La menor del clan Kardashian tiene 19 años y su propia línea de cosméticos y de extensiones de pelo. Es la más popular de Snapchat (a nivel mundial) y se jacta de tener ochenta millones de seguidores en Instagram. ¿Quién no quiere ser ella?

A su corta edad, la vida de Kylie Jenner es un gran remolino: entre otras curiosidades, escribió una novela de sci-fi junto a su hermana Kendall; en su casa de Beverly Hills tiene encuadrada una foto del paso por la cárcel de su novio, el rapero Tyga (con quien sale desde 2014), y de poder ser una de sus hermanas por un día, “elegiría ser Kim Kardashian”.

Apenas un párrafo lleno de hits para la más chica del clan Kardashian-Jenner, nombrada en 2014 por la revista Time como una de las 25 teens más influyentes del planeta.

Socialité, reality star y empresaria, en el high school de Calabazas, el condado marca insignia de las K, estaba orgullosa de ser porrista.

Si hay algo que es símbolo del american way of life en la época millennial y de la cultura like son las Kardashians, todo un modelo aspiracional para la fama, donde la construcción digital de belleza comienza por el contouring y termina en una selfie en la que parecen esas muñecas posquirófano que desean todos pero en realidad nadie quiere. Para Kylie, todo lo que pueda mostrarnos en las redes sociales es poco: un primerísimo primer plano de las tetas estalladas en una remera básica escotada, una nude cubierta en pintura, un video agitando la pelvis o, simplemente, una selfie ginecológica en pantalón de cuero reflejada en un espejo de uno de sus obscenos autos.

“ He sido famosa toda mi vida, me gustaría saber cómo se siente no serlo. “

“Es duro ser juzgada por el mundo entero.” Apuntan a ella en los siguientes puntos: 1) su dudoso gusto, 2) su proyección como mujer-mercadería, 3) su reconstrucción a través de las cirugías para encarnar un estereotipo ganador y dejar de ser el patito feo del reality el star system del mundo fashion: los críticos más agudos insisten en que las Kardashian podrán aparecer en todas las ediciones de moda, pero seguirán siendo consumidas irónicamente. De que Kylie se erige como mujer objeto no hay duda: pone el cuerpo por delante de cualquier idea y aunque sea más famosa que su novio rapper, le gusta hacer ese papel de la chica de turno. Sobre el último punto, recordemos la cara con la que conocimos a la menor del clan: sus despampanantes labios no existían y sus curvas eran una inversión a futuro, que luego cobraría el cirujano Simon Ourian, quien le hizo retoques de cadera, mentón, labios, ojos y busto. Finalmente, cuando no pudo negar más la intervención en su boca, Kylie, quien nos recuerda todo el tiempo que la vimos crecer en pantalla desde los nueve años, aceptó resigna – da en el show: “Quiero admitir que me pongo relleno temporal en los labios”.

“No me gusta usar maquillaje.” Contrariamente a lo que todos pensamos, a Kylie no le gusta usar make-up: sufre horrores la cantidad de pasos que hay que dar frente al espejo, comenzando por el complejo delineado de cejas que define toda su estética. En una entrevista reciente con Interview dijo algo muy difícil de creer, más teniendo en cuenta que uno de sus tantos negocios es el de los cosméticos. “Honestamente, detesto usar maquillaje. Siento que soy muy joven para usar tantos productos todo el tiempo. Sé que es malo para la piel, pero como todo el tiempo tengo que hacer fotos o estar en la red carpet, obviamente, quiero lucir bien”, reconoció.

“Sueño con estar fuera del radar de la gente.” Al parecer, a Kylie le resulta muy difícil lidiar con los niveles de fama que alcanzó con su aparición en el reality familiar junto a su papá, Bruce Jenner (luego convertido en Caitlyn), su hermana Kendall, sus medios hermanos Kim, Khloé, Kourtney y Rob y su madre, Kris, de quien parece ha – ber aprendido su habilidad en el business. “No me siento capaz de soportar todas las críticas. Claro que este tipo de vida tiene ventajas pero también puede ser difícil de sobrellevar. Crecés y cometés errores a la vista de todos”, contó. “He sido famosa toda mi vida, me gustaría saber cómo se siente no serlo.”

“Lo que quiero para mi futuro es hacer lo que quiero.” Hacía un año anunciaba que quería desarrollar una carrera en la actuación: “Amo diseñar, pero le quiero dar una chance a actuar, así que me gustaría probar. Solía hacer obras de teatro en el colegio y en el barrio hasta que cumplí los 13”. Ade – más de diseñar una línea de ropa junto a Kendall en colaboración para Top Shop, juntas crearon las Couture Pop, unas golosinas que se venden en la tienda de dulces Sugar Factory. Tan sólo algunos productos del emporio Kylie. “Hay mucho de mí que la gente no conoce.” ¿Cuánto de la verdadera Jenner hay en Snapchat e Instagram? “No soy yo misma. No soy totalmente yo. Soy un poco más flashera porque siento que es lo que la gente quiere ver de mí. Obvio que la gente quiere ver mis autos y mis carteras. La gente ama la moda, pero esa no soy yo.” ¿Y quién es la real Kylie? “Soy de las que nunca pensaría qué ponerme y no usaría maquillaje. Me gusta mucho hacer excursiones. A los 16 tenía un montón de ansiedad e iba a lo de mi mamá a escuchar Jack Johnson y miraba el cielo hasta que me calmaba. Y otra cosa que siempre me hizo muy bien fue mirar la puesta del sol con mis amigos.” Soy tan sólo una chica común encerrada en una jaula de oro a la vista de todo el mundo.

UNA CHICA FIT

Además de ídola teen y reina de redes, Kylie Jenner es la nueva cara de Puma Fierce, el calzado deportivo dirigido a las mujeres y el fitness. Una línea que apunta al estilo renovado y juvenil y que presenta un diseño más versátil, abandonando los cordones para dejar con ellos las ataduras: de esta manera, Puma apuesta en grande al training femenino. Así, de la mano de la menor de las Kardashian, la firma alemana se presenta más descontracturada y renovada pero, a la vez, conserva toda su fuerte marca deportiva. Una excelente combinación de funcionalidad y estilo urbano.