La hija de Palito acaba de cumplir su gran sueño: grabar un álbum junto al genial Charly García. A los 31, la más joven del clan Ortega habla de la relación de sus padres y de su deseo de ser madre y encontrar un gran amor.

 

 

De Miami a San Miguel de Tucumán, de ahí a Buenos Aires y de a poco, mientras crecía, a un trip mucho más disruptivo aún: la adolescencia. Así transcurrieron los años felices de Rosario Ortega. Rocha, para sus amigos.

 

Reflexiva, risueña de a ratos, agradece esa génesis trashumante, no tanto por su ciudadanía estadounidense, sino por todo aquello que le legó en recuerdos, palabras, gestos y actitudes. “Siempre es un privilegio poder conocer de cerca lugares y realidades tan diferentes. Te enriquece de mil maneras distintas. En algún punto, creo que la propia versatilidad de mi música viene de ahí, de todas esas culturas mezcladas”, comenta.

 

Instalada en Palermo Chico, muy cerca de Julieta, su hermana mayor, Rosario encara esta primera parte del año a pura novedad. Primero, porque está nuevamente de novia, nada menos que con el hijo de la vice-presidenta de la Nación, Gabriela Michetti. El joven, músico y licenciado en Ciencias de la Comunicación, se llama Lautaro Cura y tiene tan sólo 21 años. Acostumbrada a salir con hombres mayores, Rosario celebra la novedad y enseguida suplica pasar al siguiente tema: el lanzamiento de Random, su primer disco de estudio junto a nuestro prócer del rock, el gran Charly.

 

“Charly no es metódico en nada. Es muy difícil, por ejemplo, hacer tandas de voces o de guitarras con él. Quizás está con el piano, se aburre y enseguida agarra los sintetizadores. Es como un niño en eso.”

 

–¿Cómo fue el proceso de grabación del álbum?

–Diferente. Primero porque nunca fue pensado como tal, sino que se fue armando con base en los encuentros en el estudio, con mucha improvisación y creación sobre la marcha. Charly no es metódico en nada. Es muy difícil, por ejemplo, hacer tandas de voces o de guitarras con él. Quizá está con el piano, se aburre y enseguida agarra los sintetizadores. Es como un niño en eso. Y quizá vos pensabas que esa era la toma de las voces y te quedás ahí parada, cantando sola (risas).

 

–¿Tuviste que sacarle la imagen de ídolo para trabajar con él?

–No. Pero porque jamás lo vi así. La verdad es que nunca tuve ídolos. A Charly lo respeto muchísimo, lo admiro un montón pero no tengo ese culto o adoración que suelen tenerle muchos. No lo veo como a un Dios indestructible. Sí como a un genio, de esos que aparecen muy cada tanto.

 

–¿Conociste también su famoso lado B?

–Mmm, quizás alguna vez que se haya perdido en el hotel en una gira, o ciertas locuras sobre el escenario, pero nunca nada grave. Conmigo jamás fue desubicado ni muchísimo menos. Siempre sentí su respeto y se lo re-agradezco. Desde que empecé a trabajar con Charly, lo que más quise fue grabar un disco con él. Me encantaba cantar en vivo pero no dejaba de sentir que eran canciones hechas, que ya habían sido cantadas por otra gente. Soñaba con cantar temas que no se hubieran escuchado nunca. Y se me cumplió. Lo proyecté y ocurrió. Y siempre le estaré agradecida a él por haberme hecho partícipe de algo así.

–¿Te pesa el qué dirán? ¿El “canta con él por ser la hija de Palito”?

–Al principio quizá sí. Pero después entendí que para la mayoría de la gente en las redes, la diversión pasa por tirar frases de ese estilo. Ya estoy inmune a eso. Igual, debo decir que recibo muchos más mensajes positivos que negativos. Si hay algo de incomodidad que siento por estar ahí es sólo por esa culpa general que tenemos a la hora de ocupar un lugar. No sé bien cómo explicarlo, quizá porque es más un mambo mío que otra cosa. De cualquier manera, sé que tengo todas las condiciones para cantar junto a Charly. Y también lo digo con muchísimo respeto a Hilda [Lizarazu] y a todas las cantantes que estuvieron antes con Charly. Pero insisto: no me siento una ladri cantando con él, para nada.

