“¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.” Una nueva mirada sobre el soliloquio más famoso del drama español.

La nueva física parece revalidar el monólogo que Calderón de la Barca pone en boca de Segismundo cuando analiza en profundidad los aspectos de la realidad en relación con la relatividad especial. En un reciente artículo de la prestigiosa publicación especializada Scientific American, el tema de la realidad a escala cuántica es abordado desde una perspectiva que evolucionará nuestra actual comprensión científica de la naturaleza fundamental del universo. En “El jardín de los senderos que se bifurcan”, Jorge Luis Borges, nuestro gran genio de la literatura, había propuesto que el universo es un laberinto atemporal de porvenires que se ramifican en tantas posibilidades como un sueño lo permite. Borges es uno de los brillantes escritores que permite a los científicos algo impensado: leer la literatura como ciencia.

LA “NO LOCALIDAD” DE LA FÍSICA CUÁNTICA

Para entender este complejo paradigma de la ciencia, primero se debe formular la siguiente pregunta: ¿qué es exactamente la no localidad? Bueno, esto probablemente podría entenderse mejor por su contrario: el principio de localidad, según el cual los objetos pueden reconocerse, tocarse e interactuar con ellos por ocupar un espacio físico específico. Básicamente, sólo se puede influir en un objeto por contacto físico directo. En la no localidad, los objetos pueden encontrarse en cuanto espacio sean requeridos, ocupando todos los espacios posibles y, a la vez, pueden influirse entre sí a través de la vasta distancia del espacio, sin fuerzas en el medio o cadena de eventos. Esto ha sido verificado científicamente y es bien conocido en la comunidad científica como “entrelazamiento cuántico”. Bajo esta dinámica, dos objetos tienen la capacidad de influirse entre sí y en los demás a través de millones de millas más rápido que la velocidad de la luz, desafiando por completo nuestra percepción mecanicista newtoniana del universo y el mundo en que vivimos. Para comprenderlo de una manera más sencilla, Borges aborda esto en el “El jardín de los senderos que se bifurcan” cuando nos dice que algo se ramifica en tantas posibilidades como un sueño lo permite.

Científicos cuánticos de la talla del británico David Bohm proponen que el verdadero mundo real subyace al que nosotros consideramos como tal, en una dimensión superior a la que somos capaces de percibir conscientemente. Si tomamos en cuenta esta teoría, tendríamos que tomar en serio la idea de que la historia del mundo se juega a cabo, no en el espacio tridimensional de nuestra experiencia cotidiana o de espacio-tiempo, sino en un espacio de cuatro dimensiones de la relatividad especial, en una verdadera sopa cuántica de información desde la cual la realidad colapsa de alguna manera emergiendo y dando confguración a la ilusión de la tridimensionalidad.

Nuestra idea tridimensional de localidad tendría que ser entendida como emergente de dicha prerrealidad cuántica que podría ser nuestra ventana a este nivel más profundo de la existencia que sólo nuestra mente en un estado supraconsciente es capaz de percibir.

Por lo tanto, la creación de nuestro día a día, las experiencias “reales”, serían un reflejo exacto de lo que sucede en un aspecto intangible de la mecánica más profunda de creación del universo, la cual parece desafiar la lógica de la física conocida. Esto significa que si los objetos se pueden conectar no localmente en una realidad superior a nuestra experiencia tridimensional, entonces el universo entero podría ser, en esencia, un gigantesco pensamiento de una mente suprema que interactúa con cada una de nuestras mentes humanas, proyectando en nuestra existencia tridimensional lo que tanto individual como colectivamente le solicitamos inconscientemente que manifieste. La no localidad nos demuestra que, a niveles profundos de la realidad, la distancia tal como la percibimos no es más que una ilusión y que el universo existe fundamentalmente en ninguna parte y en todas al mismo tiempo.

