Multifacética por vocación, hace casi 20 años que está en pareja con Nahuel Mutti, padre de sus hijos Angelo, Benicio y Justino. Aquí, habla de su familia, del legado de su papá, y comparte sus impresiones sobre el dinero, el rock y la infidelidad.

Alfarería, pintura, música, actuación… La lista de actividades de Catarina Spinetta es casi tan inabarcable como su pasión para encarar cada ítem. La hija mayor del Flaco (nació después de Dante, seguida por Valentino y Vera) tiene varios frentes abiertos. A sus compromisos como DJ se les suman el pronto estreno de Primavera, la nueva comedia de Santiago Giralt, donde actúa junto a su marido, Nahuel Mutti, y la inminente entrega de los premios Gardel, con su padre como uno de los principales nominados por el disco póstumo Los amigo, que se armó sobre la base de un auténtico “dream team spinettiano”: sus hijos, sus músicos de siempre y una selección de canciones inéditas que Catarina encontró en un pendrive y administró con particular celo artístico.

Instalada hace años en Ingeniero Maschwitz, esta madre por tres llega a la cita con una energía desbordante y confiesa: “Por momentos tomo conciencia de todas las cosas que puse a andar y un poco me asusta. Cuando era más chica, apenas había dejado MTV, sentí un poco la presión de tener que decidirme por algo en particular pero finalmente entendí que no soy así. Me acepté como artista y mujer multifacética. Y no todo lo que hago es artístico, eh. Encargarme de la parte legal del legado de mi viejo no es algo creativo. Es un trabajo casi empresarial”, sentencia.

–¿Por qué recayó esa tarea en vos? No sos hija única.

–No, pero supongo que, como en toda familia, los roles se van dando naturalmente. Por mi personalidad, y también por mi relación con mi papá, era cantado que sería yo la que se encargue de eso. Lo que no quiere decir que mis hermanos no opinen o que no tengamos que sentarnos cada tanto para acordar ciertas cosas.

–Podría corregirte en algo: en una familia armoniosa los roles se reparten de manera natural, pero en otras las peleas están a la orden del día.

–Sí, es cierto. No es algo sencillo. En algún punto hoy mis hermanos pasaron a ser también mis socios y hay que reencontrarse en ese vínculo. Por supuesto que aparecen discusiones, contrapuntos, pero no dejamos de tener puesto el foco en el amor. Todos, y en esto incluyo también a mi mamá, tenemos una misma mirada y concepto sobre quién era papá. Él fue muy claro en eso durante su vida.

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“Tanto mi padre como mi madre nos transmitieron a todos un amor muy profundo por la idea de hogar, por el hecho de cocinar, de cuidar a los hijos… ESO ERAN ELLOS.”

–¿Cómo lo definirías?

–(Piensa) Como un ser plenamente auténtico con lo que sentía y hacía. Tenía una gran firmeza interior y espiritual para sostener lo que creía. Su idealismo no se quedaba en las palabras, se veía en los hechos. Era un tipo que, básicamente, no hacía nada que no sintiese.

–¿Te ayudó ese legado a la hora de armar tu propia familia?

–Y… es una guía fundamental. Además, tanto él como mi madre nos transmitieron a todos un amor muy profundo por la idea de hogar, por el hecho de cocinar, de cuidar a los hijos… Eso eran ellos. Y no lo hicieron desde una base moral, sino desde un lugar mucho más terrenal y auténtico. Desde una especie de hippismo aplicado a la familia.

–¿Te arrepentiste alguna vez de haberte mudado a Maschwitz?

–No, ni a palos. Amo mi vida allá. Igual, siempre vengo a la ciudad. Para ver a la familia y para renovar mi cuota necesaria de asfalto y caos.

–¿Y no te perdés un poco todos esos atractivos culturales que tiene la ciudad? Recitales, shows, obras de teatro…

–Voy a ver casi todo lo que me interesa. Obviamente, hay cosas que me pierdo pero no tiene que ver tanto con un tema de distancia sino de elección de vida. Hoy, se hacen las diez de la noche y prefiero estar en la cama después de haberles cocinado a mis hijos que estar preparándome para una fiesta top.

–¿Te volviste más diurna?

