EN UN TEXTO QUE SE VIRALIZÓ INSTANTÁNEAMENTE CON UNA APROBACIÓN MASIVA, LA GUIONISTA DE LAS ÚLTIMAS Y MÁS EXITOSAS FICCIONES DE POL-KA UTILIZÓ SU COLUMNA EN LA REVISTA DE LA NACIÓN PARA CONTAR QUE SU EX PAREJA LA GOLPEÓ. EN ESTA CHARLA, LA AUTORA NOS RELATA EL PROCESO PERSONAL QUE LA LLEVÓ A USAR SU VOZ.

Carolina contó que su novio le pegó. Lo hizo con lujo de detalles, como una buena guionista sabe hacer, desde las páginas de la revista dominical en la que escribe. Contó que su ex pareja la agarró del pelo, que la empujó contra una pared, que le dijo que la iba a matar. No escatimó ni un detalle para describir el infierno que le tocó vivir. Y aunque algunos crean que eso era todo lo que Carolina tenía para decir al respecto, es sólo el comienzo, sólo una parte de algo mucho más grande. “Lo que me interesa a mí, de mi rol como mujer, tiene que ver con la responsabilidad que tengo y con el papel que ocupo y para quién lo ocupo. No hay nada que a mí me importe más que escribir y ser mujer. Y ser mujer tiene que ver con el rol que ocupo pero también con el lugar que tienen todas las otras mujeres que yo conozco.”

–¿Sentís que tenés un espacio privilegiado?

–Sí, porque tengo la posibilidad de tener voz. Escribo en la revista del domingo y en el prime time, son los lugares de mayor masividad. Y lo único que me importa del poder es para qué lo tenés. A mí me interesa en tanto pueda decir cosas, y yo puedo tomar decisiones de qué se dice en un programa, qué cuento, a quién le hablo, cómo. Ese poder para mí es muy importante en la construcción de la mujer, todo lo que escribo está atravesado profundamente porque soy mujer. Es algo que me importa mucho y en este momento es necesario hablar de eso.

“Las mujeres no dicen que son feministas porque tienen miedo de ser menos atractivas para los hombres, y para los únicos hombres que van a ser menos atractivas es para los machistas, que son los que queremos lejos.”

–¿Siempre lo sentiste así?

–Sí, desde muy chica tuve muchos problemas con mi aspiración como mujer, mis necesidades y lo que pasaba. No podía entender la dinámica de las mujeres en la sociedad. No podía entender lo que hacía mi mamá, las amigas de mi mamá, no podía entender lo que me decía mi papá.

–¿Tu casa era machista?

–Sí, por supuesto, pero yo era muy rebelde y solitaria. Teníamos unas peleas tremendas con mi papá por esos temas, pero él ya no es como era en ese momento. Ahora subo artículos de Virginie Despentes o de cualquier feminista a mi Facebook y me comenta los temas, a mí me alegra eso.

–¿Te reconocías cosas machistas igual?

–Sí. Y me doy cuenta de que pasaba hasta hace muy poco. Con mis amigas hablamos todo el tiempo de cómo nos encontramos y nos reconocemos en actitudes. Yo siento que nunca fui tan amiga de mis amigas como ahora. Hay algo que pasó con las mujeres en los últimos dos años y es que nos acercamos más. Supongo que cambió después de la primera marcha de Ni Una Menos; entendimos que tenemos que dejar de luchar contra otras mujeres. Y también el hecho de que estemos atentas a las otras, antes tenías una compañera de oficina que venía con moretones y todos decían “yo no me voy a meter”. Hoy no pasa eso, y se nota que a los hombres también les interesa el tema. Hace poco en el gimnasio me pasó algo muy alucinante: con mi entrenador hablamos mucho del asunto, yo lo reto y le corrijo cosas y a él le reinteresa. Hace un tiempo viene y me dice que había un tipo hablándole muy encima a su novia. Le había trabado la máquina, él se dio cuenta porque es entrenador; ella estaba inmovilizada. Y me dice “ jate cómo está ella”, que estaba como a la defensiva. “Si no le hizo nada, no tendría por qué estar así”, me dijo. Que mi entrenador esté atento a eso es algo que antes no hubiera pasado.

–¿Ese cambio se lo atribuís a las dos marchas de Ni Una Menos?

