EN LA MAYORÍA DE LAS TRADICIONES ANCESTRALES SE MENCIONA LA LLEGADA DE UN NUEVO CICLO DETERMINADO POR LA VUELTA DEL ORDEN NATURAL. SEGÚN LA RUEDA ZODIACAL, ESTO COINCIDE CON LA ERA DE ACUARIO, EL SIGNO REPRESENTADO CON EL CÁNTARO QUE DERRAMA EL AGUA DE LA VIDA Y SIMBOLIZA EL ÚTERO, MATRIZ DEL MUNDO.
LOS CICLOS DE POLARIDAD Y LA ALTERNANCIA SAGRADA

La mitología hindú sostiene que en tiempos remotos los devas (sus dioses) hicieron una alianza con los asuras (los demonios) con el fin de trabajar juntos alternando períodos de luz y de oscuridad. El mito ha perdurado hasta nuestros días, cuando la humanidad se halla en el ciclo de mayor oscuridad, señal inequívoca de que la claridad del amanecer de un nuevo mundo está cerca. El nuevo ciclo de luz vendrá acompañado por el despertar de la energía femenina en el planeta Tierra.

Todo está regido por ciclos de alternancia de opuestos. Todo es dual. Lo femenino y lo masculino se complementan, tal como lo hacen la oscuridad y la luz: al terminar la noche se da paso al amanecer del nuevo día. De igual forma, la regencia de lo masculino dará paso a lo femenino. El reinado de la energía masculina, que lleva miles de años, está aún representado por la imposición de la fuerza, las guerras, el patriarcado, la dominación del más fuerte y la competencia que poseen sus dominios en los países del hemisferio norte. Progresivamente, esto irá sucumbiendo producto de sus propia disonancia con las frecuencias de las energías femeninas y de luz que despiertan. El cetro lo heredará la mujer, cuyo reino, de polaridad opuesta, se asienta en el hemisferio sur, determinando la vuelta al respeto por la Madre Tierra. El matriarcado hará valer sus principios femeninos, como ya empieza a manifestarse en muchas regiones del cono sur. Es un despertar que ha comenzado a gestarse hace muchos años, pero ahora es el tiempo en el que la rueda se da vuelta, iniciando un nuevo conteo en el ciclo de la evolución planetaria. La Tierra tiene sus polaridades positiva y negativa (masculina y femenina, respectivamente). La positiva y masculina se manifiesta en el “arriba”: la cabe – za, lo mental planetario; mientras que la negativa y femenina rige en el “abajo”, la matriz en la que el sentimiento es la fuerza generadora de lo nuevo.

EL DESPERTAR DE LA MUJER EN EL CONO SUR

No es casualidad que en las últimas de – cenas de años fueran las mujeres quienes comenzaran a regir en el hemisferio sur por sobre los asuntos que siempre controlaron los hombres. Este lento y silencioso proceso de arribo energético es la causa del inicio de los muchos conflictos en los sistemas patriarcales, en los que a costas del hambre de los hijos de la tierra, las corporaciones reinaron con imposición y conquista en pos de obtener cuantiosos dividendos materiales.

La mujer, cansada de quedar relegada en un mundo reinado por hombres, empezó a reclamar por sus derechos, adoptando posiciones de poder. Mientras, el “macho dominante” no puede reconocer internamente el despertar de su lado femenino, entonces se abraza a la violencia y a la contradicción como resultado de lo no manifiesto en evolución y cambio. El hombre como humanidad durante el último ciclo de existencia ha escondido todo su lado divino, su relación con el poder creador de la Tierra, guardando todo lo valioso que subyace en él; lo escondió y se manifestó equivocadamente en una feroz competencia destructora con su Madre, destruyendo su belleza y depredando el hábitat del cual él mismo depende para sobrevivir.

En nuestros días, la ciencia regida por lo masculino se enorgullece de sus logros en busca de abandonar el planeta. El hombre de ciencia quiere hallar un refugio en las estrellas, sin reconocer que antes debe aplicar toda su inteligencia y conciencia en preservar el planeta del cual debería ser guardián; resguardando no sólo su propio hogar, sino también el derecho de todas las especies que en él habitan.

El cetro lo heredará la mujer, cuyo reino, de polaridad opuesta, se asienta en el hemisferio sur, determinando la vuelta al respeto por la Madre Tierra.

SINCRONIZACION CON LO FEMENINO

Será una difícil tarea de cada mujer y de cada hombre llevar a cabo esta reconexión esencial con la energía femenina que despierta y con sus principios. El quebrar la barrera del intelecto para dar paso al obrar desde los sentimientos será el gran desafío de la nueva humanidad. El matriarcado rige desde la inteligencia emocional, marca el camino de la energía planetaria que, conectada con los corazones de toda la humanidad, será la fuente que hará renacer la espiritualidad humana y ayudará a todos los seres en su reconexión con la unidad esencial cósmica. Quienes responden a la transformación con evolución y conciencia entienden la transición y sueltan lo viejo sin temor a aferrarse a la pérdida; conocen la profundidad del proceso que permitirá alcanzar con éxito el poder trascender de una realidad hacia otra.

Esto no significa únicamente un cambio del poder espiritual del hombre a la mujer, sino que también representa el tras – lado del poder espiritual de oriente –cuyo vocero fuese por años el Dalai Lama– a occidente, con la llegada de un pontífice sudamericano. Este poder espiritual, que aún no se manifiesta en su plenitud, afectará a toda la humanidad, como lo hizo anteriormente Oriente, al servir para mantener encendida la llama de la espiritualidad en un momento de oscuridad de conciencia que ya cumplimenta su ciclo.

LA NUEVA ESPIRITUALIDAD YA ESTÁ NACIENDO EN LOS ANDES

La energía planetaria es comparada con la energía sexual Kundalini de la tradición hindú, que se manifiesta por la columna vertebral en los humanos. El equivalente a la columna vertebral en la Tierra son sus cadenas montañosas. Es por ello que las culturas ancestrales de todo el mundo preservaron un legado profético común que habla de cómo cada pueblo debe oficiar de guardián de sus montañas sagradas para permitir que a través de las entrañas de esas columnas del planeta fluya la energía Kundalini, de los Himalaya a los Andes, de Oriente a Occidente y de Norte a Sur. Este cambio de polaridad es lo que generaría una modificación casi total de la conciencia humana. Las personas que habitan en estas latitudes, si son capaces de superar el proceso interno de transformación, van a ser bendecidas por el efecto de elevación evolutiva que brinda este despertar telúrico de los Andes.

Con cada movimiento del suelo se liberan enormes cantidades de energía que afectan de manera silenciosa el comportamiento humano, polarizando lo viejo y lo nuevo. Obligando así a que los seres humanos se posicionen de un lado u otro de la evolución. Tal como ocurrió en la zona de la India, el Tibet y la China en el pasado, ahora los nuevos maestros espirituales de la historia van a surgir de esta área. Y seguro serán “maestras” de la nueva era femenina.