A los 44 años, el actor que siempre cautiva con sus protagónicos en televisión decidió dar un giro importante en su carrera lanzando Amántico, su primer disco como cantante solista. Nostalgia por los inicios y mucho entusiasmo por este nuevo desafío en una de sus entrevistas más íntimas.

mike-amigorena-julioAlgo de Bowie y Prince combinado con Sandro y Palito Ortega. Mike Amigorena soñó siempre con ser esto a lo que se lanzó, y vio en esas figuras a sus referentes. Después de más de 15 años como actor, dos bandas y proyectos que pasaron por el cine, el teatro y la TV, llegó el disco Amántico, el primero como solista. “Este disco es una influencia caminando. Como todo lo que hago, tiene plasmado lo vivido”, dice. Alejado de la pose excéntrica que llevó en otras épocas y decidido a apostar fuerte por este proyecto de baladas-pop-románticas, Amigorena revela el punto de partida de este proyecto: “Soy un crooner desde la experiencia vivida en el desatino, el desencuentro, el desapego, el desencanto del amor”.

–¿Por qué nombrás todas situaciones que empiezan con “des…”?

–Es natural, es lo que pasa en la vida. Es preferible respetar eso en lugar de empujar lo que no funciona. Este disco habla de un proceso que empecé a vivir hace dos años; ahora pienso de otra manera, estoy constituido diferente artística y personalmente.

–¿Por qué dos años?

–Hace mucho más, en verdad, voy a ser preciso. En 2011, después de que falleció mi padre e hice Hamlet, empecé a vivir muchos desencuentros, en primer lugar, conmigo mismo. Teorías que creía sólidas no eran tan así, me jactaba de muchas cosas que ahora me callo la boca. No quiero decirte que es “madurez” aunque eso tenga que ver, seguramente. Hay un relajo, una felicidad por el conformismo. Se me fueron las ambiciones, son más medidas. Soy un ambicioso medido. Antes lo era, ahora más. Eso te lleva a pensar y a crear de otra manera.

–Entonces hoy, ¿no querés ser el mejor?

–¡Ni en pedo! Se me fue “el mejor” de la cabeza hace mucho tiempo. Quiero sostenerme, divertirme y con eso divertir, que la gente baile mis canciones, bajar a la platea a cantar y que me abracen. Más contacto, menos puesto. Estoy menos pretencioso.

–Solés contar que viniste de Mendoza a Buenos Aires para triunfar. ¿Qué pasó con esa búsqueda?

–Quería eso y lo alcancé. El punto es que cuando lográs algo no tiene nada que ver con lo que creías que era. Llega, lo abordás y ah, mirá… No es que no me conforma, no quiero ser inconformista ni pesimista. Estuvo buenísimo. Me vine acá a vivir de ser artista. Era una meta.

“ODIABA CANTAR EN ESPAÑOL, LA PUTA MADRE, SONABA HORRIBLE, ME DABA VERGÜENZA, NO QUERÍA QUE NADIE ME ESCUCHARA. BUENO, AHORA NO PUEDO CANTAR EN INGLÉS.”

–¿Cómo viviste ese pico en tu carrera que fue Los exitosos Pells?

–Era mucho. Era verdadero, existía, pero no puede ser normal que sea así todo el tiempo, todos los días. No me creía eso. Lo disfruté, y cuando se fue, listo. Pells fue la conclusión de todo un trabajo que explotó. Después quería hacer otras cosas. Todo el tiempo estoy viendo si me quedo en un lugar o no. El éxito para mí es poder hacer lo que querés, lo que tenés ganas. Eso no significa que te va a ir bien, que crezcas, que sea acertado. Pero me deja la conciencia liviana de que no me quedo con ganas de nada.

–Dijiste que hacer este disco solista era tu sueño. Entonces, ¿por qué primero hubo bandas?

–Ser un crooner solo arriba del escenario era un sueño. Primero me veía como Prince, David Bowie: esa presencia, estilo, género. Pero bueno, pensaba “canto pero no toco ningún instrumento, la carrera del músico es difícil”. Entonces empecé a actuar. Fui a lo que sabía y me encanta. En el proceso de la actuación empieza la posibilidad de tener una banda, ni siquiera pensaba como cantante, y ahí se formó Ambulancia. Era un sueño, era esto tapado, ¡wow! polleras, maquillaje, canto, hice todo. Después hicimos Mox, re-europeo. Fue pasando el tiempo hasta que me encontré queriendo cantar en castellano, como Sandro, con ese concepto. Odiaba cantar en español, la puta madre, sonaba horrible, me daba vergüenza, no quería que nadie me escuchara. Bueno, ahora no puedo cantar en inglés. No me puedo esconder, si no me entendés es porque estoy cantando como el culo.

