La banda ícono del electropop desde hace tres décadas llegará a Buenos Aires en Octubre, dentro del Festival BUE, con un show de proporciones míticas. Antes, hablamos con ellos desde Londres.

Mañana por la mañana vamos a estar a kilómetros de distancia, en otro continente y otro día.” Esto decían Neil Tennant y Chris Lowe en “Two Divided By Zero”, la primera canción de su primer disco (Please, 1986). Treinta años después siguen cumpliendo a rajatabla con esa premisa.

Neil Francis Tennant y Christopher Sean Lowe se conocieron por casualidad el 19 de agosto del 81 en el barrio londinense de Chelsea, más precisamente en una casa de audio. Neil, un crítico de rock bastante conocido en ese particular mundillo de los que se dedican a retratar lo que pasa en la escena, acababa de comprarse un teclado y necesitaba que lo socorrieran con detalles técnicos básicos. Ahí fue que se topó con el bueno de Chris, un amante de la música bailable y el incipiente synth pop.

Neil tuvo una educación religiosa, aprendió en la adolescencia a tocar el chelo y luego estudió Historia del Arte. Chris sabía tocar el trombón (era hijo de un trombonista) y había estudiado unos años Arquitectura (hecho clave para el futuro, para las puestas escénicas de PSB). Ambos venían de “lejos”: Chris de Blackpool y Neil de North Shields, dos localidades a cuatro horas de distancia de Londres.

Su encuentro fue un big bang: congeniaron enseguida y comenzaron a escribir juntos, a delinear lo que sería Pet Shop Boys. Primero pensaron en llamarse West End (el Broadway de Londres) por su amor por los musicales, y aunque lo desecharon, titularon “West End Girls” a su primer gran hit. El tema está en su disco debut y fue una carta de presentación: número uno en Gran Bretaña y en los Estados Unidos.

The Human League primero y Depeche Mode luego configurarían el primer bosquejo del synth pop. Precedidos por Kraftwerk, los padres fundadores de la música electrónica, estas bandas más Pet Shop Boys, Erasure y una larga caravana harían de los 80 la década más bailada. Pero sólo el dúo de Neil y Chris y Depeche Mode supieron intensificar su apuesta y entrar en los 90 con una propuesta solvente que siempre tuvo cuidado por sus letras, por lo que declaraban a la prensa y por construir una trayectoria que fuera más allá de los estilos y las modas.

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“No pensamos en retirarnos. Toda estrella pop debería continuar mientras le siga gustando lo que hace.”

“Las bases que nos propusimos por entonces eran ser siempre modernos. Veníamos de una época donde estaban los punks y donde la tecnología y las computadoras recién comenzaban a meterse en la música. Es tramposo constituirse de este modo porque no tenés una identidad a la que puedas regresar, la tenés que estar buscando constantemente.” Estas palabras le pertenecen al bajista de Duran Duran, John Taylor, pero se ajustan a los “petshop”: ellos siempre fueron/son modernos.

“Cuando empezamos también aparecían los samplers, así que elegíamos usar un sample de trompeta o de un cuarteto de cuerdas para probar cómo quedaba. Usábamos cualquier cosa a la que le poníamos las manos encima con tal de desarrollar el potencial de las canciones”, contó Chris Lowe en varias oportunidades. Con el tiempo recurrieron a las guitarras (si hasta contaron entre sus colaboradores con Johnny Marr, el guitarrista de The Smiths), a instrumentos acústicos y a la irresistible compañía de una orquesta.

Entre el 87 y el 93, el dúo delineó su paleta cromática con discos perfectos, de un electropop tan bailable como sutil, tan intenso como elegíaco: Actually, Introspective, Behaviour y Very, de los que se desprenderían temas como “It’s a Sin”, “Domino Dancing”, “Always on my Mind”, “So Hard”, “Can You Forgive Her?”, “Liberation” y ese gran himno gay que es “Go West”: “Allí encontraremos nuestra tierra prometida”, canta Neil. Un paraíso en el que no hubiera homofobia, en el que no murieran muchos de sus amigos y en donde a ellos sólo se los juzgara por su obra.

pet-shop-sep2De allí en adelante el dúo se alejaría y retornaría tantas veces como quisiera a esa suerte de ADN, de manantial primal. Coquetearía con la música clásica en Battleship Potemkin (2005; una banda de sonido inspirada en el clásico soviético de 1925, El Acorazado Potemkin, de Eisenstein); con la danza en The Most Incredible Thing (2011); con el musical en Closer to Heaven (2001); diseñarían puestas admirables como esa geométrica que desplegaron en el Club Ciudad en 2009, con un arsenal de cubos en blanco y negro; se animarían a reducir su música hasta lo minimal, a participar de la ceremonia inaugural de unos Juegos Olímpicos (Londres 2012, ¡por supuesto!), y, ya en la actualidad, darían comienzo a la gira Inner Sanctum (que llegará a Buenos Aires en octubre, en el renacido Festival BUE), con un show de proporciones míticas en el Royal Opera House, al que tantas veces acudieron como amantes de la ópera, pero bajo sus reglas: una puesta futurista y su material más reciente, Super (su 18° disco), como estrella de la velada.

“No pensamos en retirarnos. Toda estrella pop debería continuar mientras le siga gustando lo que hace”, contestaron años atrás Tennant, que hoy ostenta 62 años, y Lowe, de “apenas” 56. Y si en estas tres décadas de discos y más de 35 años desde que crearon el proyecto artístico hicieron todo lo que podíamos esperar de ellos y también lo que nunca imaginamos que harían, no sería descabellado que alguien pensara en un último capítulo. Ellos, en cambio, siguen escribiendo su biografía, filmando su película y esperando que se cumplan los mismos sueños que empezaron a imaginar cuando comenzó a desintegrarse la furia punk.

Es que lo que moviliza al dúo es una misión, esa misma que no se cansa de profesar y difundir cada vez que un periodista se le planta enfrente. “Vivimos en un mundo aterrorizado por las amenazas de los políticos, por el pánico difundido por los medios audiovisuales, y todo esto lo llevamos a la música –comentaron tiempo atrás–. Hay cadenas dedicadas a meter miedo durante las veinticuatro horas del día, y gobiernos autoritarios que intimidan a la gente con temores, ya sean reales o inventados.”

Tipos de palabra, lo que prometieron Neil y Chris allá por su primer disco parece mantenerse inalterable: “No vamos a volver a casa”, dijeron en aquella primera canción. Y es que ya no tendrían adonde volver. El universo que crearon los llevó a años luz del mundo que conocieron en los 80. En todo caso, lo suyo es un regreso permanente al futuro, a un futuro que no necesita de los clichés de Hollywood pero que, como Luis Alberto Spinetta, entiende que “mañana es mejor”. Mientras tanto, ellos se encargan de modificar su (nuestro) presente con buena música. Y de invitarnos permanentemente a bailar.