–Y… todos los días tengo colegio a las siete de la mañana. Uno vuelve un poco a la rutina escolar cuando tiene hijos. No te lo dicen nunca ¡pero es así! (risas). A las seis, arriba; a tal hora, a buscarlos. Igual me sigue gustando la noche y trabajo como DJ, tampoco es que lo nocturno no existe más para mí.

“TODOS PASAMOS POR CRISIS, pero la solucion no es irse a la primera de cambio.”

–¿Cómo es hoy tu relación con el dinero?

–No es el foco de mi vida, pero admito que brinda tranquilidad. Sería hipócrita decir que no me importa. Pero insisto: no es mi objetivo principal ni una medida de éxito o de realización. Y eso es algo que también mamé desde chica. Todo el mundo me decía: “Uhh, qué grosso tu viejo”, y quizás en casa no había un mango o lo veías a él remando en dulce de leche para llegar a fin de mes. Y éramos felices así. Esa es otra de sus enseñanzas, no venderse a cualquier precio ni a cualquier postor.

–¿Llegaste a pasarla muy mal, económicamente hablando?

–Sí, pero ya más de grande, pos crisis de 2001. Imaginate que mi segundo hijo nació ahí nomás, en julio de 2002, y la verdad es que no fue nada fácil ver cómo toda mi familia me ayudaba comprando pañales o lo que sea. Pero no me quejo, hay gente que perdió todo. Nosotros teníamos un techo seguro, y eso es un montón ya.

–¿Te presenta muchos desafíos la plena adolescencia de Angelo, que ya tiene 15?

–Es todo un gran desafío. Me interesa estar cerca de él, no perder nuestra comunicación. Angelo es muy independiente y respetuoso. Así y todo, es un cúmulo de hormonas en explosión. Hay que aprender a escucharlo, a no espantarse y a tratar de hablar de todo, siempre.

–Mucha gente cree que en las familias de artistas, sobre todo de músicos, la droga es un integrante más. Sin embargo, tu viejo y Dante siempre se manifestaron muy en contra del descontrol del rock.

–Sí, siempre tuvieron muy claro que la cosa no va por ahí. Ojo, su idea tampoco fue prohibir nada sino más bien hablar de todo, de las consecuencias de cada elección. Las charlas de estos temas con mi viejo nos dejaban la cabeza a mil. Supongo que por eso nunca nos quemamos con nada. Ni siquiera en las etapas de mayor rebeldía.

“SI HAY AMOR, HAY QUE LUCHARLA. SIEMPRE. Con Nahuel compartimos mucho esa vision.”

–Otra de tus singularidades es tu relación de casi 20 años con Nahuel. Hoy en día, y más en el ambiente artístico, las relaciones tienden a ser más efímeras.

–Creo que la luchamos. Y que muchas de las parejas de hoy no la pelean lo suficiente. Interponen sus egos a todo. Es algo que también veo en muchas madres cuando no se corren del centro y siguen pensado que son las protagonistas de todo. En las relaciones pasa lo mismo. Todos pasamos por crisis pero la solución no es irse a la primera de cambio. Si hay amor, hay que lucharla. Siempre. Con Nahuel compartimos mucho esa visión.

–¿Podrías perdonarle una infidelidad, llegado el caso?

–Sí, claro. Eso también forma parte de la lucha. Frente a algo así, perdonar a la otra persona de manera real te mete en un tipo de relación más honesta, donde no hay lugar para la mentira. Al comienzo de nuestra relación, cuando éramos más chicos, pasamos por alguna situación de ese estilo y te puedo asegurar que la relación se fortalece. Por supuesto que no estoy hablando de un planteo al estilo “me enamoré de otra persona” o “tengo una doble vida”.

–Supongo que te referís más bien a un desliz, llamémoslo inesperado…

–Exacto. Es irreal pensar que tu pareja sólo te va a desear a vos. Es ridículo.

–Y hoy, ¿siguen teniendo sus momentos sólo para ustedes?

–Sí, a full. Los sábados a la noche suelen ser así. Mis suegros nos re-ayudan en eso, son lo más. Es importante generar esos momentos y espacios de intimidad. Incluso desde lo cotidiano. Parar la pelota y ponernos a ver una serie juntos o seguir una larga sobremesa en la cama. Es vital. No nos olvidamos que además de familia también somos una pareja.