El reconocido artista callejero que trasciende fronteras disfruta del momento que atraviesa la actividad para la que nacio: darles vida a paredes grises que hubieran pasado inadvertidas. Principios y conceptos de un creador diferente.

A Martín Ron no le quita el sueño que la prestigiosa revista de arte contemporáneo Art Democracy lo haya colocado en el top ten del street art a nivel mundial, ni que el popular grupo Street Art London lo haya invitado a pintar murales en Londres. Nada lo desvela, porque sabe que el arte es meramente subjetivo. El rol del muralismo –a diferencia del grafiti y del street art, que lo intervienen de forma casual y/o clandestina– es renovar el espacio público con obras frescas y originales. Darles vida a medianeras desangeladas, como si de lienzos en blanco se tratara. Hoy es una tendencia mundial cada vez más en boga, y uno de sus mayores artífices es este joven argentino que lleva su país a paredes de todo el mundo.

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–¿Cómo llegás a la pintura y, luego, al muralismo?

–Casi que me introduje solo: de chico siempre me gustó la pintura y crecí haciendo talleres de dibujo. En la secundaria era de esos que se ofrecían para hacer la bandera de egresados o pintar alguna pared del colegio. Algunos atraviesan la escuela con la pelota de fútbol bajo el brazo; yo lo hice con el pincel. Empecé con las paredes de mi cuarto y seguí con las de mis amigos. Y después, la calle.

–¿Pintabas las calles por rebeldía o ya lo concebías como un arte?

–En realidad, conecté con la pintura mural por el soporte y por salir a hacerlo con amigos. No en plan vandálico, sino como una actividad social. Yo quería trasladar y dar a conocer mi pintura, porque crecí a pincel, brocha y rodillo.

–¿Qué sentís cuando una idea tuya queda plasmada en algún punto de la ciudad? ¿Sigue siendo tuya o ya le pertenece a ese barrio?

–Pasa a ser una concepción entre el artista y el vecino. La producción que queda en la calle es de ellos. La ciudad envuelve esa obra y se la apropia.

“La produccion que queda en la calle es de los vecinos.”

–¿Cómo se explica el furor del muralismo que atraviesan la Argentina y el mundo?

–La cantidad de información que hay a nivel mundial impacta mucho en el fenómeno, sobre todo por las redes sociales. La gente perdió el miedo a hacerse valer y decide vivir de lo que quiere. La pintura dejó de ser un producto elitista, y vemos que muchos colegas trasladan sus obras a la calle. Ya no hace falta ir a un museo para ver arte. Es un fenómeno que se retroalimenta y crece.

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–¿Cuánto contribuyen los murales con la cultura del barrio?

–No sólo son culturales, también son populares porque tienen contacto con gente que no tuvo la posibilidad de ir a una galería de arte o comprar un cuadro. Se genera un compromiso social y despierta el interés en los vecinos por saber qué es eso que está ahí.

–¿Cómo funcionó el programa Embellecimiento Urbano, del que fuiste parte?

–Fue un programa que creció de la mano de la inquietud de diferentes artistas del partido de Tres de Febrero, canalizado a través del Estado, para que puedan encontrar un espacio donde expresarse y hacer del barrio un lugar mucho más agradable. Esa propuesta hizo que el movimiento creciera, que se dictaran cursos de capacitación y que los artistas pudieran, de alguna manera, vivir de su vocación.

–¿Cuál es la relación entre el muralista y el grafitero?

–Compartimos paredes y pintura. Ambos tratamos de dejar una imagen que genere un vínculo social. El grafiti es una manifestación que va más por la adrenalina y lo territorial. A veces sucede que peleamos por un mismo espacio, pero generalmente hay mucho respeto.

–Pintaste murales en todo el mundo. ¿Qué significó poder trasladar tu arte a países con diferentes culturas, valores y concepciones?

–Fue una satisfacción muy grande. Es un honor que me inviten a pintar en diferentes lugares. Está buenísimo poder viajar y sembrar un poco de tu cultura en la otra. Las obras, igualmente, no se pueden separar del autor. Todos mis murales llevan cosas del lugar del que vengo.

¿Qué proyectos tenés para 2016?

–A fines de marzo presenté mi primera muestra individual en San Isidro, y está la posibilidad de ir a pintar a Australia a mediados de mayo.