A los 28 Años, la modelo y columnista de Fox sports disfruta de la vida de casada, apuesta a su línea de carteras y se prepara para cubrir los Juegos olímpicos 2016. ¿su secreto? conocer sus limitaciones y no perder de vista el objetivo. Ambiciosa pero muy noble, Asegura: “no soy de las que pisan cabezas”.

Quienes la conocen bien no dudan en destacar su compromiso con cada desafío que encara. Se la ve relajada, feliz. Habla, escucha y vuelve a hablar sin perder el ritmo de la producción. La maquillan, la peinan, se mira, aporta ideas. A Luli no se le escapa nada. Está en cada etapa de la producción fotográfica. Sugiere y pregunta. Agradece y, como bien dice, aprende. Tiene buen ojo. Todos lo saben y por eso aceptan la mirada de esta mujer que, a los 14 años, comenzó a recorrer un largo camino con los objetivos bien en claro: “En eso soy un toro. Te fijo el objetivo y voy”.

–¿Ambiciosa?

–Sí, pero muy noble, no soy de las que pisan cabezas. Nada me detiene. Para lograrlo, dejé muchas cosas en el camino. Uno se sacrifica un montón. Soy egoísta.

–¿Por qué decís que sos egoísta?

–Lo fui, siempre priorice mi carrera. No me arrepiento de haberlo hecho. Es el camino que transité. Tengo 28 años y la mitad de mi vida la pasé trabajando. Relegué muchas cosas: cumpleaños, fiestas, muchos momentos en Azul. Soy del interior, de la provincia de Buenos Aires, y me fui por trabajo. Hay momentos en los que mirás atrás y descubrís que las sobrinas crecieron y que muchos ya no están. Hice lo necesario para estar donde estoy. Insisto, no me arrepiento.

En Brasil, en uno de los tiempos muertos en la cobertura del Mundial para Fox Sports, Luli le comentó a Sergio Goycochea, su compañero, la idea de armar un proyecto que la gratificara. “Hacía mucho que estaba buscando algo que me hiciera bien desde lo personal. Se lo conté a Goyco y a su representante, y empecé a hacer números y a imaginar mi línea de carteras.” Por ahora, se consiguen en su página web, lulifernadez.com.ar.

–Cada cartera tiene su historia.

–Sí, llevan el nombre de mi abuela o los juegos que me enseñó mi abuelo, como “Lotería”, “Truco” o “Gallega”, como él me decía.

–¿Las diseñás vos?

– Soy una convencida de que puedo dar lo mejor, pero tengo mis limitaciones. Reconozco cuáles son y por eso trabajo en equipo. Igual creo que la ambición y las ganas de realizarte superan cualquier limitación.

–Como medir 1,67 y querer ser modelo.

–(Risas) Mucha gente me miraba despectivamente y me decía que no podía dedicarme a esto. Tenía 15 años y recuerdo que llegaba a casa y le decía a mi mamá que no iba a lograrlo. Pero decidí salir adelante: ahí está la diferencia entre quién llega y quién no. Es importante confiar en uno mismo y conocer los límites, pero no para que te frenen sino para saber con qué herramientas contás.

“MUCHA GENTE ME MIRABA DESPECTIVAMENTE Y ME DECÍA QUE NO PODÍA DEDICARME A ESTO, PERO DECIDÍ SALIR ADELANTE. TENÍA 15 AÑOS. AHÍ ESTÁ LA DIFERENCIA ENTRE QUIÉN LLEGA Y QUIÉN NO.”

–¿Sos de darle importancia a lo que dicen los otros?

–Hay gente muy agresiva, que dice cosas que duelen, pero no podés perder de vista que es la mirada del otro y no podés hacerte cargo de eso. No puedo detenerme, enojarme o entristecerme por lo que dicen. Esta cosa de la subestimación es tan fácil… Ven a una chica linda y en seguida piensan: “¿A quién se comerá?”. Siempre es difícil enaltecer el laburo del otro.

–Todavía hoy te dicen cosas por tu trabajo como columnista en Fox Sports.

–Muchas veces me pasa que me escriben y me dicen: “Qué injusto que vos estés ahí haciendo notas y yo que me recibí de periodista no tengo laburo”. Lo leo y en un punto pienso que tienen razón, pero también sé que desde ese lugar no van a llegar nunca, porque están hablando desde el resentimiento. No soy periodista, pero hace tiempo que estoy en la televisión. Cubrí un Mundial, un campeonato de Fórmula 1, voy por mi segunda Champions League y en agosto tengo los Juegos Olímpicos. Dame un crédito. Siempre intento sumar en mi trabajo, me preparo, me lo tomo en serio. Pasé por TyC Sports, ESPN y desde hace años trabajo en Fox Sports. Soy un bicho de tele, tengo mucha práctica. En un momento me ofrecieron escribir una columna para el diario Olé, pero no me animé, porque sé hasta dónde puedo.

–Para una chica linda, ¿las cosas son más fáciles?

