El director de Moulin Rouge!, Romeo + Juliet y The Great Gatsby nos recibe en ek set de The Get Down, su más ambicioso proyecto.

Dos escenas en ciudades distintas pero dentro de un mismo viaje (el típico tándem Miami-Nueva York) ocurren de manera aislada aunque con un mismo hilo conductor: el esplendor de la música disco.

Primer acto. Compartimos una fiesta con Alan Faena en su flamante hotel de Miami, donde el magnate de sombrero blanco baila desenfrenado al ritmo de unos inconfundibles beats setentosos. “Si Alan lo baila, es que el disco vuelve a estar de moda”, sentenciamos los asistentes, y enseguida intentamos seguirle los pasos.

Segundo acto. Volamos de Miami a Nueva York, donde casi es Navidad y todo resulta mágico y helado en la ciudad que nunca duerme. Allí, en una oficina del centro de Manhattan, muy cerca del One World Trade Center, nos recibe el director australiano que bien podría entrar en la categoría de genio y figura contemporánea. Baz Luhrmann, creador de la Romeo + Juliet de Leo DiCaprio, de la Moulin Rouge de Nicole Kidman y de la magestuosa versión cinematográfica actual de The Great Gatsby, habla sin parar en un espacio montado especialmente por Netflix para dar vida a The Get Down (estrenada el 12 de agosto en todas las pantallas de esta plataforma), una serie que cuenta, justamente, el auge de la música disco que dio inicio al arrasador hip hop. La gestación de este género musical en Nueva York y su rescate actual como ritmo de moda en el Miami arty de Faena resultan dos hechos congruentes y asombrosos para un mismo viaje y nos hacen pensar que el disco vivirá por siempre. “Lo que nos obsesionó cuando hacíamos la investigación fue que todos quieren saber de la torta, que en este caso eran los 80, pero nadie se dio cuenta que la receta, los ingredientes, estaban en los 70. La gente no sabe que en 1977 estaba comenzando el hip hop, y no lo hacía con ese nombre, sino que se llamaba the get down”, lanza el director.

“Hasta el momento nadie ha contado esta historia; no así. No se trata sólo de música, sino de política, de arte y de muchos otros temas.”

Concebida como una gran película, esta serie cuenta con el presupuesto de una superproducción ambiciosa y costosísima: más de 120 millones de dólares por los 12 episodios. La historia se centra en cuatro amigos  grafiteros de trenes que sobreviven como pueden en un Bronx cargado de crimen, delincuencia y mucha música disco. “Mi interés en hacer este proyecto viene desde hace diez años”, Luhrmann, entre ademanes inquietos,  gestos acelerados y un nivel de energía que entusiasma a sus interlocutores. “Lo que me hizo transformarlo en una serie fue querer mostrar las historias de cada personaje, poder centrarme en eso. Es una gran diferencia con las películas, ya que para eso hay que resumir todo para mostrarlo en sólo dos horas”, reflexiona.

Luego nos invita a visitar el set de la serie, una ciudad en miniatura montada en las afueras de Queens que recrea de manera precisa aquellos años setenta. Allí se construyeron la discoteca ficticia Les Inferno; las humildes casas de los chicos del Bronx –donde hasta los placares tienen ropa original de los setenta y en las avejentadas cocinas hay, por ejemplo, cajas de cereal de la época–; la oficina de un político puertorriqueño que juega un rol primordial en la serie; diferentes terrazas humeantes y devastadas con grafitis en cada rincón, y las fachadas de las calles de esa zona de Nueva York, en la que un grupo de jóvenes crearon una manifestación cultural sin precedentes.

“Cualquier persona que visitaba Nueva York en los años setenta volvía diciendo: ‘Es genial, pero ponete un abrigo y no mires a nadie a los ojos’. Así de insegura era, el crimen estaba por todas partes. Y lo que me motivó a tomar este reto fue contar la historia de cómo estos chicos crearon, sin tener nada más que pura creatividad, algo que iba a cambiar el mundo”, afirma Luhrmann.

Un capítulo aparte merece el área de vestuario, situada en otro inmenso edificio contiguo a los estudios originales. Adidas y Puma aceptaron volver a fabricar los modelos de zapatillas de aquellos años sólo para la serie, y hay pisos completos de jeans acampanados, afros, leotardos, accesorios y cientos de piezas emblemáticas de la deslumbrante moda que acompañaba a la música disco, todos originales y rescatados de distintas partes del mundo.