Consiguieron la atención de todos con “Please me” y ahora regresan con nuevo álbum: una apuesta menos estridente pero tan ecléctica y pegadiza como siempre. Hits, samplers, sonidos y ecos de la movida dance, en la voz de tres músicos que reniegan del gueto.

Lejos de ser multitud (de hecho, siempre están acompañados por alguien más), los tres músicos congregados bajo el nombre de Poncho (Fabián Picciano, Javier Zuker y Leandro Lopatín) corroboran en su lugar otra máxima: que la unión hace la fuerza. De bagajes diferentes, los integrantes de esta banda saben compartir sus archivos, laptops, discos rígidos y también instrumentos para conseguir un sonido que siempre despabila a la escena local. Arrancaron en 2009, cuando arrasaron con “Please me” (en la voz de otra rara avis, Maxi Trusso), y desde entonces siempre son noticia. En marzo se presentarán en una nueva edición local del festival Lollapalooza, en donde ofrecerán los temas de su tercer y flamante disco de estudio, Joya, que contiene una variopinta lista de cantantes invitados: Melingo, Mimi Maura, Anita Álvarez de Toledo y Andy Chango, entre muchos otros.

¿Bajaron un cambio con este álbum?

Fabián Picciano: –Sí. Es un disco menos estridente que los anteriores. Notoriamente. Las canciones tienen más aire, un relax diferente.

Javier Zuker: –Si estábamos acostumbradas a trabajar en 130 bpm (beats per minute), acá bajamos ese promedio a 105, ponele.

¿Hay una metáfora escondida ahí? ¿La estridencia es más propia del arranque y ahora llegó el tiempo de la calma y la reflexión?

J. Z.: –No lo sé. La verdad es que en el primero no teníamos idea de hacia dónde ir, y ahora…

F. P.: –¡Ahora tampoco! (risas). Fue un proceso, empezaron a aparecer las canciones y ahí vimos que no serían tan al palo. No fue premeditado, surgió de manera natural.

¿No se pierden chances de lograr un hit bajando las revoluciones?

J. Z.: –No nos ponemos a laburar pensando en si esto pegará o no. De hecho, elegimos un camino sin tanto atractivo comercial previo: no tenemos cantante, hacemos electrónica… No planeamos ni imaginamos el éxito de “Please me”, para nada.

L.P: –Por supuesto que los hits son hermosos, hacen que tu música trascienda un poco más, pero hay miles de factores en juego para que eso suceda.

F. P.: –El hit lo decide la gente, nadie más.

¿Qué cosas pierden y qué otras ganan al no tener un cantante estable?

J. Z.: –Ya estamos acostumbrados a que sea así. Me parece que se generó una dinámica muy buena, ya que el que viene suele sentir que llega a un terreno nuevo, inexplorado. Sacamos a cada cantante invitado de su hábitat natural, y eso es genial.

L. L.: –Sí, para mí lo mejor es que podemos compartir música con gente de todo tipo y que, encima, no tenemos que lidiar con el ego de un cantante, algo que ya es un clásico en este mundillo. Lo peor es la logística de cada fecha: ver quién o quiénes vienen, cómo, etcétera.

¿A quién les gustaría tener de invitado?

F. P.: –Ya haber contando con el gran Luis Alberto [Spinetta] en el primer disco fue algo tremendo. Para apuntar más arriba, no sé, deberíamos atravesar el cielo.

L. L.: –John Lennon me encantaría. Pero habría que samplear su voz ya que… “John is dead!”.

J. Z.: –A mí, en su momento, se me ocurrió escribirle por Twitter al cantante de The Beta Band, Steve Mason. No me con contestó (risas). Fuera de broma, siento que hoy, con las redes sociales, es muy sencillo cruzar fronteras de todo tipo.

“No nos ponemos a laburar pensando en si esto pegará o no. De hecho, elegimos un camino sin tanto atractivo comercial previo: no tenemos cantante, hacemos electrónica… No planeamos ni imaginamos el éxito de ‘Please me’, para nada.”

Javier, vos tenés un pasado muy ligado al rock nacional, ¿verdad? Sumo, Soda Stereo, Virus…

J. Z.: –Yo tuve dos grandes quiebres a nivel musical: los 80, con esa movida local, y los comienzos de los 90, cuando viajé a Londres y viví de cerca la explosión DJ. Cuando vi in situ (con bandas como Oasis, Blur, Fatboy Slim, The Chemical Brothers) que se podía mezclar rock y electrónica, mi cabeza volvió a explotar.

F. P.: –Cuando sos adolescente, además, todo eso te impacta de otra manera. Es una sensación muy loca. Todo te gusta, te deslumbra. Querés vivir de joda, viendo bandas sin parar. Sumo y Luca eran de otro planeta.

Más allá de ustedes, en nuestro país no hay muchas bandas que puedan definirse como electrónicas.

F. P.: –La verdad es que rehuimos de las etiquetas. Lo que hacemos son canciones, para las cuales utilizamos elementos electrónicos, como samplers, ecualizadores o máquinas de ritmos, pero no somos talibanes de la electrónica. También usamos guitarras, bajos, estrofas, estribillos… Metemos todo eso en el estudio.

¿Creen que ya está cerrada la grieta entre el rock y la electrónica? Esa que abrió Pappo cuando le dijo a DJ Dero: “Vos no tocás nada”, en el programa de Nicolás Repetto.

F. P.: –Uhhh. Es una polémica histórica esa. Pasan los años y la gente la sigue recordando. ¿En qué año fue? No sé si se cerrará alguna vez esa grieta (risas).

J. Z.: –Mirá, yo soy bajista hace años, me siento músico, productor y también trabajo de DJ. Y nosotros somos una banda, no somos DJ. Utilizamos samplers con fines musicales. Kanye West es un genio del sampler. Más allá de eso, mi deseo es que no exista ninguna grieta. Pappo quizá diría que Kraftwerk es malísimo, no lo sé. A lo que voy es que no hay que pensar quién tiene más razón en esto de tocar o no. Lo mejor que nos puede pasar es tener una variedad musical enorme. A mí me gusta el reggae, el ska, la música africana, el rock, el pop… Cuanto más amplios podamos ser, en todo sentido, mucho mejor.