–Estás un poco más desnudo artísticamente.

–¿Un poco? Pfff, mucho más. Pero ese es el desafío. Cuando soy consciente de que algo me sale bien, empeora. Hay que hacerse un poco el boludo, ir de una plataforma a otra. Esto no me parece efímero, no lo siento así. No hay otra carta. Es Mike Amigorena solista, no hay más nada. Lo tengo que cuidar, preparar, cultivar. Sos vos, arreglate, flaco.

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“QUIERO ESCUCHARME EN LA RADIO, VER QUÉ PASA, CÓMO REACCIONO FRENTE A ESTO QUE CREÉ. ME SALGO DE LA VAINA POR MOSTRARLO, POR HACERLO EN VIVO.”

–¿Te da vértigo eso?

–Justamente, armaba bandas para compartir. Pero bueno, esto lo hago porque me llegó, me lo gané. Nunca forcé nada. Es fruto del trabajo.

–En el disco les cantás al amor, a la mujer, a los vínculos. ¿Por qué eso tiene tanta presencia?

–Porque estuve como desencantado del amor. Ahora eso lo convierto en crecimiento, en nutrientes que me sirvieron. Imaginate que pensaba “¿cómo voy a cantarle al amor?”. Bueno, sí. Tengo algo de toda la vida: me gusta cantar seduciendo, halagando. Son todos componentes del amor, de la conquista. No puedo cantar otro tipo de canción. Es algo franco y por eso hay que relajar. Lo hago con el corazón.

–Si es un disco franco entiendo que queda, de alguna manera, expuesta tu intimidad. ¿Quisiste mostrarte?

–Es que a todo el mundo le pasa esto varias veces. Yo no estoy exento de que vuelva a pasarme. No puedo jactarme de nada. Me separé no hace mucho, fue una historia preciosa con una mujer enorme (N. de la R.: fue pareja de Mónica Antonó – pulos). No es moco de pavo una relación, no digo “bueno, ahora viene otra chica”. Ya no lo puedo hacer, no quiero, tiene que ver con la edad. En otro momento era “che, chicos, ¡me separé!”. Ahora no. En algún momento va a aparecer otra persona, y si no, todo bien, re-bien. Yo también me respeto y tengo una forma de ser muy particular; te tienen que aceptar, tenés que encontrar un par.

–¿Por qué sos tan particular?

–Porque soy un tipo que hace lo que quiere desde que nació. Tengo 44 años, vivo solo, no es fácil, tengo mis cositas, mis lugares. Soy re-práctico. Pero todo eso a la hora de negociar pesa mucho. Lo primero que hago es respetar al otro: me miro el ombligo pero si el otro está mal, no me copa.

–¿Estás preparado para escucharte en la radio?

–Estoy necesitando que pase eso, más que con la tele. Quiero escucharme en la radio, ver qué pasa, cómo reacciono frente a esto que creé. Me salgo de la vaina por mostrarlo, por hacerlo en vivo. Y bancarme lo que eso genere, ¿no? Este mundo que presento es legítimo, es la materia prima de algo enorme. Hay que dejar que repose, macere, se añeje.

–¿Podés darte tiempo para eso, o la ansiedad quiere que el disco estalle ahora?

–Y… voy a estallar yo. Estoy muerto si me pasa eso. Saqué un disco, pará, hay que disfrutarlo. Si no camina tenés que cantarlo igual. El segundo disco lo vas a tener cuando esto sea Thriller y te pidan otro.

–¿Extrañás algo del Mike de los primeros tiempos?

–Soy nostálgico porque me gustaban los 80, me encantó la noche de los 90, mi inconciencia, mi anonimato. Mi desesperación: en ese estado tu aparato creativo se ensancha, como no tenés dónde caerte muerto tenés que usar la cabeza para ver cómo comés. Al principio era un desafío, wow. Eso lo recuerdo con mucho cariño. Pero no volvería, no retendría el tiempo. Pasó, ya está. No quiero ser más joven, tengo canas y me las voy a dejar. Bueno, vamos a ver (risas). Está todo bien, tengo 44, estoy hecho. Hay un balance: si yo me muero mañana estoy re-contento, por agradecido y con orgullo. Imaginate, vivir es un regalo, no es un garrón.

–Vas más suelto.

–En eso me quiero convertir, en un tipo que no necesite nada. Cada vez me gusta menos comprar, no tengo lo que tenía antes, no me importa romperme la cabeza por tener el último celular o zapatillas. Se acabó. Te lo juro por Dios. Hay cosas que se van acomodando, me siento pleno. Menos mal que no necesitás comprar. Eso me reconforta. Eso es ser exitoso, ¿ves?