El universo mismo no está compuesto de espacio, porque el espacio implica la distancia, y la distancia es una ilusión como lo son todas las dimensiones en las que vivimos por pura virtud de la propiedad de la no localidad. En este sentido, el universo sólo puede existir como una proyección ilusoria, que, a su vez, sólo existe como realidad en nosotros para permitir nuestra propia manifestación y vivenciarnos en dicha ilusión que palpamos como real.

Como en el filme Matrix, el mundo que percibimos no sería real, sino una mera ilusión que nos impide ver la verdad que existe objetivamente y que no posee formas sino información. El mundo virtual es lo más semejante para alcanzar a comprender esta fantástica teoría.

Los datos, fotos, relatos, contactos, comunicaciones, etcétera que almacenamos en la nube no existen como tales, sino que son simplemente un cúmulo de información almacenada como bytes que cobran sentido a nuestra percepción y toman forma cuando son traducidos por nuestra tecnología, que los convierte en imagen, palabra, sonido, etcétera.

En última instancia, esto significa que toda la realidad física tal como la percibimos es una ilusión y sólo existe en un sueño ilusorio como estado. En lugar de la realidad que se está viendo como newtoniana y mecanicista, en el contexto de la no localidad es probable que sea mejor entendida como un sueño, ya que tiene las mismas propiedades de las experiencias oníricas.

Científicos cuánticos de la talla del británico David Bohm proponen que el verdadero mundo real subyace al que nosotros consideramos como tal, en una dimensión superior a la que somos capaces de percibir conscientemente.

DE CALDERÓN DE LA BARCA A LAS HERMANAS WACHOWSKI

Varios siglos después de que el dramaturgo español Pedro Calderón de la Barca escribió una de sus obras maestras, dos hermanas de Chicago, Julie y Lana Wachowski, sorprendieron al mundo con el flme Matrix, una moderna versión de la vida como sueño. Pero ni Calderón de la Barca, ni Borges y menos las hermanas Wachowski fueron los pioneros de la teoría. En La república, de Platón, el filósofo griego nos lo presenta en la alegoría de la caverna. En el relato, los hombres son encadenados al nacer y obligados a ver sólo las sombras de los objetos reales. Sin embargo, uno de los cautivos logra liberarse y escapar a la realidad, descubriendo el mundo más allá del mundo. Ese es el viaje que se les plantea tanto a Segismundo como a Neo.

La idea del mundo como un sueño no sólo está en la base del autor más importante de la filosofía occidental clásica, sino que es fundamental en gran parte del misticismo y la teología de muchas religiones orientales, cuando a la misma realidad se la conoce con el nombre de “maya”, que no significa otra cosa que “ilusión”. En el hinduismo se suele considerar que la realidad o todo el universo de cosas materiales y que aparecen como existentes son ilusorias, es decir, hacen el tejido de la maya y que, por ejemplo, los seres humanos solemos tener “karma” al quedar atrapados en la trampa de la ilusión. Según la doctrina advaita, la multiplicidad de este mundo fenoménico existe para que las almas en evolución se manifiesten como separadas en un teatro vivencial, para finalmente comprender que la experiencia de maya como irrealidad existe para alcanzar como finalidad la unidad esencial del todo. Bajo esta perspectiva del credo filosófico hindú, la maya o ilusión es necesaria para que cada ser y objeto físico, desde la perspectiva de la eternidad, sea como una breve y perturbada gota de agua que es separada espacial y temporalmente de un océano sin límites al cual pertenece. La meta de la autorrealización espiritual es entender esto, sentir intuitivamente la diferencia entre el yo y el universo como todo indivisible, como una falsa dicotomía, puesto que la idea de que la experiencia en la materia física es un paso finito del ser eterno. Una experiencia en la que el espíritu y el cuerpo son cosas diferentes, y la vida en maya como el resultado de una no iluminada perspectiva para experimentar la ilusión de la separación.

Lo que esto parece dar a entender es que el universo entero es un constructor mental y existe únicamente en una gestalt psicológica, porque dentro de una gestalt psicológica, el espacio, las dimensiones y el tiempo son todas las construcciones posibles dentro del jardín de los senderos que se bifurcan.