EL HOMBRE SENCILLO QUE NO QUERÍA SER ACTOR PARA EVITAR LA EXPOSICIÓN, PROTAGONIZA HOY, CON 41 AÑOS, LA FICCIÓN NACIONAL QUE LIDERA EL PRIME TIME. ECOLOGISTA, FAMILIERO Y AMANTE DEL CAMPO, DICE QUE AHORA, FELIZMENTE, ES TODO PARA SUS HIJOS Y SU VIDA “YA FUE”

 

“Es un buen momento. Estoy viendo el fruto del trabajo que hicimos durante seis meses con todo el elenco y todo el equipo. Me gusta lo que veo”, dice Federico Amador sobre Amar después de amar, cuyos 70 capítulos fueron íntegramente grabados con tecnología 4K el año pasado. El éxito de la ficción de Telefe acompaña también una gran etapa personal, pensando en la posibilidad de ampliar la familia (tiene dos hijos y está en pareja con la actriz Florencia Bertotti desde 2010) y con unos cuantos proyectos vinculados a su otra gran pasión: la ecología.

–¿Siempre te interesó la ecología?

–Sí, desde chico. En vez de ver dibujitos veía documentales de animales, me quedaba horas frente a la tele.

–¿Qué animales tenés en tu casa?

–Dos caballitos y tres perros. Tuve gallinas… siempre tuve un poco de todo.

–¿A tus hijos les gustan también?

–Mucho, son bien de la defensa y de los bichos, agarran cualquier cosa sin miedo: insectos, arañas. Yo siempre los fui llevando para ese lado, desde chicos. Lo mismo que el monte, anduvieron siempre por ahí dando vueltas.

“Mi vida ya fue, y lo digo con una felicidad absoluta. Ahora es todo para y por mis hijos desde el lugar más sano. Me encanta y soy feliz como padre.”

–¿Cómo te llevás con este lugar de galán?

–Son roles que tocan; mañana es otro y antes otro. Es un personaje, no deja de ser un gran juego todo. Los directores son los encargados de contarnos un cuentito que escribieron los autores. Nosotros somos un engranaje de eso nada más.

–¿Qué es lo mejor y lo peor de ser actor?

–Lo mejor es la no rutina y algo de búsqueda interna. Cada semana hay una o dos escenas que representan las razones por las que hacemos esto. Son las escenas de búsqueda, donde hay que resolver desde el oficio. Eso es lo lindo, bucear un poco en la naturaleza humana, bien adentro, en cómo es el personaje y qué le puede pasar.

–¿Y lo feo?

–Por ahí es el entorno, que te puede marear un poco. Tengo 41 años, depende de cómo te agarre y dónde te agarre parado, tiene algo que puede llegar a confundir un poquito. O la fama, la exposición.

–¿Cómo manejás la inestabilidad?

–Mis amigos son abogados, empresarios y arquitectos y no entienden esto, cómo hacés o qué hacés durante cuatro meses que no trabajás. Uno es un animal de costumbres, y yo me acostumbré a eso. Pero cuando empecé, después de terminar un trabajo, pensaba “¿y ahora de qué me disfrazo?”. Con el tiempo te vas acostumbrando y ya no me genera ningún conflicto. Obviamente, hoy los números de la televisión no son los mismos que hace quince años, pero también tengo una marca de ropa con mi mujer y eso nos permite ir viviendo cuando se va acabando lo que ganamos.

–¿Cómo se reparten los roles con Florencia en Pancha, la marca de ropa para bebés y niños que tienen juntos?

–Bien, ya hace cinco años que empezamos. A mí me gusta mucho la imagen, o el marketing, y por ahí voy, es mi lugarcito. Flor es la que diseña, la que elige los colores, las telas, la ropa, todo, ahí no tengo la menor idea.

–¿Qué me diría Flor si le preguntara sobre tu colaboración en la casa?

–Soy medio cuelgue. Muy voluntarioso, muy garra y corazón, pero medio cuelgue. Con respecto al orden, no, no soy desordenado, tampoco soy super ordenado. No soy prolijo pero tampoco soy un bardo. Si me decís: “Che, ¿podés hacer tal cosa?”, yo voy y la hago, pero no es que a mí me nace hacer.

–Tenés dos hijos ¿cómo te impactó la paternidad?

–Uf, es todo. Cuando uno tiene hijos la vida propia ya fue, ya no hay otra cosa, lo demás son detalles.

–¿Ellos influyen en tus elecciones profesionales?

–Claro, mis hijos viven en otra ciudad, todos los fines de semana me voy religiosamente a buscarlos. Eso no lo negocio, entonces no puedo hacer más teatro, aunque me gusta mucho.

–¿No te pesa?

–Cero. Mi vida ya fue, y lo digo con una felicidad absoluta. Ahora es todo para y por mis hijos desde el lugar más sano. Me encanta y soy feliz como padre. Me cuestiono y me pienso sin torturarme y estoy muy contento con el padre que soy, pero los pienso y me cuestiono también, estoy muy atento. Me puedo llegar a equivocar pero no va a ser por falta de atención. Lo peor que pueden hacer los padres es no darles la atención, no mirarlos, no escucharlos. Ahora, con la locura diaria, la gente por ahí enchufa a los chicos en aparatos de mierda y pasan horas ahí como con un chupete electrónico, y no está bueno. No es que mi mirada está puesta en otro lado, ni en el trabajo ni en nada, mi mirada está puesta ahí.

–¿Tenés ganas de tener más hijos?

–A mí me gustan mucho los niños, sí. Y me gusta mucho la paternidad también. Así que sí, seguramente.

–¿Es verdad que fuiste vendedor de panchos alguna vez?

–Sí, hice de todo, vendí panchos, vendí espacios publicitarios en revistas, ropa… Hice de todo un poco, era busca. No quería ser actor, entonces laburaba de cosas, le esquivaba el bulto a la profesión.

–¿Por qué no querías ser actor?

–Porque tenía mucho miedo a la exposición y a la fama, entonces lo evité lo más que pude. Sentía que no me iba a gustar, era la parte que no me gustaba.

–¿Te amigaste ya con eso?

–Sí. No es lo que más me gusta pero forma parte y hay que vivirlo y llevarlo.

–¿Cómo son los proyectos que vienen por el lado de la ecología?

–Estoy siempre en contacto con Vida Silvestre. Con Greenpeace hicimos algunas cosas juntos. Quiero, desde mi lugar, empezar a comunicar un poco, sobre todo a las nuevas generaciones, enseñarles la fauna que no conocen. Los chicos saben del león y del rinoceronte, pero no saben ni del puma, ni del guanaco, ni del tapir. Quiero que empiecen a conocer a nuestros animales, que son fantásticos. Primero porque hay que acercarse y reencontrarse con la naturaleza y después porque se nos está acabando.

–Si hablamos en cinco años y salió todo genial, ¿cómo te voy a encontrar?

–Recorriendo la Argentina, trabajando a favor de la ecología, en contra del tráfico de fauna y de los desmontes, con algunas temporadas de un programa de naturaleza y rodeado de hijos.

 

 

 

Estilismo: Fonrouge Laboratorio de estilo
Make up: Lucía Lipovich
Pelo: peluqueros contemporáneos