Ganador de dos Oscar como guionista y dueño de un particular estilo como director, nunca pasa inadvertido. En su octavo filme, Los 8 más odiados , vuelve a uno de sus géneros favoritos: el western. Y otra vez propone una película sin medias tintas, repleta de suspenso, violencia y humor salvaje. Como en toda su trayectoria, no faltan guiños a los clásicos del cine clase B, que vio apasionadamente en su adolescencia.

Venía marcado. Sus padres tomaron el “Quentin” del personaje de Burt Reynolds de la serie La ley del revólver. A partir de ahí, no tuvo más que acomodarse al destino que le indicaba su nombre. Y no esperó muchos años: era un adolescente cuando dejó los estudios para trabajar como acomodador en un cine porno. Poco después, cuando comenzó a trabajar en un videoclub, empezaría su verdadera educación. “Yo no estudié cine, vi cine”, dice. Y cuenta que entre los 17 y los 22 años veía alrededor de 200 películas al año. En el videoclub empezó a gestarse la obra cinematográfica de Quentin Jerome Tarantino. Allí también conoció a Roger Avary, con quien escribiría el guión de Perros de la calle (1992).

Así comienza la historia de quien hoy, con Los 8 más odiados, vuelve a aquella premisa del filme que lo instaló en el mundo de los cinéfilos como un faro de extraña luz. Al igual que en Perros de la calle, en la película que acaba de ser lanzada y que en su primer fin de semana en los Estados Unidos alcanzó 16,2 millones de dólares de taquilla, encierra a ocho tipos malditos en un espacio donde la violencia estalla a cada paso, siempre con un toque de su raro humor. En Los 8 más odiados también vuelve al western. “Es uno de mis géneros favoritos. Me gustan todos los tipos de westerns, y los spaghetti westerns me gustan incluso más”, dice.

En el filme, la lenta llegada hacia el escenario teatral de la cabaña donde se va a desarrollar el núcleo de la historia es una fantástica secuencia que protagoniza el avance de una tormenta de nieve. Tarantino demuestra que filma como los dioses. En cuanto a la taquilla, empezó bastante más floja que los 38 millones de dólares que produjo Bastardos sin gloria (2009) o los 30,1 de Django sin cadenas (2012).

LA PRESENCIA DE TARANTINO EN UNA MANIFESTACIÓN CONTRA LOS ASESINATOS DE JÓVENES NEGROS HIZO QUE LA POLICÍA BOICOTEARA SU PELÍCULA.

Tarantino nació en Knoxville, estado de Tennessee, en 1963, pero creció en Los Ángeles, adonde su madre lo llevó cuando tenía dos años. Ya estaba cerca de la capital mundial del cine, aunque lo suyo no fueron los grandes estudios de Hollywood. Como director y productor siempre estuvo más cerca del cine independiente, y aun después de consagrarse como un director de culto, se mantuvo en cierta forma marginal, despertando algo de desconfianza y sospecha.

Cita y plagio, dicen de Tarantino. La historia del cine está viva en el arcón de los recuerdos que parece ser su gran cabeza de nerd. Sus películas salen directamente de otras o reaparecen en escenas, en encuadres. Incluso sus personajes vienen cargados de otros personajes. Todo ese cine que vio apasionada y desmesuradamente, especialmente los clásicos del clase B y las series de televisión de los 70, encuentra el momento de volver a la pantalla desde su cámara. Bastardos sin gloria es directamente la apoteosis del cine, homenaje tras homenaje. En medio de la guerra, de la ocupación nazi de París, ese pequeño y bello cine, con una filmoteca amorosamente cuidada, será la bomba que incendie con todo su nitrato: un culto al cine, en cada toma.tarantino-ab3

Así como su cine trae siempre otro cine, con la historia muestra sucesos que hacen eco en otros. En Los 8 más odiados, que transcurre poco después de la guerra civil estadounidense, la violencia racial repercute en los sucesos recientes en que policías matan a jóvenes negros con total impunidad. Como si la historia se detuviera. Justamente, la presencia de Tarantino en una manifestación que se realizó en octubre pasado contra la seguidilla de asesinatos de jóvenes negros juramentó a los policías a hacerle un boicot a su película.

La fidelidad de Tarantino con el cine se muestra también en la elección de sus actores. Son excepcionales los que sólo han trabajado una vez con él, y a algunos los desempolvó de otros tiempos y les dio nueva vida. Uno de ellos fue John Travolta, quien luego de sus dos éxitos de los 70 (Fiebre de sábado por la noche y Grease) sólo tuvo algún regreso esporádico y estaba casi desaparecido cuando encarnó de una vez y para siempre al fabuloso Vincent Vega de Pulp Fiction (1994).

Luego de su octava película como director –sin contar el capítulo de Four Rooms (1995)–, dice que sólo filmará un par más. Como aseguró años atrás, no quiere ser un director viejo y piensa retirarse alrededor de los 60 y seguir escribiendo. De hecho, los dos Oscar que recibió fueron por los guiones de Pulp Fiction y Django sin cadenas, nunca como director ni como mejor película. Tarantino ya no es un niño, anda por los 52, pero ser niño terrible es un estilo y puede durar para siempre. Tome la forma que tome, esta saga, al menos por un tiempo, continuará.