Después de haber dejado la tele, volvió a la actuación con una obra teatral. Su salud, los goles de Racing, la fama y un disco en puerta con su banda de rock. Una mujer políticamente incorrecta que dice lo que piensa y hace lo que siente.

 

Si Romina Gaetani hubiera nacido en Italia, seguramente hubiese tomado la posta que dejaron Sophia Loren, Mónica Bellucci y Maria Grazia Cucinotta. Es que tiene tantas curvas que se vuelve obsesión para los hombres y ejemplo de seducción para las mujeres. Pero es argentina y lleva en su ADN la clave para pasar de ser una femme fatal a una chica de barrio con un solo gesto, aunque insista en mostrarse simple y arrabalera. A sus 39 años y en pareja desde hace más de cuatro con Oscar Righi (56), músico de Bersuit Vergarabat, abre de par en par las puertas de su intimidad. Los problemas de salud que la alejaron de la tele, el dolor por la pérdida de su padre, su credo por el Indio Solari y la libertad que le ofrece la música.

–¿Cómo fue este tiempo fuera de la televisión?

–La gente cree que uno desaparece porque no está trabajando en televisión pero es todo lo contrario: una desaparece de la vida cuando se la pasa grabando catorce horas diarias. Ahí no ves a tu familia, a tu pareja ni a tus amigos. No descansás nunca y olvidate de salir. Eso sí, estás en televisión todas las noches y ganás buena plata, pero tenés poca vida y los fines de semana no podés salir de la cama (sonríe).

–O sea que estos dos últimos años estuviste viviendo a pleno.

–Cuando no estoy haciendo tele es cuando más soy yo. Haciendo las cosas que me gustan y disfrutando de hacer una obra de teatro y de mi banda, La Rayada.

–Tu salida de la tele dolió.

–Suela pasar (sonríe). Uno se acerca al actor que le gusta y sufre junto a él. Pero en ese momento me alegró decir “no puedo más, me bajo”. Noche & día (N. de la R.: la novela de Pol-ka que protagonizaba con Facundo Arana en 2015) tenía un elencazo y el programa me encantaba, pero yo no estaba bien. Se dieron episodios de salud que me hicieron replantear el trabajo. Ataques de pánico, noches de no poder parar de llorar y amanecer con los ojos hinchados. La muerte de mi viejo fue un duro golpe. Lo sufrí mucho, aun hoy. Y tampoco podía despejarme con el trabajo porque a mi personaje le pasaba algo similar. Bajarme de eso hizo que me rearmara, me hizo bien, después de meses de estar muy mal.

“todo este tiempo que no estuve en televisión fue de una inmensa felicidad”

–Ahora estás en teatro, ¿por qué La momia?

–Ya tenía la necesidad de salir a trabajar porque había invertido todo lo que tenía en mi banda, La Rayada, y surgió esta posibilidad. No hice mucha comedia en mi vida, yo vengo más del palo de los dramones del San Martín, como Triste golondrina macho y Recordando con ira. Esta obra me gustó de entrada y era un poco probarme tras años de nada. Además, amo hacer teatro. Lo malo, mirá la paradoja, es que para promocionar tu obra tenés que salir en televisión y en las revistas y exponerte igual que si estuvieras haciendo una tira diaria.

–¿La Rayada sos vos?

–El nombre La Rayada lo puso Adrián Suar, no tiene nada que ver con la locura, sino con algo que no está bien, que está rayado. Pero cada uno le pone el significado que quiere.

–Cuesta creer que esa femme fatal que rompió el rating en Soy gitano y Botineras sea la misma que canta en La Rayada.

–No, al revés. Cuesta creer que la Carlitos que soy yo se vea así en televisión (se ríe). Pero son roles. Te aseguro que para que me reconozcan en la calle, con la ropa que uso y las gorritas, es porque me tuvieron que ver mucho en tele, si no, no hay posibilidad. Porque yo soy esa, la de La Rayada. La que pasa inadvertida, la que iba todos los domingos a la cancha a ver a Racing porque amaba al Turco García y al Piojo López. O la que se dormía todas las noches de su adolescencia escuchando en su walkman el casete de Oktubre de Los Redondos.

