En la deslumbrante Riviera Maya, cerca de Cancún, este pequeño y paradisíaco destino combina playas de arenas blancas, mar turquesa, campos de golf y exclusivos resorts. Un escenario ideal para el romanticismo y el relax.
Al remontar la impecable ruta que une el Aeropuerto Internacional de Cancún con nuestro destino, el chofer, que estuvo anticipándome las muchas bondades de la playa, el mar y el particular relax del lugar al que nos dirigimos,
remata con una frase con la que todo viajero sueña: “De aquí a diez años usted podrá decir que fue uno de los primeros que visitó Playa Mujeres”. Y uno, buscador incansable de curiosidades, como si el mundo no fuese lo suficientemente curioso, no puede evitar la sonrisa.

Al fin llegamos a lo que parece ser la entrada a un elegante barrio privado, aunque en realidad es el portal de acceso a cualquiera de los cinco complejos hoteleros (únicos por el momento, y muy distantes uno del otro) que conforman este destino. Debo anunciarme con el guardia, paradójicamente vestido de traje (en color claro, por supuesto), que se comunica con el condominio correspondiente –el espléndido Secrets, en este caso– y confirma que soy el huésped que están esperando. Nada de lo que sucede después es lo previsible en este tipo de lugares.

viajeros-sep4

CON ESTILO PROPIO

Los creadores de este nuevo desarrollo que se une a la archifamosa Riviera Mexicana, de la costa Caribe, apostaron al charme y la exclusividad; algo que lo diferencia radicalmente de, por ejemplo, su vecina Cancún. Para empezar, los complejos están concebidos como sitios que permiten disfrutar de la playa y los espléndidos links de golf. Todos estos hoteles tienen campos para golfistas que pueden ser usados por sus huéspedes y que responden a altísimos estándares.

La otra gran apuesta es la construcción. Nada menos parecido a las enormes moles de cemento que se suelen encontrar en otros puntos de la costa maya o de algunos sitios del Caribe. Los edificios están construidos a escala humana, con detalles de gran calidad. Un ejemplo: las habitaciones más sencillas superan los 60 metros cuadrados. Todas tienen hermosas vistas al mar y están construidas en edificios separados por cuidados jardines y coquetas callecitas por donde se entrecruzan plácidamente peatones y carritos de golf.

En estos hoteles se adoptó el cada vez más difundido sistema de “Aduts only”; es decir, nadie menor de 18 años puede acceder a estas instalaciones, lo cual asegura una particular calma a los adultos que desean vacaciones más privadas y románticas.

Las habitaciones más exclusivas, y probablemente también las más románticas, tienen su propia piscina, cuidadosamente protegida por la vegetación. El trabajo de paisajismo del conjunto de los hoteles es admirable.

Pero claro, nuestro destino final es la playa. Y luego de bajar un sendero de leve pendiente, allí está, la arena casi blanca y el mar de variados tonos de celeste, aunque todos coincidimos en que el turquesa es el predominante. Los camastros con sus sombrillas están estratégicamente distribuidos de a pares y los camareros se deslizan yendo y viniendo desde el Ocean-bar con sus tequila sunrises, sus mojitos o los Campari on the rocks.

Hay kilómetros de playa hacia ambos lados y la pendiente es suave y el mar transparente. Nadar, hacer jet ski, kit-board o alquilar un kayak es todo un programa. También se puede optar simplemente por no hacer nada y admirar los paradisíacos paisajes.

Por la noche, los restaurantes ofrecen variadas propuestas: los foodies más exigentes no saldrán defraudados. Desde la cocina de mar hasta la thai, pasando por la francesa y la barra de sushi, todos son igualmente tentadores.

Luego, el jazz-café o –sí, es verdad– el cine al aire libre viendo, por caso, la última Mad Max en una reposera con el cielo como techo. El plan elegido, el que sea, resultará agradable.

POR LAS ISLAS

Si en algún momento el paraíso resulta demasiado y uno quiere sacudirse la calma que otorgan el sol, el mar y los tragos, un taxi hasta la pintoresca terminal de ferris de Puerto Juárez puede dejarnos en poco menos de media hora en la bellísima Isla Mujeres, con un precioso pueblo y maravillosas playas para recorrer sin prisa. Un poco más allá, a una hora de barco, Cozumel es otra buena opción, con su fondo marino considerado uno de los cinco mejores del mundo para hacer buceo y snorkel. Todo el esplendor del Caribe.

viajeros-sep2