Desinhibida y apasionada, no les teme a las críticas ni a los prejuicios. Acaba de estrenar Resentimental, una película donde se anima a un personaje muy distinto a la chica sexy que la industria le pedía una y otra vez. La mujer de Al Pacino es mucho más que eso y está dispuesta a demostrarlo.

Quien supone que Lucila Polak sería pretenciosa y tendría aires de diva por compartir lecho con una estrella como Al Pacino bajo el cielo de Los Ángeles, se equivoca. Recién levantada y a cara lavada quiso que esta entrevista vía Skype fuera face to face y evitó ser vista de entre casa. Punto a favor para la actriz argentina que volvió a sus pagos para el estreno de Resentimental, el filme en el que la acompañan Brenda Gandini y Alejandro Awada –“nuestro Al Pacino”, según ella misma bromea–. “Me llamó mi re- presentante para pedirme que lea este guión, que me encantó, y me dijo: ‘Quiero que hagas el papel de Eva’. Me pareció un desafío actoral enorme porque en general me casteaban para el otro personaje, el de la novia. En Hollywood, cuando te dan la oportunidad, en general hacés de novia, de sexy, de latina. Hay un estereotipo muy marcado con eso, sobre todo para la gente que tiene acento.”

–“El amor es una neurosis que a veces dura un poco más o menos, depende de la persona”, anuncia la voz de Graciela Borges en o en el tráiler de la peli. ¿Coincidís con esa premisa?

–Me parece que en el amor hay mucho de obsesión. A veces uno confunde lo que realmente es amor u obsesión, o querer ganar o conseguir algo. Todos somos un poco neuróticos, entonces siempre estamos en este mundo entre la realidad y la ficción, con un pie adentro y uno afuera. Me parece que es una pequeña neurosis porque el amor nos lleva a hacer cosas totalmente locas. Qué cosas habremos hecho por amor…

–Por lo pronto, vos le diste varios giros drásticos a tu vida: cuando te casaste con tu primer marido y te fuiste de la Argentina, luego para darle rienda suelta a la relación con Al…

–(Risas) Sí, me dejé llevar por el amor. Y no me arrepiento de nada.

–¿Sabés reconocer esos momentos exactos en los que te cambió la vida?

–Sí, creo que sí. Son momentos en los que uno toma una decisión y si vas con un issue tan importante que una mujer se postule a la Casa Blanca cuando Chile tuvo una presidenta mujer, la Argentina tuvo una presidenta mujer, Filipinas, Alemania… Qué dicotomía, ¿no? Las mujeres deberían cobrar exactamente lo mismo que cobra un hombre por el mismo trabajo. Lo que me parece que está cambiando un poco es la cuestión de que hay papeles para mujeres más grandes. Meryl Streep rompió mucho con eso. Hay mucha presión para mantenerse joven. Pero me parece que de a poco se está cambiando, sobre todo habiendo tanta televisión. Creo que Desperate Housewives abrió un poco ese juego, donde las mujeres eran un poco más grandes, no tenían 20, tipo Baywatch.

–Al día siguiente del estreno de tu película, tu pareja realiza un espectáculo en el Teatro Colón, ¿fue casualidad o de una cosa surgió la otra?

–Combinamos todo. Al no viaja por vacaciones porque es un workaholic. Está buenísimo que coincidieron las dos cosas y se dieron de alguna manera así. Yo quería estar para el estreno y él va a hacer un show para tener la excusa de ir a Buenos Aires y conocer la ciudad. Tiene muchísimas ganas de conocer nuestro país y creo que se va a sentir como en su casa. Porque los argentinos tenemos eso, algo que yo nunca vi en otro lado (y te lo dice cualquier banda de rock): tenemos un cariño y una calidez que a todo el mundo le encanta.

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