La saga Cazafantasmas revive este mes con el estreno de una nueva película que despertó tanta curiosidad como controversia.

Por más de treinta años, la respuesta a la pregunta “who you gonna call?” siempre fue la misma. La franquicia de Cazafantasmas (Ghostbusters, en su versión original) es una de las más queridas de la historia del cine, sobre todo por la primera película, de 1984, y la serie animada que acompañó a los niños que crecieron en la década de 1980. Entonces, ¿por qué le costó tanto volver a los cines? Después de una secuela poco inspirada (Los Cazafantasmas 2, de 1989), parecía que, por más que lo intentara, la saga no iba a recuperar el brillo del primer clásico. Pasaron un videojuego que reunió al elenco original (Bill Murray, Dan Aykroyd, Harold Ramis y Ernie Hudson), más dibujos animados y reiterados intentos fallidos de volver a juntar al grupo para una tercera parte.

Con la muerte de Ramis y la permanente negativa de Murray, hubo que buscar otro camino: así entró en escena el director Paul Feig, que viene de romperla en comedias como Damas en guerra (Bridesmaids) y Chicas armadas y peligrosas (The Heat), con una idea vanguardista: la nueva película, que llega este mes a las pantallas de todo el mundo, no sería una secuela, sino un borrón y cuenta nueva (lo que en la jerga se conoce como “reboot”), y no sólo eso… además los Cazafantasmas pasarían a ser las Cazafantasmas.

Tres de las elegidas vienen del semillero de Saturday Night Live (al igual que Aykroyd y Murray): Kristen Wiig, Leslie Jones y Kate McKinnon se formaron en el histórico programa de sketches y variedades. Y la cuarta, Melissa McCarthy, es, simplemente, una de las mejores comediantes del momento. La historia las sitúa en un universo diferente del de las películas anteriores: Wiig y McCarthy son Erin y Abby, dos científicas que son objeto de burla por su prédica de que los fantasmas son reales.

Obviamente, cuando los espectros se apoderan de Nueva York, serán las únicas listas para la amenaza, junto a una ingeniera nuclear llamada Jillian (McKinnon) y una trabajadora del subte (Jones) que terminan sumándose a la aventura contra un demonio que puede controlar la voluntad de las personas.

Parecía la fórmula del éxito asegurado. Pero algunos fans no opinaron lo mismo y se tiraron contra la producción desde el minuto en el que se anunció. Algunos, guiados por un apego extremo a la franquicia (“¡esos no son mis Cazafantasmas!”), y otros, directamente, por misoginia. Leslie Jones reveló que alguien llegó a tuitearle una foto de un hombre disparándole a una mujer negra en la cabeza.

“Me di cuenta de que están locos y de que era hora de empezar a usar el silencio como arma. Es más mortífero que decir algo. Cuando me preguntaban por la cuestión de género yo respondía que no es un tema de hombres ni un tema de mujeres, es un tema de Cazafantasmas”, sentenció la actriz.

El punto más alto del odio llegó con el lanzamiento del primer trailer, que cuenta con el desafortunado récord de mayor cantidad de “no me gusta” para un video de YouTube. Y todo esto antes de que salga la película. Jones está convencida de que es cuestión de tiempo para callar a los trolls: “Cuando se estrene les va a cerrar la boca a todos”.

Ni las actrices ni el director pierden el entusiasmo ante estas afrentas. Feig contó que pese a que todavía no firmó contrato para una secuela, está abierto a la posibilidad: “Es un mundo tan divertido que el cielo es el límite”. McCarthy comparte el compromiso: “Siempre voy a estar ahí para Paul Feig y estas mujeres. Haría 102 más de estas”. ¿A quién vas a llamar? Ya sabés la respuesta.


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