Hace 12 años dejó Mendoza para seguir un impulso y estudiar actuación en Buenos Aires. Su carrera fue en ascenso: trabajó en cine, teatro y se hizo conocido en televisión. Ahora brilla en la telenovela La leona . En esta entrevista, habla de sus inicios, del oficio de actor y de los influjos del amor.

Los Diego y Martín de este mundo no tienen ni idea de lo que es llevar un Marco Antonio como nombre. Aunque a él, más allá de hacer algún chiste con el amante de Cleopatra, no le genera a esta altura de su vida grandes conflictos. “Al principio me pesaba –confiesa–. Es una responsabilidad tener un nombre así, tiene mucha carga. Con los años me fue gustando más, siento que ahora va encajando mejor.”

marco-abril1–De chico debió de haber sido complicado.

–Sí, sufría. Cuando mi mamá me llamaba y me decía “Marco Antonio” era como que me quería enaltecer y yo me quería matar.

–¿Te costó venirte a Buenos Aires desde Mendoza?

–No, fue un impulso. Estaba estudiando Educación Física y vi que había un seminario sobre actuación, que siempre me había llamado la atención. Me presenté, me subí a improvisar y fue tanto lo que me sucedió que quise venir a estudiar. Y me vine a los 15 días. No fue nada fácil. Tenía 900 pesos. Me acuerdo de que la pensión me salía 270, pagué dos meses y con el resto viví como un mes y medio comiendo arroz con atún. No sé si lo volvería a hacer pero si vas a despertar, despertá cuando sea. A veces me pienso siendo ingeniero y me muero (N. de la R.: quiso estudiar Ingeniería Biomédica pero no pudo).

–Era un interés claro. ¿Lo sigue siendo?

–Sí, me gusta la física, la química, la nanotecnología. Se me hizo un hobby, como la música. Y en definitiva no dejo de ver el teatro como matemática y como música. Todo es milimétricamente preciso, es una cuestión de tempo y respiración. En el teatro es donde encuentro un punto de conexión entre el arte y la ciencia.

 “CREO QUE HAY ENERGÍAS QUE SE MUEVEN Y SE APODERAN DE LOS ACTORES. TENGO LA TEORÍA DE QUE EL ACTOR TIENE QUE DESAPARECER. UNA VEZ QUE SENTÍS QUE TENÉS TU INSTRUMENTO, CHAU, ANDATE, DEJÁ QUE SE APODEREN DE VOS LOS PERSONAJES.”

–¿Sos un perfeccionista?

–Lamentablemente para los productores, que me deben odiar (risas). Te pongo un ejemplo. Si vos querés hacer música y la partitura tiene notas desafinadas y vos la tocás, va a sonar desafinado. Cuando leés un guión y leés ciertas palabras y notás que no tiene organicidad…

–Entonces los que te odian son los guionistas.

–Claro (risas). Igual es difícil porque el guionista escribe su música y uno tiene que tocar la música del otro. Y una cosa es destrozar algo y otra es querer aportar a la propuesta. Muchas veces lo que veo es que la propuesta escrita viene con una intención, pero las notas, cuando las tocás, suenan a otra cosa, hacen ruido. Lo que me obsesiona es sacar el ruido y tratar de que quede todo lo más simple, esencial y prolijo a la hora de actuar.

–¿Sos de estar conforme con tu trabajo?

–Trato de tener la mirada más optimista posible y de no matarme porque, si no, sos una uña encarnada, no te frena nadie, se te cierra todo: la emoción, el cerebro, y morís. Siempre le encontraría una vuelta más. Pero también el ego entra ahí y te empieza a quemar la cabeza y a exigir. Creo que hay energías que se mueven y se apoderan de los actores. Tengo la teoría de que el actor tiene que desaparecer. Una vez que sentís que tenés tu instrumento, chau, andate, dejá que se apoderen de vos los personajes. El teatro es muy especial.

–¿Hay algo que no veas?

–Nunca vi teatro de revista y me encantaría. Es más, me encantaría hacer teatro de revista. Quiero ser “el” vedette. Quiero hacer una revista con chabones heterosexuales, chongos con plumas, pelo en el pecho, brillos (risas).

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“ES LA PRIMERA VEZ QUE VIVO SOLO. LLEGÓ UN MOMENTO EN EL QUE ME DI CUENTA DE QUE NO TENÍA MI UNIVERSO ARMADO Y ME PARECÍA QUE ERA UNA ETAPA QUE TENÍA QUE VIVIR. ES UN ACTO EGOÍSTA QUE NECESITABA PARA PODER VOLVER A TENER UNA RELACIÓN.”

–¿Te ves en La leona, ya que la tira está terminada y no venís agotado de grabar todo el día?

–Miro tele buscándola por internet. Se me hace muy difícil seguir algo. De repente me levanto un domingo y veo ocho capítulos completos. Y cuando me hacías la pregunta pensaba qué sería de la novela si estuviéramos grabando, e indudablemente no hubiésemos ido nunca hacia donde fuimos. Lamentablemente, tenemos un rating absurdo, con una estadística de 800 codificadores en 40 millones de habitantes. Partiendo de ahí me da mucha alegría haber hecho una novela entera sin ese condicionamiento absurdo. Desapareció mucha histeria, grabamos sin presión externa.

–Hace más de un año que te separaste, pero hace un tiempo se reencontraron de casualidad y hasta se sacaron fotos juntos. ¿Cómo explicás esa situación? 

–Estuvimos siete años juntos. Dio la casualidad de que nos encontramos y fue tan espontáneo como eso. Entendimos que cada uno tenía que seguir otro camino.

–¿El famoso “nos separamos bien”?

–No sé qué es separarse bien, pero creo que es tratar de entender que nada de lo que uno hace es en contra del otro. Si te amaste tanto con una persona, ¿cómo podés terminar odiándote?

–¿Estás disfrutando la soltería?

–Sí, es la primera vez que vivo solo. Llegó un momento en el que me di cuenta de que no tenía mi universo armado y me parecía que era una etapa que tenía que vivir y que iba al margen de la persona que estaba a mi lado. Tenía que poder estar conmigo y eso es un acto egoísta que necesitaba transitar porque sin eso no iba a poder volver a tener una relación. Además, era: “Tengo que darme cuenta de que soy insoportable”. Tengo que fumarme yo solo.

–Todos somos insoportables.

–Por eso, pero fumate vos. Me di cuenta de que le eché tantas culpas por todo y ahora no tengo a quién echárselas. ¡Me desperté a las 5 de la mañana y no era por culpa de que ella estuviera al lado, porque ahora no hay nadie al lado! Tampoco me quiero quemar pero pienso: “¡Qué neurótico!”. Ojo, la segunda vuelta de algo por ahí ya viene con un poco de experiencia. Si el amor tiene que llegar, va a suceder hagas lo que hagas. Va a suceder. Sí o sí.


Styling: Gimena Bugallo Raponi | P einó: Damián Venegas para Bun Head Hair Club

Agradecimientos: Prototype, Pepe Jeans, Bolivia, A.Y. Not Dead, Adidas, Terán