Probada comediante, acaba de ganar un Martín Fierro por un personaje dramático, trabaja en radio en la primera mañana y presentó su propio postre. Una mujer que hace de la versatilidad artística su fórmula para el éxito.

Desde que comenzó en el medio nunca tuvo la decisión de hacer algo en concreto, explica. Sin embargo sabía que el secreto era, justamente, hacer. “Cuando no se hace nada, la energía queda estancada. Y cuando se hace, se vacían espacios para que se llenen de otras cosas”, dice. En su caso, una cosa llevó a la otra y, amigos mediante, se fue dando todo: el Martín Fierro por su trabajo en la serie Signos, el postre que hizo para la marca Freddo y que presentó en la última edición de la Feria Masticar y el programa de radio junto a Guido Kaczka en La 100.

 

–Tu formación es actoral.

–Exacto. Estudié en la escuela de Agustín Alezzo.
Yo quería ser actriz. Era la época de Clave de sol pero para esos personajes ya estaba grande y para Nosotros y los miedos y Atreverse era muy chica. Entonces me moví mucho entre El Parakultural, El Vitral y Cemento.

–¿Tu piedra basal?

–Sin duda, la obra Desesperadamente… Armando es algo que recuerdo con gran cariño, que me permitió que me viera Jorge Guinzburg y luego me llevara a Peor es nada.

–La televisión estaba mal vista por los directores de teatro.

–Aún recuerdo las palabras de Alezzo: “Haga lo de la televisión, cobre su platita y después vea qué hacer”. Después ya vino Pol-ka con Gasoleros y todo cambió.

–Miramos hacia atrás y estuviste en todas las plataformas. ¿Hoy cuál sería el eje de tu profesión?

–Hoy por hoy, a la hora de elegir un trabajo priorizo a mi familia; a mi hija Antonia, que tiene once y sé que en un tiempo ya no la voy a poder disfrutar tanto como ahora, y a mi marido (N. de la R.: El publicista Matías Aubi). Amo la atmósfera que se crea cuando estamos los tres en casa. Por eso elijo no hacer teatro, porque estaría todas las noches afuera.

–La radio te quita las mañanas.

–Es cierto. Me levanto a las cuatro y media porque el programa va de seis a nueve, pero ya a las diez estoy en casa. Y así le robo tiempo al sueño y no a ellos. Cuando me propusieron hacer Signos, junto a Julio Chávez, probé unas semanas y me di cuenta de que no podía, entonces pedí licencia en la radio. Eso es lo bueno de trabajar con amigos, como Guido Kaczka: él entendió que era una gran posibilidad para mí.

“Hoy priorizo a mi familia; a mi hija Antonia, que tiene once y sé que en un tiempo ya no la voy a poder disfrutar tanto, y a mi marido. Amo la atmósfera que se crea cuando estamos los tres en casa. Por eso elijo no hacer teatro, porque estaría todas las noches afuera.”

–Hiciste “la gran Francella”: años de comedia y te llega el Martín Fierro con un personaje oscuro como el de Laura en Signos.

–Se da mucho en los actores de comedia que cuando tienen que hacer drama se destacan más. Pero porque uno le pone más garra como para que lo tomen en serio. No creo que me cambie el camino, aunque habrá que ver las propuestas que empiezan a llegar. La vida siempre me sorprendió.

–A nadie se le hubiese ocurrido ofrecerte un programa de cocina, y también fue un éxito.

–Esas cosas suceden cuando en la intimidad del trabajo hay magia. Con Fernando Trocca somos amigos desde los veinte años, cuando hice junto a él una pasantía en el restaurante donde trabajaba. Una vez me propuso una idea para presentar en el canal El Gourmet y terminamos haciendo el programa Trocca alla Fontán, que duró nada menos que cuatro temporadas.

–Te vimos en la Feria Masticar, elaborando un nuevo postre helado.

–Son esos mimos que te da la vida por medio de tu profesión. Freddo, que fue mi heladería de toda la vida, me convocó para darle forma a un postre para presentar en la Feria Masticar. Yo voy desde siempre a la feria porque me gusta innovar en las comidas, y allí siempre encuentro de todo. Y aunque no soy de ligarme a las marcas, con Freddo no lo dudé.

–¿Por qué “Guandae”?

–A mí desde chica me dicen “la Gunda” por un juego de palabras que nunca nadie me supo explicar (sonríe). Y me preguntaron qué debía tener mi postre favorito. Imposible que no tenga merengue, chocolate, dulce de leche y algún licor dulzón. Así salió un postre espectacular llamado “Gundae”, como un guiño al famoso Sundae.

–Les habrás dicho que no a muchas marcas…

–A muchas no, pero a varias. Siento que somos lo que comemos. Una vez me propusieron ser la cara de unas pechugas de pollo congeladas y no acepté porque no iba con mi forma de ser. No puedo promocionar algo que yo no comería. Y el Gundae lo comería junto a toda mi familia sin pensarlo. Por eso no hago teatro, para quedarme con ellos comiendo helado, sobre todo los sábados a la noche (risas).