Aunque lo tiene todo para ser un galán, siempre lo atrajeron personajes más complejos. Ahora dobla la apuesta en la piel de Me sto, el gamer sin escrúpulos de una nueva serie de ciencia cción que promete. Charla a fondo con un eterno enfant terrible.

Dice que está en un momento de la vida en el que él no es el centro. Pasaron 20 años desde que llegó a Buenos Aires desde Lincoln para estudiar Comunicación. Luego comenzó a tomar clases de teatro y se hizo habitué de los castings publicitarios: a los nueve meses consiguió su primer aviso. En 2002 Ludovico Di Santo debutó en televisión en Frecuencia 04, la primera de varias tiras juveniles en las que mezcló rebeldía, música y un incipiente rol de galán. Tiempo después se instaló en el prime time de la televisión, donde fue parte de los elencos de Sos mi hombre, Viudas e hijos del rock and roll y La leona, sólo por mencionar las más recientes. Este año también fue el momento de retornar al cine, donde estrenó Los inocentes –un filme de terror– y Operación México, un pacto de amor.

De papeles intensos y con aplomo, Di Santo, ahora le pone cuerpo, pelo fucsia, ojos delineados y mirada intrigante y calculadora a Mefisto, el gamer despiadado que interpreta en 2091, la serie de ciencia ficción que se estrena el martes 18 de octubre a las 22 en Fox. “Después de esto iremos viendo, como siempre. Tengo muchas ganas de hacer teatro, una película. Me gusta encontrar diferentes proyectos y, sobre todo, pasarla bien. En este caso tuve la posibilidad de crear algo en un futuro lejano, que no existe; nunca había tenido tanta libertad para crear un personaje, jugar. No se encasilla en ninguna categoría y eso fue muy divertido”, cuenta.

En pareja con Jimena, productora de moda, son padres de Filipo, de 4 años. En él, asegura Ludovico, está la clave del cambio de foco de atención: “Con lo del pelo fucsia, mi hijo ya me mandó a bañar un par de veces”, cuenta divertido sobre el look que adoptó para su último papel.

–2091 es una propuesta de ciencia ficción, un género que no tiene mucho espacio entre las producciones locales pero del que te declarás fanático. ¿Lo disfrutaste?

–Soy fan de la ciencia ficción, siempre me gustó, crecí con el género: desde 2001: Odisea del espacio pasando por Alien y hasta Volver al futuro, que es fantástica. Siempre fui consumidor de eso y pensé que nunca en mi vida iba a poder subirme a una nave espacial o estar en otro mundo. Cuando me dijeron que estaba este proyecto dije “voy ya” e hice el casting. Es muy divertida la idea, era un riesgo que quería correr. Es un género que en América latina no se hace, esta es la primera vez y quería formar parte.

–Supongo que hablás de riesgo porque siempre habías interpretado profesiones o perfiles conocidos por todos, en esta oportunidad pudiste pensar cómo querrías ser.

–Claro. Me suelen tocar papeles que tienen que seducir, contar una historia de amor, hacer de “lindo”, sin que eso suene pretencioso. A este personaje eso no lo toca ni de costado, no tengo ninguna responsabilidad con eso, lo cual era la gloria: con un papel diferente podés descubrir otras cosas. Como estar loco, por ejemplo, porque es de los que más chiflados está, es un freak total. Fue muy divertido. Es todo mucho más ambiguo, corrido de lugar. No es el personaje más bueno ni el malvado, no terminás de descular hacia dónde va. Fue difícil, super interesante y divertido.

–Tu trabajo suele darte la oportunidad de hacer cosas que imaginás o soñás, pero que en la vida real se complican un poco.

–Sí, los personajes te dan determinados permisos que uno en la vida no tiene. Por ejemplo, hice de un abogado millonario: no soy abogado ni millonario pero de algún modo espiás un poco cómo es ese mundo. En este caso creamos cosas que nadie sabe cómo serían, al ser en un futuro, no había un estándar que cumplir, no existe un parámetro para comparar. Tuve mucha libertad, todo podía ser.

–¿Esto te llevó a pensar cómo será el universo en 2091?

–¡Yo no llego! (risas). La serie es un poco apocalíptica, los recursos naturales fueron agotados, hay más diferencias entre ricos y pobres. No aprendimos la lección. Si me levanto con el pie derecho creo que vamos a aprender y cambiar, si me levanto con el izquierdo no, depende de mi estado emocional. A veces no le tengo tanta fe al hombre y otras necesito creer que sí es posible.

lee la nota completa 1