–Sí. Marcela Ojeda, periodista y productora radial, fue la primera que puso el tuit de #NiUnaMenos. Ella dijo: “Nos están matando, ¿no vamos a hacer nada?”, por el caso de Chiara Páez, de 14 años. En ese momento alguien se dio cuenta de que había que decir “basta” y unos días después me comentaron de la marcha, yo lo puse por Twitter y se me cagaban de risa. Incluso, un tipo con el que estaba saliendo en ese momento me dijo: “¿Vos también con esta boludez?”. Hoy les daría mucha vergüenza. En ese momento nos ridiculizaban, pero se callaron cuando vieron que había 300 mil mujeres. Nunca habían visto 300 mil mujeres juntándose por otra mujer y por ellas. Ahí empezó a cambiar todo. Cuando vieron que había concentración de poder dijeron “acá está pasando algo”.

-¿Qué pasó durante esas horas que transcurrieron entre que entregaste la columna donde contabas que tu novio te había maltratado hasta que salió publicada?

–Yo pensé que iba a estar mucho más angustiada. Vino una amiga a dormir por si me angustiaba o me daba miedo. Al otro día, a las nueve de la mañana, estaban todas mis amigas y se quedaron a pasar el día conmigo porque yo no sabía ni cómo iba a reaccionar la gente ni qué iba a hacer mi ex.

–¿Y qué pensabas?

–Que la columna estuviera bien escrita. Lo único que me preocupaba a mí era eso.

–¿No tenías temores? ¿A que te llame tu ex, a tener que enfrentar alguna situación?

–Sí. Tal vez lo que pensé es que podía ser un infierno todo lo que vendría después, que me iban a decir cosas feas, que no me iban a creer, que me iban a juzgar, que él podía tomar represalias. Pero a mí me alivió mucho algo que me dijo una de mis mejores amigas: “Vos escribí lo que tengas que escribir que lo que venga después lo vamos a atravesar juntas”. No había nada peor que callarse y ocupar el rol que ocupo callándome. Me di cuenta de que lo que a mí me angustiaba no era lo que había pasado, era callarme. A mí no me importa humillarme, no me importa nada, no me interesa nada mientras sea algo que yo tengo para decir y para contar. Sentía que el daño más grande que él me había hecho no era pegarme esa noche sino transformarme en una persona que no soy: una persona que tiene miedo, una persona que no está escribiendo sobre lo que tiene que escribir.

–¿Cómo se hace para perderle el miedo a la palabra “feminismo” y desterrar esa idea de que es machismo a la inversa?

–El otro día, cuando yo conté esto, un hombre que trabaja haciendo estadísticas en el Congreso dijo: “¿No se da cuenta ella que contando esto es menos deseable para los hombres?”. Eso es lo que piensa el machismo; que al decir algo de esto se crea una ilusión de que tenés un problema, de que sos una quilombera. La carga siempre está puesta en la mujer. Y una de las cosas es que han demonizado la palabra “feminista”. Las mujeres no dicen que son feministas porque tienen miedo de ser menos atractivas para los hombres. Y no se dan cuenta de que en realidad para los únicos hombres que van a ser menos atractivas es para los machistas, que son los que queremos lejos. Es un prejuicio que hay que derribar. Este es el momento para meterse los “peros” en el orto. Yo soy feminista y punto. Las mujeres nos tenemos que dar cuenta de lo importante que es salir y decirlo. Si hay mujeres que no lo dicen es porque creen que van a ser menos deseables o que se identifican con esa figura mitológica del feminismo que no existe. Lo único que quiere el feminismo es igualdad de derechos. Hay algo de esa construcción de que el feminismo es algo dañino, raro, de que sos fea, machona; lo asocian con cosas insólitas que no tienen nada que ver.

–¿Con qué te gustaría que se quede la lectora de esta nota?

–Lo que más me gustaría en la vida es que cualquier mujer que a mí me lea o mire un programa de televisión mío empiece a decir que es feminista y entienda lo importante y lo lindo que es serlo. Que sea más amiga de sus amigas, que sea más amiga de las otras mujeres, que deje de juzgar a las mujeres por cómo se relacionan con los hombres, que dejemos de pelear entre nosotras. Pero lo que más me gustaría es que las mujeres se empiecen a reconocer como feministas y le pierdan el miedo a la palabra. Es muy importante. Hay algo de reconocerse en esa palabra, de encontrarse con la otra, de hermanarse en la misma búsqueda, que es muy genial y que no tiene nada que ver con la relación con los hombres.

–¿Y el lector?

–Que el feminismo no es una bruja que quiere salir a incendiar tipos o que está enojada o que está herida, sino al contrario. Que no hay nada alarmante ni preocupante ni amenazante en eso. Si sos un hombre de bien ya sos feminista. Cualquier persona de bien ya es feminista porque cualquier persona de bien quiere que todos tengamos los mismos derechos. Está en la naturaleza. Lo natural es ser feminista.

Styling: Lucía Numer

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