que nos sale naturalmente”, dice Guido. “Hacemos lo que hacemos por nosotros, no por los demás; sabemos que las principales listas de Spotify no tienen nada que ver con nuestra música, pero a nosotros nos mueve esto”, remarca.

La testarudez de los Sardelli tiene una explicación: la abuela Porota, la responsable de dar los consejos correctos en los momentos oportunos, cuando los chicos eran sólo chicos con ganas de ser grandes. “Porota tenía una lucidez asombrosa y era la que bajaba línea, y decía ‘tienen que esforzarse, tienen que ensayar, tienen que tocar bien’, consejos muy claros y que resaltaban el valor del esfuerzo”, dice Gastón. Patricio completa la escena con una descripción familiar: “Creo que fue algo que nos inculcaron desde chicos. Mantenemos códigos de familia, de respeto y de unión, venimos de familia trabajadora, con cero experiencia en contratos y cosas por el estilo”.

–¿Cómo es la convivencia de una banda que lleva 13 años y que, además, es familia?

“Hacemos lo que hacemos por nosotros, no por los demás; sabemos que las principales listas de Spotify no tienen nada que ver con nuestra música, pero a nosotros nos mueve esto.”

Patricio: –La familia a veces juega a favor y a veces juega en contra.

Guido: –Cada uno tiene su posición al respecto. Somos familia, pero yo no lo veo como un trabajo común, es más un estilo de vida.

Gastón: –Yo sí lo veo como un trabajo, porque en definitiva si no tocamos, no hay ingresos y no se puede pagar nada. Hay un punto en el que empiezan a jugar muchas más cosas que lo lúdico de salir a tocar. Creo que por más que uno disfrute lo que hace, existe una cuota de carga.

Ver a Airbag en vivo es una mezcla de sensaciones. El prejuicio inicial le da paso a la sorpresa por su sonido y su presencia, muy alejados de aquellos comienzos. El público alcanza una efervescencia tal que las chicas se despojan de todo aquello que les molesta, como remeras y corpiños, para sentir la libertad que les genera la música de la banda. Y para llamar la atención del trío, claro. “Las chicas se quedan en tetas porque hay una liberación total, y los pibes se ponen locos, pero bien, sin desmanes”, dice Guido, e intenta una explicación más racional: “Lo que pasa con nuestro público es producto de la música que hacemos: es muy clásica, es un tipo de rock que se hace desde hace décadas, y que en la Argentina se dejó de hacer o dejó de ser tan popular. O que al menos no lo hacen bandas de nuestra generación”.

Como gran exponente rocker de esa generación, existió una sensación de justicia cuando se anunció que Airbag

iba a ser el grupo soporte para la última visita de Guns N’ Roses, en noviembre de 2016. Y si bien los Guns son una influencia indudable en la música del trío, no dejaron de tener los pies sobre la tierra ante tremenda oportunidad. “A mí no me cambia la vida ni me va a cambiar la carrera telonear a nadie”, dice Patricio. De hecho, al principio su respuesta había sido que no, porque querían ir a ver el show como público; pero después la productora les mostró el listado de bandas nacionales (con grandes nombres) del que GNR había seleccionado a Airbag. “Creo que eso fue lo distinto y lo que nos convenció”, agrega. Una de esas noches terminó con ellos zapando junto a Steven Adler, baterista gunner original.

“Creo que todo lo que hicimos nos trajo al momento increíble que está viviendo la banda. Si pudiera viajar al pasado, por las dudas no cambiaría nada… Bueno, algunos peinados quizá sí.”

–¿El juego de tener una banda está llegando más lejos de lo que esperaban?

Gastón: –Detrás de todo lo bonito que se ve hay muchas cosas que no son fáciles de llevar, desde presiones hasta los propios egos que pueden ir desarrollándose; y el hecho de estar tanto tiempo con las mismas personas puede provocar que las cosas más chiquitas crezcan… No son cosas que definan la vida de nadie, ¡pero para un artista eso sí es su vida!

Guido: –Tener una banda es Some Kind of Monster (N. de la R.: El nombre del documental de Metallica que retrata las peleas en el grupo). Creo que no existe banda que no tenga problemas, en la que todos estén de acuerdo por dónde tienen que ir las cosas. Los Beatles son el mejor ejemplo: uno más talentoso que el otro, todo lo que hubiesen hecho hubiera estado bien, pero llega un momento en que no funciona. En ese punto es donde ser familia es positivo: todos venimos del mismo lugar y no damos espacio al ego. No somos tres ególatras de mierda que queremos hacer todo, pero sí hay diferentes caminos para hacer las cosas, siempre nos gusta elegir el mejor. Siempre.

Producción: Gimena Bugallo

MUA: Pao Dessaner con productos Givenchy