El Burgués, la marca de indumentaria masculina creada y liderada por este joven emprendedor, lleva seis años de crecimiento ininterrumpido. Su secreto, una elegantísima combinación de clásico y moderno.

Por más que tenga 400 artículos por temporada, David recuerda apasionadamente cada uno de ellos y asegura que no existe una marca que pueda considerar competencia. “El Burgués nació y curtió una onda que no venía siendo curtida. Después de nosotros, un montón de marcas se asemejaron a nuestro estilo, inspirado en un viaje a Estocolmo en 2010, donde vi que todos estaban empilchados con chupines, camisas, sacos de vestir, pañuelos, zapatos en punta. Me quedé sorprendido porque, en ese momento, acá si estabas bien vestido era porque tenías una fiesta. Cuando volví, quise traer esa fusión de lo elegante con lo casual y generar un upgrade en el vestir del hombre.”

–¿Siempre estuviste ligado al rubro de la indumentaria?

–Sí, lo mío es una continuación del mundo textil familiar. Desde mis tatarabuelos, todos laburaron con telas o tenían negocios de ropa. Me acuerdo que de chico iba al local de mi abuela en Rodríguez Peña y atendía a las señoras y les juntaba los alfileres, siempre me gustó.

–¿Cuándo llega El Burgués?

–Después de intentar con dos carreras diferentes en la facultad, me puse a hacer camisas con un amigo. Nos empezó a ir bien y pasados los años, con más confianza personal y unos mangos ahorrados, abrí mi primera boutique de El Burgués.

“El que compra en El Burgués es una persona

con sentido del humor, con mundo y con ganas de estar

bien y distinto.”

–¿Pensaste que para algunos esa etiqueta puede tener una connotación negativa?

–Al principio me pasaba, pero la idea clásica de burgués se terminó mezclando con la moda nueva y surgió algo fresco y novedoso que se impuso muy bien.

Yo buscaba romper con esa connotación y a la vez hacer un poco de ruido.

–¿Sacan colecciones por temporada?

–Las temporadas están cada vez menos marcadas, hoy en día salen varios mini- lanzamientos por estación. A medida que te vas profesionalizando y viendo cómo se manejan las marcas de afuera, te das cuenta de que está mucho más ágil todo, las respuestas son inmediatas y el día a día está más acentuado.

–¿En qué tipo de cliente pensás a la hora de diseñar?

–Son mis ojos los que me dicen si algo es lindo o feo, si va para ahora o para después, pero siempre teniendo en cuenta el gusto comercial del público al que apuntamos. El que compra en El Burgués espone, la cantidad de gente que labura… Puntualmente, en lo que a mí respecta, la pasión y felicidad que trae algo bueno o la desgracia y la mala sangre que me puedo hacer con algo malo no me dejaría pensar así.

–¿Cuál sería la descripción de la marca?

–El Burgués es una marca clásica sin realmente serlo, siempre tiene una vuelta más. Llama la atención de manera visual gracias a las estampas, los cortes y las telas, y está tan bueno lo que trans- mite que más que clientes, tiene fans. Puntualmente, la nueva colección me gusta mucho porque mezcla con mucha armonía el look elegante y el relajado, como, por ejemplo, un traje con remera una persona con sentido del humor, con mundo y con ganas de estar bien y distinto. Nunca te voy a decir que es para un público específico de 20 a 40 años, me parece ridículo. La inspiración es permanente y va cambiando, el desafío está en mantener la onda de la marca a través del tiempo y que tus clientes te sigan eligiendo.

–¿Por qué dijiste que la apertura del lo- cal en el shopping Alcorta fue un punto de quiebre?

–Alcorta fue nuestro segundo local, y fue un antes y un después porque barrió con un montón de prejuicios que nos preocupaban acerca de los shoppings y cuestiones de gastos, obligaciones, horarios y reglas en relación a la mercadería y a la exigencia. El hecho de haber abierto ahí y tener éxito de entrada te cambia la confianza.

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