SUPO REINVENTAR SU CARRERA Y DE CHICA SEXY PASÓ A SER UNA RESPETADA ACTRIZ. A LOS 29 AÑOS, VIVE MOMENTOS ESPECIALES: EN TRES MESES SERÁ MADRE Y PROTAGONIZA EL FILME DOLORES. “SIEMPRE ME EXIGI MUCHO”, CONFIESA.

Pío de Buenos Aires y a sus casi seis meses de embarazo, a la hora de trabajar, Emilia es una profesional y sale a la terraza del hotel en el que realizamos la producción fotográfica para enamorar a la cámara como nadie. Podría quedarse descansando, podría mirar tele, comer de todo y leer revistas de moda, pero no, lleva su embarazo con el mismo glamour que la acompaña desde que empezó su carrera. A días del estreno de Dolores, la película que protagoniza, realizó la campaña del nuevo smartwatch de Samsung y se ocupa junto con su marido (el Turco Naím Sibara) del espacio gastronómico que crearon juntos: Poe.

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–A días del estreno del filme Dolores, ¿cómo estás?

–Muy contenta, es una historia hermosa, muy fuerte. Es una coproducción argentino-brasileña y está inspirada en la historia de vida de una tía del director, que fue como una abuela para él.

–Es una película de época, ¿te sentís identificada con las mujeres de los años 30?

–A mí me gusta esa época. Por un lado, soy una mujer muy vintage por haberme criado con mi mamá y mis abuelas, con esa cuestión de postura, de elegancia, de límite. Y además tengo algo del desenfado actual, que por ahí empezó en los años 70, me gusta esa cosa más rocker, transgresora o futurista.

–¿Cuándo nació tu vocación por lo artístico?

–Me acuerdo que ya a los tres años mi vocación claramente estaba ahí, en la actuación, el baile y el canto, que fue lo primero que descubrí como manera de expresarme.

–¿Tuvo que ver con el arte y no con la fama?

–Nunca fue por la fama. Yo llamaba a mi familia para que me miraran y ocurría algo tipo: “Córranse, miren lo que hace la nena”. También me ponía la ropa de mi mamá e inventaba personajes, cantaba y, sobre todo, bailaba.

–¿Tus padres te apoyaban?

–Sí, éramos cinco hermanos. Vengo de una familia de clase media bien, de Belgrano, no había para tirar manteca al techo, pero no pasábamos hambre. Mis padres laburaban y alcanzaba para pagar los colegios privados y el idioma, aunque no había para los gustos personales de cada uno, no daba para eso, la verdad es que si se hubiese dado me hubieran mandado a estudiar.

“Este medio tiene la tendencia de etiquetarte en algo y uno tiene que hacer un esfuerzo doble para salir de ese lugar.”

–No es que no querían que te relacionaras con el arte.

–No, ese era mi mundo, yo era la que me lo tomaba en serio. Para ellos por ahí todavía era el deseo de una niña. De adolescente empecé a trabajar en una agencia y mi mamá estuvo superpresente, siempre me acompañó en todo lo que hice. Después comencé con mis hermanas en publicidad, bolos en televisión, fue todo muy fluido. Yo sabía que no quería exactamente esa carrera, pero no reniego porque mi comienzo más masivo fue a través de la tapa de la revista Gente, con esas producciones sobre los cuerpos del verano.

–¿Cómo hiciste para no quedar etiquetada en ese rol?

–Tengo algo que a veces es un defecto, pero que en este caso sirvió: soy mano dura y un poco terca con algunas cosas. Cuando no me nace hacer algo, no lo puedo hacer. Dije muchos “no” para lograr esos cambios. No fue tanto una cuestión de suerte. Este medio, y este país especialmente, tiene la tendencia de etiquetarte en algo y uno tiene que hacer un esfuerzo doble para salir de ese lugar. A mí me resultaba fácil poner límites. Y empecé a hacer cosas chiquititas o incluso gratuitas, como cine under, porque no tenía tanto nombre.

