Se convirtió en una de las referentes de la selección de Hockey. A los 26 años, reparte su tiempo entre el deporte y la universidad, y sueña con ganar la medalla de oro en Río 2016.

Se convirtió en una de las referentes de la selección de hockey. A los 26 años, reparte su tiempo entre el deporte y la universidad, y sueña con ganar la medalla de oro en Río 2016. Delfina Merino es estética hasta en los esfuerzos más exigentes del entrenamiento. El cansancio no la sonroja y el viento no la despeina. Tampoco le mueve un pelo haber sido nominada en 2015 como una de las cinco mejores jugadoras de hockey del mundo. A sus 26 años, ya jugó en la mejor liga del mundo y ganó casi todo con la Selección argentina. En junio consiguió en Londres su quinto título de Champions Trophy, convirtiendo a Las Leonas en el equipo más ganador del torneo, dejando un escalón abajo a su histórico rival, Holanda. Fue el primero sin su gran amiga y referente, la Messi del hockey, Luciana Aymar. Signos de madurez en ella y en todo el equipo, que crece y se fortalece a tan sólo días de su gran desafío pendiente: traer el oro de los Juegos Olímpicos de Río 2016.

–¿Qué significa ser una leona?

–Jugar en la Selección conlleva una gran responsabilidad: representamos a un país entero. Desde muy chica juego al hockey y siempre fue un sueño llegar a las Leonas.

–¿Es diferente sin Luciana Aymar, la mejor jugadora de todos los tiempos, que se retiró en 2014?

–Lucha fue más que un estandarte en el equipo: fue también nuestra capitana y un referente dentro y fuera de la cancha. Soy muy cercana a ella y disfrutaba día a día de su juego y su compañía. Se la extraña mucho. Ahora tratamos de cubrir esos espacios entre todas y no individualmente. Sobre ella caía mucha presión y responsabilidad, que ahora se divide entre todo el equipo. Hay jugadoras que tuvimos que afrontar nuevos roles: crecimos de golpe. Pero es lo que pasa naturalmente en los equipos: las que tienen más experiencia tratan de absorber esa presión para que no recaiga en las más jóvenes.

“Sobre Luciana Aymar caía mucha presión y responsabilidad, que ahora se divide entre todo el equipo. Hay jugadoras que tuvimos que afrontar nuevos roles: crecimos de golpe.”

–En junio fueron a Londres y consiguieron el séptimo Champions Trophy, y el primero sin ella. ¿Qué les dejó esta consagración tan especial?

–Fue un envión anímico muy importante para lo que viene. Haber ganado el torneo donde juegan los seis mejores equipos del mundo y, sobre todo, vencer en la final a Holanda, el número uno del ranking, no es poca cosa. Generó mucho entusiasmo y trabajó como una inyección de adrenalina fundamental en el grupo. A Lucha la vamos a extrañar siempre, pero el equipo demostró estar a la altura de las circunstancias y vamos a seguir para adelante.

–A los 20 años te fuiste a jugar a Holanda. ¿Qué te dejó esa experiencia?

–La posibilidad me surgió después de ganar el Mundial de Argentina, en 2010. Holanda tiene la liga más competitiva del mundo, y no dudé. Se me hizo más fácil porque en el mismo equipo (Stichtse Cricket en Hockey Club) jugaba otra gran jugadora argentina, Soledad García. Fue un placer –y una gran ayuda– compartir la temporada con ella. Una experiencia que me sirvió tanto en el juego como en lo personal: uno no se da cuenta, pero alejarse de la familia, de los amigos, de la zona de confort, hace que uno crezca y aparezcan respuestas positivas.

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“Nos gusta salir bien a la cancha y sentirnos arregladas, pero cuando empezamos a jugar, terminamos hechas un desastre. La filosofía de dejar todo no va de la mano de la coquetería.”

–A pesar de tu corta edad, ya conseguiste muchos logros en tu carrera. ¿Tenés algún sueño pendiente?

–La verdad es que fui muy afortunada. No sólo por la obtención de medallas y primeros puestos, sino por el disfrute de los procesos. Claro que sigo teniendo sueños, si no, no me despertaría para entrenar todos los días a las 8 de la mañana. A corto plazo, la medalla dorada de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro es un sueño por alcanzar.

–¿Cómo te preparás para eso?

–Muy bien. Ya estoy más grande –en todo sentido– que en los Juegos Olímpicos de 2012, en Londres. Estoy más madura, en el juego y en la vida. Hubo un recambio muy grande en el equipo y luego de ganar la última Liga Mundial en Rosario, se generó mucha confianza y expectativa. Estamos entrenando muy duro en todos los frentes. Estoy segura de que vamos a dejar todo y vamos a tener un gran torneo.

–¿Qué momento de tu carrera elegís?

–El Mundial de 2010 en la Argentina fue único. Jugué muy pocos minutos por partido, pero fue uno de los torneos que más disfruté: porque fue en el país, por cómo se dio y por ser mi primer mundial. Y otro momento fue la Liga Mundial de 2015, en Rosario.

–Estás estudiando la carrera de abogacía en la Universidad de Buenos Aires. ¿Cómo hacés para repartir tu vida entre los libros y la bocha?

–Mis padres tuvieron mucho que ver en que yo estudie. Desde muy chica me lo inculcaron. Terminé la secundaria y me anoté. Ahora me queda un año y medio o dos para recibirme. Lógicamente, por entrenamientos, viajes y torneos, no puedo cursar a la par de mis compañeros. El secreto está en no perder la constancia.

–Volviendo a las Leonas, ¿hasta qué punto es importante para ustedes la imagen?

–Es muy importante. Nos gusta salir bien a la cancha y sentirnos arregladas, pero cuando empezamos a jugar, terminamos hechas un desastre. La filosofía de dejar todo no va de la mano de la coquetería.


Styling: Gimena Bugallo / Pelo y Make up: Romina Sala
Asistentes de fotografía: Rafa Vodovosoff
Agradecimientos: María Cher, Paruolo, Ay Not Dead, Vero Alfie.