–Para la mujer que se abrió camino a través de la moda, que es linda, entre comillas, es real que las cosas son más fáciles, pero no hay que subestimar. Transité un camino amplio, sin perder el rumbo. Siempre trabajando.

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–Una vez dijiste que si llegabas a las tapas de las revistas iba a ser por tu trabajo y no por un escándalo.

–Tengo una vida muy simple y un trabajo al que le pongo lo mejor de mí. No busco otra cosa. Tengo un marido, una madre, una familia en Azul y cuando voy para allá no soy más que la prima de Sol, la sobrina de Norma o la nieta de Kika. Eso ayuda a no perder el rumbo.

–Hace un año y medio que te casaste y cumpliste tu gran sueño.

–Siempre soñé con casarme y salió tal como lo imaginé de chica.

“MUCHAS VECES ME ESCRIBEN DICIENDO: ‘QUÉ INJUSTO QUE VOS ESTÉS AHÍ HACIENDO NOTAS Y YO QUE ME RECIBÍ DE PERIODISTA NO TENGO LABURO’. LO LEO Y EN UN PUNTO PIENSO QUE TIENEN RAZÓN, PERO TAMBIÉN SÉ QUE DESDE ESE LUGAR NO VAN A LLEGAR NUNCA.”

“La historia de amor imperfecta que se hizo perfecta.” Así define Luli su encuentro con Cristian Cúneo Libarona, el hombre con el que decidió apostarlo todo, a pesar de la resistencia de sus amigas y de las advertencias de su madre. Cristian es 18 años mayor que ella, tiene cuatro hijos y dos ex parejas, pero a Luli eso no le importó. Como si fuera un guión hollywoodense, la protagonista de la historia acompañó a su mamá a la oficina de los abogados Cúneo Libarona para encontrarse con Rafael. Alejada de su look de modelo, la chica en cuestión se presentó en las oficinas en jogging y con la cara lavada. Acto seguido, Rafael anunció que se tenía que ir pero que las dejaba en buenas manos. En ese momento, entró en escena Cristian. “Un bombón, una cosa tan linda, no podía creer que yo estuviera así. Chicas, nunca salgan en jogging. A la semana me invitó a cenar y nunca más nos separamos.”

–¿Cómo te llevás con sus hijos?

–Muy bien. Soy hija de padres separados y siempre tuve claro que si me tocaba vivir una situación como la que atravieso ahora, iba a pensar como hija.

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–¿A qué te referís?

–A mí no me gustaba que nadie me quitara tiempo ni de mi mamá ni de mi papá. Siempre incentivo para que Cristian tenga sus tiempos a solas con sus hijos. Estoy para sumar, y los chicos lo saben. No juego a ser la mamá de nadie, respeto los espacios y los momentos que ellos tienen. Yo ya voy a tener mis hijos.

–¿Son una familia que habla de todo, por ejemplo de drogas?

–Después de lo que ocurrió con la fiesta electrónica (Time Warp), Cristian habló con los chicos. Los papás tienen un rol elemental que va más allá de la responsabilidad del Estado. No podemos culpar siempre al de afuera. La droga es el cáncer de nuestra época.

–¿Fuiste una adolescente rebelde?

–No tuve esa cosa de adolescente retobada porque con mi mamá siempre hablé todo. Cuando le dije que quería fumar, me trajo un paquete de cigarrillos y me dijo: “Hacelo acá”. Probé y no me gustó. No me permitió todo, pero me acompañó.

Las redes sociales son buenas aliadas de Luli (en Twitter la siguen más de un millón de personas, tiene Facebook, Instagram y Snapchat), tanto en lo personal como en lo profesional. “Siempre me pregunto hasta dónde abro la puerta de la intimidad. Trato de cuidarme y de no exhibir a los chicos. Me gusta tener contacto con mis seguidores, siento ese feedback inmediato con la gente. Trato de estar atenta a sus sugerencias. Muchas chicas que me siguen se identifican conmigo, no me tienen en un lugar inalcanzable, y eso me reconforta.”

–¿Cómo te llevás con el ego?

–Mi mamá siempre fue un bastión esencial en mi vida. Ya a los 15 años manejaba mi propio dinero y recuerdo muy bien lo que me dijo: “Sé consciente de que lo que ganás en un día de trabajo es lo que mismo que ganó yo en un mes”. Nunca despilfarré el dinero, soy consciente y creo que por eso nunca perdí el eje.

En uno de sus pies asoma un rosario tatuado. “No sé cuántos tatuajes tengo. Para mí son importantes, tienen que ver con cada etapa vivida.” En un tobillo, decidió grabarse una frase en
inglés: “Create yourself”. En su brazo derecho selló la palabra “Roar”. Un rugir, para sentirse más viva y valiente que nunca.

 


Styling: Gimena Bugallo

Make up: Dominique Heslop, para estudio Frumboli con productos Lancôme

Pelo: Luciano H Aparicio, para Mala Peluquería

Agradecimientos: Natalia Antolin, Alló Martínez, Ginebra, Ricky Sarkany, Gabriella Capucci, Bartolomé Joyas.