–¿Y con qué trabajo llegó la fama?

–A la fama llegué con Casi ángeles, todavía me sorprende el poder que tiene la televisión.

–Hoy, con el auge de las redes sociales, ¿te puedo encontrar en joggineta y sin producirte en el supermercado o sos muy cuidadosa con esas situaciones?

–No, soy cero cuidadosa, no puedo vivir en un mundo en el que hay cámaras y redes sociales por todos lados. Me produzco cuando me tengo que producir. A veces me quiero matar y digo: “Ay, qué hija de puta, que me sacó la foto y la subió, descorazonada”. Mucha gente es cruel y le gusta mostrarte en situaciones así.

–Cuando nazca tu hija Gina, ¿cómo la vas a cuidar de la exposición?

–No soy fanática de exponer la vida de un hijo, pero soy relajada. Entiendo que soy una persona pública y que si me voy a estresar cuando le saquen fotos por la calle, no soluciono nada. Te ponés a un montón de medios en contra que no entienden eso. Inevitablemente, con el mundo de las redes sociales, alguien me va a sacar una foto en la que esté con el bebé y la va a subir.

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“No puedo vivir en un mundo en el que hay cámaras y redes sociales por todos lados. Me produzco cuando me tengo que producir.”

–¿Colecho sí o colecho no?

–Hay una pelea ahí, porque mi marido quiere que duerma en la cama con nosotros y yo soy muy didáctica con la educación.

–¿Quién va a ser más mano dura de los dos, vos o tu marido?

–Yo, aunque parezca que no, te juro que yo voy a ser más mano dura. Los dos tenemos mucho carácter para diferentes cosas. Yo soy más maestra ciruela. Me gusta pensar en cómo voy a educar a mi hija, la libertad que quiero darle, que quiero que sea una persona independiente.

–¿Cómo te llevás con las redes sociales? 

–Soy consumidora sobre  todo de Instagram, me gusta la fotografía. En Twitter sigo muchas cosas de actualidad, porque te vas poniendo al día. Me parece algo bueno para combatir la soledad. Ahora, si te tengo que hablar desde mi actividad, me cuesta aportar, la verdad es que lo hago por mi trabajo pero podría aportar mucho más. Tengo un montón de seguidores que me reclaman que aporte más.

–¿Tienen buena onda tus seguidores?

–Sí, la mayoría sí. Siempre está, sobre todo en Instagram, la gente que sólo te sigue para criticarte la ropa, el cuerpo, lo que hacés o lo que no hacés. Ser una persona pública genera admiración en muchos y morbo negativo en otros, pienso que esa gente es infeliz o pierde el tiempo. Tengo muchos más seguidores que me tiran buena onda.

–¿Incursionaste en Snapchat?

–No, no sé ni cómo se usa. Siempre llego tarde a todas las redes sociales. Ya me va a agarrar Snapchat, si lo tienen todos, como laburo con las redes sociales, la voy a tener que tener.

–Si tuvieras una charla con la nena que eras cuando nació la vocación, ¿qué consejo le darías hoy?

–Que está por buen camino. Yo soy muy de ir para adelante. Las cosas con las que fui tropezando son cosas que necesité para ser quien soy. Ser fiel a uno mismo es lo que mejor le hace a uno. Siempre fui muy auténtica, muy positiva, generosa, buena compañera, nunca hice daño a nadie, siempre me exigí mucho y me sigo exigiendo. Y por lo que me exigí, estoy acá. Siempre fui escuchándome a mí misma.

–Si tu hija Gina decidiera en el futuro hacer tu mismo recorrido, ¿la apoyarías?

–Ella es libre, yo no puedo imponerle nada. Sólo acompañarla, potenciarla y cuidarla.


Styling: Gimena Bugallo

Make up: Luciana Romero para Frumboli Estudio con productos Lancôme

Pelo: Yamo Zarlenga para Shoot Management

Agradecimientos: Roma Renom, JT, Prüne, Gabriella Capucci, Ginebra