La cultura maya comprendió que el tiempo es cíclico y que cada uno de los períodos que lo componen podría compararse con un curso en la escuela de la vida.

Los sacerdotes llamados “señores del tiempo” en la cultura náhuatl dejaron registrada en las formas calendáricas una forma de medir el paso del tiempo basada en una compleja matriz fractal y matemática. La visión maya de los calendarios permite entender cómo los acontecimientos del pasado, el presente y el futuro se entrelazan y conforman una matriz de tiempo cuya finalidad es mantener un ritmo constante en todo lo que existe.

Los antiguos mayas entendían que el ser humano transita esta verdadera “ola de tiempo” y con sus elecciones determina lo que le deparará el futuro como efectos provenientes de causas primeras. Esta forma de entender la naturaleza del tiempo fue denominada “tiempo fractal”.

Bajo esta comprensión cíclica del movimiento de los acontecimientos y su relación con la evolución, entendemos que nuestras existencias son el resultado del registro simultáneo de todos los ciclos dentro de un período individual que llamamos “vida”. El desconocer la naturaleza de la dinámica fractal de aprendizaje nos lleva, inconscientemente, a no comprender cómo los acontecimientos (buenos o malos) se presentan en nuestras vidas como materias que deben ser superadas como aprendizaje.

Por lo tanto, si los acontecimientos transcurren sin que podamos entender su significado en términos de superación evolutiva, se repetirán una y otra vez, dejando a la persona atrapada en una crisis personal. Es decir que la evolución del ser humano se concreta a través de los años, entendiéndose que cada año es un ciclo y una descripción evaluativa de acontecimientos.

ENTENDIENDO LA NATURALEZA DEL TIEMPO

brad-junio

Quien aprenda a surfear la onda de tiempo fractal podrá elegir y programar sus elecciones y acciones, evitando las sorpresas que la vida le depararía al estar inconsciente del proceso. Cuando el ser humano es capaz de entender los errores y aciertos del pasado puede programar más conscientemente su vida presente, abriendo las puertas a posibles y mejores opciones de futuro que faciliten el acceso a los aprendizajes que el alma vino a trascender.

Lograr descifrar los ciclos y sus códigos personales de aprendizaje sería una forma de establecer previsibilidad y evitar efectos que provoquen sufrimientos y efectos lamentables. Esto sucede porque cuando regresa un patrón-acontecimiento pasado se presenta con las mismas condiciones de la causa que lo originó, pero adaptado al presente. Así, al poseer la capacidad de conocer los acontecimientos que consciente o inconscientemente hemos creado podemos tener acceso a la capacidad de trascender la causa.

Muchas de las culturas nativas del pasado conocían la naturaleza del tiempo y cómo trabajar con ella. En numerosas profecías nativas, los sabios ancestrales han dejado documentados los ciclos y eventos futuros como mensajes a las generaciones siguientes. Fue así como los nativos de la tribu hopi de Arizona pudieron conocer con mucho tiempo de anticipación lo que el hombre blanco haría con la naturaleza por culpa de su ambición de conquista.

Todo lo que conocemos y ejecutamos hoy son ciclos y patrones de nuestros antepasados, los cuales tuvieron sus propios patrones que se entrelazan en una misma matriz unificada de tiempo con los nuestros, por lo que se podría asegurar que no hay un mundo pasado y uno actual, sino un mismo mundo que se construye mediante postas de vidas establecidas como en un maratón olímpico.

Nuestras existencias son el resultado del registro simultáneo de todos los ciclos dentro de un período individual que llamamos “vida”.

EL ESTANQUE DEL TIEMPO

Todo acto humano empuja a una matriz de tiempo, de la misma forma que una piedra produce una onda cuando es arrojada en un estanque. Infinita cantidad de ondas conformadas por una incalculable cantidad de seres vivos se entrelazan y provocan una marea en este estanque de vida que llamamos realidad.

Aquí y ahora (y en tiempos futuros), cada acto, cada sentimiento y elección que hagamos repercutirá de algún modo en nuestras vidas y en las de otros. Eventos, actos, sentimientos (ya sean malvados, negativos o, por el contrario, amorosos, virtuosos, desinteresados, etcétera) estarán influenciando negativa o positivamente el curso de los acontecimientos y de las generaciones venideras, determinando tendencias en la construcción del futuro.

La física cuántica empieza a entender que nuestro tiempo es una sustancia activa, vibratoria (el movimiento de las olas del espacio), y esa sería la causa de la fluctuación del espacio y del tiempo. Una visión del continuo temporal que fuera reflejada de manera magistral en el filme El atlas de las nubes, de las hermanas Lilli y Lana Wachowski (Matrix).

EL TIEMPO FRACTAL Y LA REALIDAD ARGENTINA

La República Argentina se encuentra transitando el cumplimiento de un ciclo mayor “20×10”, un bicentenario compuesto por veinte ciclos de diez años cada uno. El período de la Independencia de 1816 se encuentra estrechamente entrelazado con el actual 2016. Por lo tanto, lo que suceda en este presente año podría significar el cierre de un largo período de 200 años de separatismo en nuestro país.

Si aplicamos la “separación” a lo largo de la historia, nos daremos cuenta de que la conquista fue el inicio, cuando los nativos de América se enfrentaron con los españoles, división histórica que siguió con los unitarios y federales, radicales y peronistas, derecha e izquierda, oficialismo y oposición, etcétera. La preocupante “brecha” entre argentinos podría representar una oportunidad única para saldar la deuda argentina con el tiempo.

Las leyes del tiempo fractal nos enseñan que las venas de nuestro país aún siguen sangrando la herida de la conquista. La Argentina es el fruto de la unión de los inmigrantes con el nativo de sus suelos, pero el ciclo nos demuestra que esa unión aún no se ha consolidado en hermandad y en unidad.

¿Qué necesitamos los argentinos para lograr la unidad? La naturaleza del tiempo fractal nos enseña que cuando las cosas no se aprenden por las buenas, la lección llega de manera cada vez más drástica. Aún estamos a tiempo.