 

–¿Sos de tener muchas inseguridades?

–Digamos que tengo una cuota de inseguridad que va de normal a alta. Nada del otro mundo (sonríe). Al cuerpo y a la imagen, por ejemplo, trato de no darles tanta bolilla. Soy flaca, pero no me privo de comer nada. Y estoy convencida de que el estándar de mujer que la sociedad tiene como bella es demasiado irreal.

 

“Nunca me interesó demasiado la edad de la gente. Me relaciono con personas más allá de su edad o incluso del sexo. Siempre fue así para mí.”

 

–Tenés 31, ¿te molestó haber abandonado los veintipico?
–Siempre da un poco de vértigo el cambio de década, pero no fue gran cosa. Además, el círculo de gente y amigas en el que me muevo se aleja un poco del estándar de la mujer que si a los 30 no fue madre ya está preocupada. El mundo del arte de por sí te quita un par de años, en la cabeza, en la forma de pensar y vivir. Con mis amigos más cercanos, por ejemplo, solemos hacer planes hiperinfantiles.

 

–Hablabas de ser madre.¿Ya te empezó a rondar esa idea?

–Digamos que ya no me parece una locura. Más bien al contrario, estoy segurísima de que quiero ser madre, algo que antes no lo tenía tan claro.

 

–Ahora estás en pareja.

–Sí, pero es todo muy reciente aún. Y la verdad es que no quisiera hablar mucho del tema.

 

–Sólo una pregunta: ¿ya conociste a tu suegra?

–No, y tampoco hay apuro para eso.

–Es toda una novedad para vos salir con alguien más joven.

–Sí, es cierto. Mi último novio (N. de la R.: el reconocido baterista Fernando Samalea) me lleva 22 años.

 

–Martín Losteau también califica como hombre mayor para vos.
–¡Pero ahí la diferencia no era tan grande, che! De cualquier manera, lo cierto es que nunca me interesó demasiado la edad de la gente. Me relaciono con personas más allá de su edad o incluso del sexo. Siempre fue así para mí.

–¿En cuánto te influye el modelo de pareja de tus padres?

–Quieras o no, tus padres siempre son una referencia. En mi caso, una muy fuerte. Mirá, este año celebrarán sus bodas de oro, ¡50 años de casados!, con una nueva boda. Por un lado, es un poco humillante, ya que siento que jamás podría llegar a algo así. Por una cuestión hasta biológica, por más que me case mañana, no llego. Por el otro, es algo que me llena de admiración y amor. Sobre todo porque sé que su historia es bien genuina, no una imposición o un mandato.

 

–“La monogamia es antinatural”, dijo hace poco Scarlett Johansson. Mucha gente tiende a pensar eso.
–Sí, y lo entiendo, pero en el caso de ellos es justamente al contrario. Estaba en sus propias naturalezas una relación así. A mi mamá le llena el alma ser madre, acompañar a mi padre, cuidar el hogar. Yo soy tan lo contrario… Vivo en la calle. Somos muy diferentes, pero valoro muchísimo el encuentro que ellos tuvieron y tienen. Son la definición del amor. Pero ojo, que también valoro mucho esas parejas que se separan pero siguen teniendo un amor o un cariño muy intenso por el otro. Como el caso de mi hermana con Iván, por ejemplo. Me parece que tiene mucho mérito eso. En definitiva, lo importante pasa por ahí, por encontrar una linda y sana relación, sin importar la duración. En eso estoy.

 

Styling: Gimena Bugallo
Hair & MU: Yamo Zarlenga para Shoot Management

Agradecimientos: Divina Bolivia, Complot, Deleon, Blackmamba