Tras la reconciliación publica de Axl Rose y Slash, la banda emblemática de los noventa llega a nuestro país en una de las visitas mas esperadas del año.

Pocas veces un secreto estuvo tan mal guardado y generó tanta sorpresa a la vez. Hasta el 4 de enero de este año –el día en que todos los rumores de los meses previos se confirmaron–, la única certeza que había sobre Guns N’ Roses era que el regreso de la formación original de la banda liderada por Axl Rose no se iba a producir en esta vida. Así de literal y así de terminante. En 2012, a la salida de un hotel junto a Lana del Rey, los cazadores de chismes de TMZ abordaron a Axl para saber si existía la posibilidad de que volviera a compartir escenario con Slash, Duf McKagan, Izzy Stradlin y Steven Adler. “Not in this lifetime” (“No en esta vida”), respondió. OK. Los rumores tenían un porqué. Hace poco más de un año, el 21 de agosto de 2015, Slash le dijo a un canal sueco de televisión que sus diferencias con Axl Rose habían quedado de lado, que eran nuevamente amigos y que estaban en buenos términos. A partir de ese momento se dispararon todo tipo de conjeturas hasta la confirmación final de enero. Resulta imposible precisar si Axl se dio cuenta de que la versión de GNR que venía comandando desde finales de los 90 (una especie de banda tributo liderada por él mismo) no iba hacia ninguna parte, o si un cambio de medicación dio en la tecla, o qué. Lo cierto es que luego de un primer llamado a Slash, de una reunión con Duf y de una cena conjunta en su casa de Malibú, se terminaría de sellar un pacto (y un contrato, claro) del que, todavía hoy, se sabe poco y nada. Si bien el regreso es a medias (a Axl, Slash y Duf los acompañan Frank Ferrer en batería, Richard Fortus en guitarra y Dizzy Reed y Melissa Reese en teclados; ni Izzy ni Steven tienen lugar fijo en la gira), tiene sabor a triunfo. Que la dupla Rose-Slash se volviera a juntar era una de las grandes deudas pendientes del rock. ¿Vuelven por dinero? ¿Realmente se amigaron? ¿La pasión y la adrenalina de volver a reunir a una de las bandas más grandes de todos los tiempos fueron más fuertes que todo? Poco importa ya, y fiel a su propia historia, sólo ellos saben la verdad.

Hace poco mas de un año, Slash le dijo a un canal sueco que sus diferencias con Axl habían quedado de lado y eran nuevamente amigos.

DES-CRONOLOGÍA

Guns N’ Roses se despidió de su etapa más popular el 17 de julio de 1993, cuando la banda dio su concierto fnal en el estadio de River Plate, en Buenos Aires, después de una gira que duró dos años y medio. Eran los forajidos, la clase de gente que espantaba a los padres y enamoraba a los adolescentes. Sonaban en todas las radios, vendían millones de discos y llenaban estadios en cada ciudad donde tocaban; pero puertas adentro la convivencia y el diálogo casi no existían. Los problemas habían empezado con el baterista Steven Adler, a quien despidieron por drogarse demasiado, aún más de lo establecido de manera tácita en los altos estándares de tolerancia de la banda. Luego sería el turno del guitarrista Izzy Stradlin, quien no soportó la popularidad desmedida, las giras interminables y que la banda que había fundado se hubiera convertido en una empresa, y renunció. Sus partidas fueron complicadas, pero no alterarían el ritmo interno de la banda, que continuó con reemplazos para ambos. Pero con Axl recluido en su propio mundo de conflictos personales y traumas de la infancia, con Duf y Slash en un sube y baja de adicciones al alcohol y al crack, y con una relación que sólo funcionaba a través de sus managers, todo terminó tan rápido como se esperaba. GNR había explotado, había conseguido ser la banda de rock más grande del mundo y se había consumido. Todo en apenas ocho años.

De regreso a sus respectivas vidas, parecía no haber futuro para GNR, y los diferentes intentos para reunirse y volver a componer no funcionaron. Duf, Gilby Clarke (el reemplazo de Stradlin) y Slash dirigieron su fuerza creativa hacia sus respectivos discos solistas o proyectos paralelos, dado que todos tenían diferentes criterios acerca de cómo debía ser el próximo disco del grupo. No es casual que la última canción que grabaron juntos haya sido un cover, el de “Sympathy for the Devil”, de Te Rolling Stones, incluido en la banda sonora de Entrevista con el vampiro. Hacia 1997, el único miembro original de la banda era Rose, quien había contratado a un grupo de músicos con la intención de grabar un nuevo álbum y salir de gira. Las giras estuvieron, pero fueron erráticas y con cambios permanentes en la formación de la banda, y ese disco, Chinese Democracy, fue editado recién en noviembre de 2008, cuando el mundo había cambiado y los discos ya no se vendían como antes. Habían pasado más de diez años de anuncios y 14 millones de dólares en producción, que lo convirtieron en el disco más caro de la historia.

EL ADN IMPREDECIBLE

Guns N’ Roses siempre fue una banda impredecible. Cuando irrumpieron en los escenarios de Los Ángeles con esa mezcla única de punk, hard rock, blues y glam, nadie sonaba como ellos. Appetite for Destruction, su disco debut, nunca quiso ser pretencioso en una época de discos pretenciosos. Y cuando en septiembre de 1991 todo lo que se usaba era ser grunge y odiar el éxito, aparecieron los Use Your Illusion, dos discos largos y complejos que ampliaban el espectro musical con 30 canciones, que incluían baladas, canciones folk y largas piezas de hasta diez minutos. Ya sea con el sonido acústico de G N’ R Lies o con el industrial de Chinese Democracy, GNR nunca pretendió ser un refejo más que de sí mismo. En su música no hay posiciones políticas, ni postales de época, ni lecturas de la realidad que no vayan más allá de ellos mismos.

Guns N’ Roses tocó por primera vez el 6 de julio de 1985, y dio su show de regreso el 1 de abril de 2016, ambos en Te Troubadour, un local para 150 personas en Santa Monica Blvd, en West Hollywood. ¿Qué otra cosa podía hacer una banda con tres dé- cadas de historia, que supo estar en lo más alto pero que también supo ser una caricatura de sí misma, para volver, gustar y golpear de la misma manera? El plan de marketing del regreso fue perfecto, a escala global, acondicionado a los ritmos digitales, plagado de simbología y cargado de la mística incierta que siempre rodeó a la banda. Incluso el nombre de la gira se ríe de sus propios dichos: Not in This Lifetime Tour. Con Te Rolling Stones, Aerosmith o Metallica como excepción, ya no existen grupos así.

GNR eligió no hacer anuncios sobre su vuelta: simplemente puso el clásico bullet logo de la banda en su página web y en sus redes sociales, y el boca en boca hizo el resto. GNR eligió que ese primer concierto sea anunciado con unas pocas horas de anticipación, y que las entradas sean repartidas en el ex local de Tower Records donde Axl trabajaba y Slash robaba casetes. GNR no dijo ni mandó a decir que quizás harían una gira de 25 fechas por los Estados Unidos: simplemente un día la anunció y todo resultó bien, con Axl saliendo a horario y con la banda sonando como nunca. Y llegó el anuncio del tour latinoamericano, que llegará a la Argentina con un primer show en Rosario, y el 4 y 5 de noviembre en River, ahí donde todo terminó con ese último abrazo que marcó a fuego el deseo de miles y miles de fans: “Que se vuelvan a juntar”. Así en Hollywood como en Núñez, la Argentina puede decir que también forma parte de esa simbología, en la que aquel final tiene revancha. Y eso, después de tantos años, también es una sorpresa.