Cada día son más los que eligen desplazarse a pedal por las grandes ciudades del mundo. Lujosos modelos de diseño y exclusivas boutiques abonan a una tendencia que parece no tener límite.

Subirse a una bicicleta, salir a pedalear por la ciudad y sentir el viento fresco en la cara. Además de ser un transporte ecológico y sustentable, ideal para moverse en los centros urbanos colapsados por el tránsito, la bicicleta permite relacionarse con la calle de una manera diferente: directa y sin intermediarios. Para los amantes del pedaleo es una amiga íntima, casi una extensión del propio cuerpo. Por eso es que muchos eligen personalizarla con diseños exclusivos y hasta la bautizan con nombre y apellido.

Andar en bici es mucho más que una forma de ahorrar o de hacer ejercicio. Se trata de una actitud frente a la vida: pedalear es ir contra el ritmo veloz que impone el sistema y defender una estética personal a rajatabla. Hasta hace unos años la oferta no era muy amplia: había bicicletas de paseo con el típico canasto de mimbre o armatostes con cambios para los más deportistas. Hoy existen modelos para todos los gustos: estilo vintage restauradas, plegables superlivianas y exclusivas bicicletas de diseñadores y marcas prestigiosas, como la francesa Hermès.

“Hace dos años empecé a usar la bici para ir a trabajar”, cuenta Camila, arquitecta de 33 años. “Fue un antes y un después. Al principio me daba miedo andar por la calle pero al poco tiempo tomé confianza y hoy no la cambio por nada. Mi bici soy yo. La compré usada, pero la mandé a restaurar, le puse un canasto blanco, una bocina y hace poco un amigo que es artista plástico le hizo unos diseños de colores en el manubrio. Me gusta que sea original porque su onda también me define a mí.”

Hoy existen modelos para todos los gustos: estilo vintage restauradas, plegables superlivianas y exclusivas bicicletas de diseñadores y marcas prestigiosas.

La vieja bicicleta de acero inoxidable que pasaba de padres a hijos les cede el lugar a modelos que marcan tendencia. La vanguardia está en la calle: asientos de cuero, bocinas de plata, pedales con engarces de piedras, accesorios hechos a medida y hasta ediciones limitadas, como la bicicleta de oro y cristales Swarovski, que vale 80 mil euros. El vehículo inventado en el siglo XIX por el alemán Karl Drais supo transformarse en un objeto de culto, capaz de derrochar glamour y ser un símbolo de estatus social.

En Buenos Aires hay más de 140 kilómetros de bicisendas y 850 bicicletas gratuitas disponibles. Es la única ciudad de Latinoamérica que en 2015 entró en el ranking mundial de las metrópolis más amigables para andar sobre dos ruedas. La capital de Dinamarca, Copenhague –con más bicicletas que autos–, ocupa el puesto número uno. Cada año crece exponencialmente la cantidad de argentinos y turistas que eligen la bicicleta como medio de transporte. Incluso existen restaurantes y bares bici friendly, con espacios para estacionar.

Quizá por eso es que también se multiplicaron las marcas, como Belosophy y Monochrome, que apuntan a conquistar a un público exigente que busca pedalear con estilo. “Belosophy es una filosofía que combina la estética con lo práctico, la calidad y el detalle”, cuentan Estefanía y Sofía del Carril, creadoras de la firma. “Trabajamos con modelos que tienen personalidad, que se adaptan al gusto de cada uno. Es importante que nuestros clientes se sientan cómodos y a gusto con sus bicicletas, por eso apuntamos a la atención personalizada y a hacer que la búsqueda sea una experiencia.”

Andar en bici está de moda. Si sos de los que disfrutan de recorrer las calles sobre dos ruedas, llegó la hora de que des un paso más y te animes a customizar y darle un toque de estilo personal a tu bicicleta. Y si todavía no probaste, dale una oportunidad. Podés empezar saliendo de paseo y, de a poco, incorporarla en tu vida cotidiana. Los beneficios son muchos: además de hacerles bien a tu cuerpo y al medio ambiente, es una posibilidad de volver a sentirte como un niño.