–También fuiste promotora de la Rock & Pop, no reniegues de tu belleza.

–Sí, eso me permitió ir a todos los shows gratis y ver muchas bandas, pero yo era ricotera de alma. Además, porque con esa plata me pagaba las clases de teatro. Terminaba de trabajar, me sacaba las calzas, el top y era una Carlitos más, fan de Los Redondos y del rock nacional. En esa época, Los Piojos la empezaban a pegar, ponele que era el año 95 o 96.

“El nombre La Rayada lo puso Adrián Suar, no tiene nada que ver con la locura, sino con algo que no está bien, que está rayado. Pero cada uno le pone el significado que quiere.”

–Eras fanática de Bersuit Vergarabat también.

–Pero eso fue mucho después (sonríe). Mi religión eran Los Redondos y Spinetta, y si querés le agregamos a Charly y a Fito. A la Bersuit la conocí haciendo Chiquititas, en el año 2000. Vino Camila Bordonaba, que tendría unos quince años, me los hizo escuchar y me invitó a verlos a Obras. Y ahí me hice fan.

–Pasaste de ser fan de Bersuit a ser parte de… No muchos pueden romper esa barrera por miedo a una desilusión.

–Al principio me dio pánico verlos. Yo estaba saliendo con un chico que era amigo de uno de ellos y los saludé cinco minutos en el camarín después de un show. No soy cholula, de hecho no conozco al Indio ni nunca gestioné conocerlo, y como además soy tímida, ni hablé esa noche. Ellos tampoco son de mucho hablar. Sobre todo Oski, mi actual pareja. De él pensaba “si hablo de más, este pibe me pega” (risas). Pero se dio que el chico con el que salía me escuchó cantar una vez y me preguntó si no quería que Pepe Céspedes y Oscar Righi me produjeran un disco. Era la gloria para mí. Al tiempo me peleé con este chico y entre reuniones y reuniones, Céspedes se bajó y quedé sola con Oscar trabajando. Después comenzamos a salir, y ya en lugar de un disco mío, armamos una banda, con el baterista de Los Piojos y Santaolalla, que nos llevó a grabar a los Estados Unidos.

–Escuché La Rayada y suena realmente bien.

–La Rayada tiene que hacer su camino como lo hice yo en televisión en su momento: primero una participación, después un papel más importante, hasta tener un protagónico y que resulte en historia y rating, y así seguir. Ojalá tome ese rumbo y pasemos de hacer shows independientes a la una de la mañana, después de mis funciones, a tener un recorrido de festivales, giras y discos.

–Hablás de teatro y bajás mil cambios, pero la música te enciende.

–Es que la música me da una libertad que no me la da nada, menos la televisión o el teatro. Ojo, yo amo actuar y es lo que quiero hacer toda mi vida, pero la libertad de poder componer una canción a las cuatro de la mañana, en mi casa, mientras me como un sándwich de salame y queso junto a mi pareja, no la tengo con nada. Esa es la felicidad. Y todo este tiempo que no estuve en televisión fue de una inmensa felicidad. Y se ve que de tan feliz y tanto salame y queso, alguno tiró la posibilidad de mi embarazo (risas).

 

–Yo ya te iba a preguntar el nombre a modo de primicia…

–Igual re-queremos. Estamos en un muy buen momento y soñamos con tener hijos, pero ahora no. Mi pancita es por la felicidad que me da la música (sonríe).

 

 

Styling: Romina Giangreco
Make up y pelo: Emmanuel Godoy ambos para RFG Stylecoaching
Agradecimientos: Sette, Ginebra, Vevu, Mayabay, Fahoma BA, Claude Benard, Z Boutique, VL by Antolin.