Sin contactos en el ambiente, lo suyo es pura autogestión. Fue el petisero que encantó a Juan Minujín en Viudas e hijos del rock & roll, salió de gira con Fuerza Bruta e impactó con un desnudo en Historia de un clan. Este año formó parte de la exitosa Educando a Nina y filmó una película. “Lo mejor de ser actor es divertirse”, dice con una sonrisa infinita.

Su perfil de Instagram lo pinta en todos sus aspectos: mirada cristalina, cuerpo entrenado, grupo de amigos siempre presente, surf, motos, travesías. “Enjoy the ride” como lema. Cuando su nombre empezó a sonar, abrumado, Benjamín Alfonso eligió resguardarse entre sus más cercanos. Después entendió que era parte del nuevo camino que había decidido tomar y se abrió al disfrute. Estudiante de Diseño Industrial, tenía a la actuación como una pasión reservada para los momentos de ocio hasta que se recibió. Entonces empezó la aventura de ser actor y lo que siguió fue puro éxito. En marzo estrenará Casi leyendas, donde interpreta a una estrella pop teen con mucho ego. “Lo atractivo es encontrarle el color al personaje y jugarlo, encontrarle algo diferente. Elegí esto porque es lo que disfruto hacer”, asegura.
“Iba a las productoras, golpeaba las puertas. ¿Quién sos? ¡Nadie! Pero tenía muchas ganas de laburar. ¿Por qué funciona la danza de la lluvia? Porque no paran de bailar hasta que llega el agua.”

–Tuviste una seguidilla de papeles en programas importantes. ¿Te costó manejar ese pico de exposición?

–Fue una etapa laboral muy linda pero no estaba preparado para esa explosión de fama. Al principio empecé a hacer más planes en casa con mis amigos, juntarme a comer o ir a la fiesta de alguien cercano… no salir tanto. Después me relajé porque todo lo que recibía era buena onda. También es cierto que no tengo 15 ni 20 años, ya me conozco y estoy parado de otra manera, pero es raro que la gente te trate como al personaje. Fue un año aún más intenso de lo que pareció desde afuera (risas).

–¿Por qué creés que empezaron a llamarte y finalmente se te dio lo que buscabas?

–Lo mío es mucha autogestión. Hacer, hacer, hacer. Ese es mi estilo de vida. La razón por la que tuve estas oportunidades es porque iba a las productoras, golpeaba las puertas y les decía convencido que me tenían que contratar. “¿Quién sos?”, me preguntaban. ¡Nadie! Pero tenía muchas ganas de laburar. ¿Por qué funciona la danza de la lluvia? Porque no paran de bailar hasta que llega el agua. Por eso llegan las cosas, y trato de hacerlo de la mejor manera. Nunca estuve atrás del dinero, honestamente, no es algo que me interese. Sí me importa hacer cosas lindas, que los personajes sean distintos uno del otro, habitar las diferentes partes de las personalidades.

–Estudiaste Ingeniería, Diseño Industrial y decidiste volcarte a la actuación. ¿Hubo mucho de autoconvencimiento, de un instinto personal, para seguir este camino?

–Sí, el hambre te mueve, te trae cosas copadas. Quizás hubiese sido más fácil quedarme en el diseño industrial, no sé, pero estoy contento con el camino y con el resultado, afortunadamente. Siempre trato de tomar aprendizajes. Eso me dio el trabajo, además de conocer colegas que te acompañan, te ayudan, aportan su conocimiento. Me encontré con gente muy generosa. Lo que uno vive como actor es abrumador. Podés tener amigos que te aconsejan sabiamente, y los valoro muchísimo, pero no pueden darte su palabra vivencial, por eso está bueno tener colegas que hayan transitado algo parecido. Creo que la buena onda que uno tiene se contagia y vuelve, es una parte del todo: sólo con la familia, los amigos o los compañeros no podrías estar bien, es una combinación.

–¿Qué planeás para el año que viene?

–Mi idea es seguir trabajando. Te habrás dado cuenta de que no me quedo mucho quieto, tengo ganas de hacer. Cuando paro, sí me gusta ir a la playa a surfear, conectarme con la naturaleza. Pero si estoy acá no me gusta estar sin hacer nada. Cuando trabajo comparto tiempo con gente muy talentosa, aprendo; eso es lo que más me atrae de vivir, estar en constante aprendizaje y superarse a uno mismo. Eso se logra poniendo mucho de uno y nutriéndose de los demás.

–Llegaste en moto a la charla y acá estás rodeado. ¿Armaste la tuya?

–Sí, el diseño industrial ha rendido sus frutos (risas). Suelo moverme bastante en moto, me da un respiro espectacular para andar de un lado al otro por la ciudad. La armé en el taller de un amigo, en Carrera Motorcycles. Cuando no estoy con una tira aprovecho para meterle mano a la moto, al departamento… La lista de cosas para hacer es grande, nunca dejo de tomar clases de actuación, aprovecho también para escribir más o darles más tiempo a los ensayos.

–También sos muy activo en las redes sociales, ¿disfrutás del contacto cerca-no con los seguidores?

–Sí, trabajo mucho con eso, lo trato como un canal para el que pienso y produzco cosas. Trabajo con fotógrafos, hacemos videos, uso drones, busco vueltas diferentes. Le doy un valor agregado que gusta. Es un uno a uno con los que están del otro lado, sin intermediarios. La idea es seguir documentando varios aspectos de mi vida: el surf, las motos, la aventura. Me permite jugar y mostrar todo lo que me gusta hacer. Hace un tiempo viajé a los Estados Unidos, recorrí desde California hasta Nevada en un Mustang descapotable; fue alucinante y también me divirtió poder compartir esa experiencia con un sentido estético. Sí suelo ser bastante reservado con mi familia, como para no confundir las cosas. A veces me lo piden pero es mi tesoro, prefiero mantenerlo así.

–¿Tu trabajo como modelo te dio herramientas para la profesión de actor?

–Me dio cosas para las fotos, pero en el ser actor hay algo como de creértela que a mí me costaba. Uno tiene que hacerse cargo de las herramientas de trabajo que tiene y, ahí sí, creérsela un poco. En mi vida cotidiana intento llevarlo al mínimo, pero el trabajo me pide llegar a lugares que antes me resultaban difíciles porque aposté a lo contrario, a no creérmela. Pero tenés que comprar un poco el personaje que estás haciendo. No quiere decir que crea que soy el mejor actor, porque no, eso marca un techo muy bajo, tenés muy poco para progresar si creés que sos espectacular. Hay que estar enfocado en ir para arriba y para eso tenés que estar con los pies en la tierra.

–¿Con qué de todo lo que estuvo pasando habías soñado alguna vez?

–¡Con todo y más! Quería hacer algo de época, fue Historia de un clan. Llegué al cine, como contrafigura de Diego Peretti, que no es poca cosa. Soñé con irme a Los Ángeles y lo hice. Soñé con escribir. De chico usaba mis juguetes para hacer mi propia película. De eso me di cuenta ya de grande. Está bueno volver a como eras en aquel momento, es el yo más genuino. Tocar esas teclas me fascina, estoy realizado, muy feliz con el presente. Sigo para adelante porque no hay que conformarse ni quedarse en el confort. Hay momentos en los que bajás unos escalones o momentos de crisis. Pero este año fue de disfrute y aprendizaje.

Agradecimientos: Multitalent Agency, Herencia Argentina y Converse