El concepto de “comida reconfortante” que puso de moda el chef inglés Jamie Oliver se resignifica. Ya no sólo se trata de platos power que evocan la cocina de herencia y compensan el ánimo: ahora son estéticos, saludables y dignos de postear

Puede ser un caldo de pollo, la pasta del domingo o los buñuelos de manzana en las tardes de lluvia. Desde 1996, tras una nota publicada en el Palm Beach Post que hablaba de obesidad, ese bocado que trae a la memoria épocas alegres tiene nombre y apellido: “comfort food”. En términos conceptuales, esta comida transmite sensación de hogar y se basa en algunos pilares: recetas caseras con productos de estación y platos potentes y sabrosos sin importar las calorías. Palabras como emoción, nostalgia y tradición se convirtieron en links inmediatos. Una especie de compensación frente al estrés y las angustias cotidianas que pueden ser mitigados sin culpa con lo mejor de la cocina de mamá. El chef inglés Jamie Oliver es su representante supremo (publicó un libro extenso con recetas para darse el gusto). En estas latitudes, Doña Petrona y sus platos abundantes inspiran a muchos de los nuevos restaurantes de la ciudad. Ahora bien, ¿cómo evolucionó el comfort food en los últimos años? Un estudio reciente realizado por la red social Pinterest (www. foodbusinessnews.net) confirma que sus miembros postean alrededor de 50 mil ideas sobre este concepto a diario y que la categoría creció un 140 por ciento en el último año. La investigación revela que lo que los usuarios consideran comida reconfortante está cambiando: ahora tiene una inclinación más saludable, tanto que las recetas veggies
se catalogan en esta sección. Y que además de evocativo y sabroso, confortable significa amigable con el medio ambiente, artístico y posteable. En el universo gastronómico porteño no hay restós 100 por ciento comfort food, salvo quizás La Alacena, de la chef Julieta Oriolo, o Perón Perón, de Gonzalo Alderete Pagés. Pero sí abundan cartas con distintas propuestas caseras que traen recuerdos de madre. Aquí, una selección con sabores que vale la pena probar y rememorar.

LE BISTROT (Av. Córdoba 946) Patricia Courtois hizo un menú homenaje a Doña Petrona (en
el ciclo Lunes Abierto) y en su restaurante de la Alianza Francesa ofrece lentejas, lengua a la vinagreta, sopas, paté rústico, cazuela de cordero con hojaldre, arroz con leche y más.

RITA (Olleros 3891) El pequeño bistró de Silvina Trouilh en Chacarita sirve delicias caseras, como tagliatelle de espinaca con tomates concassé y pesto de albahaca o un risotto de hongos del que dan ganas de comer la olla entera. A la tarde siempre hay tres tortas del día. LOS GALGOS (Av. Callao 501) Remozado este año, el clásico de Callao y Lavalle está ahora en manos de Julián Díaz y Florencia Capella, del mítico 878. Aquí reina la auténtica cocina casera: pascualina, revuelto gramajo, matambre con rusa, pastafrola y flan.

YEITE (Humboltd 293) El restó de la pastelera Pamela Villar en Villa Crespo se destaca por sus platos del día, pero lo dulce es una fiesta: ¿cómo no probar una vez en la vida su alfajor de maicena? Si hay un ranking de comfort food para golosos, merece el primer puesto.

OPORTO (11 de Septiembre 4152) Un clásico de Núñez que consolidó su propuesta de restaurante, vinoteca y rotisería de cocina porteña gourmet. Brilla por su carta casera: ossobuco al vino tinto, ñoquis en manteca, milanesas con spaghettini y arroz con leche.