Lulu analiza un hecho cultural que siempre estuvo presente y ahora parece tendencia: ¿Tienen los museos y las pasarelas una relación que se reinventa? ¿Son expresiones que se inspiran mutuamente?

Existen diferentes puntos de vista acerca de la reciprocidad entre moda y arte. Como espectadora curiosa y aprendiz amante de lo que tienen para transmitir ambas disciplinas, creo que tanto el arte como la moda son capaces de hipnotizar al espectador con su manifiesto y que esta relación es tan simbiótica como nutritiva en diferentes aspectos.

Es sólo cuestión de hacer un repaso en el pasado y en el presente para percibir cómo este trato crece fuerte y seguro. Es que, a pesar de poder subsistir independientemente, cuando se entrelazan atrapan al espectador de un modo único y conmovedor.

Cuando se fusionan, cada disciplina aportando lo suyo, logran escenarios únicos. Sin ir más lejos, recuerdo la última presentación local del diseñador Martín Churba en Ruth Benzacar Galería de Arte, donde al mismo tiempo se exhibía la obra El diluvio universal de la serie “40 días y 40 noches”, de Miguel Rothschild. La obra funcionó como un marco exquisito para la colección, que daba un giro de 180 grados en la trayectoria del diseñador.

A nivel global, firmas como Chanel (puntualmente en su presentación primavera verano 2014) lograron fusionar estas dos disciplinas en la pasarela, inspirándose en las ferias de arte más importantes del mundo, con obras exclusivas de artistas internacionales.

Por su parte, Dries van Noten exhibió como obra la mismísima pasarela, el trabajo de la argentina Alexandra Kehayoglou durante el Paris Fashion Week de 2015.

Cuando el arte sirve como inspiración en la industria de la moda, también sucede una relación magnífica. La moda abraza las ideas del arte, las reinterpreta y les da vida en otras dimensiones.

Si hondamos en el tiempo, no podemos pasar por alto las inolvidables colaboraciones, respetadas y cultivadas desde ambas disciplinas, de la dupla de Piet Mondrian e Yves Saint Laurent o los dibujos de Salvador Dalí en los diseños de Elsa Schiaparelli.

Más actual fue la dupla que logró récords de ventas y cuya colección se agotó en pocas semanas. Me refiero a la interpretación inolvidable de las calaveras del artista Damien Hirst por la firma Alexander McQueen.

Por último, me gustaría hacer hincapié en la manera en que la moda se cuela en el terreno artístico: las galerías y los museos se prestan como escenarios perfectos para exponer, compartir y curar allí la historia de diferentes diseñadores que han dejado su huella social y cultural en el plano global y también local. Me refiero a personajes como la mismísima Coco Chanel o el gran Alexander McQueen, cuyas historias, trayectorias y piezas de diseño fueron conocidas, recorridas y valoradas por millones de personas durante sendas exposiciones en el Museo Metropolitano de Nueva York.

A nivel local, estos días podemos recorrer en la Fundación OSDE la exposición “Magia negra”, que transita la trayectoria de Pablo Ramírez junto con los fotógrafos Luciana Val y Franco Musso.

Aquí es donde el diseño toma las características de una muestra de arte para plasmar un recorrido acerca de la trayectoria de un diseñador.

Sin duda, desde la pasarela hasta el estampado de las prendas, pasando por el escenario de un museo, el arte y la moda se respetan, se dan la mano y se intersectan creando nuevas e infinitas posibilidades.