A los 21 años fue protagonista de West Side Story , un exitoso musical de Broadway que la llevó a triunfar en la gran manzana durante años. De regreso en la Argentina, brilló en la última versión de Drácula, el musical , y actualmente se encuentra otra vez en Nueva York para descansar y pensar en cómo canalizar tanto talento.

Ella es joven, aunque haya recorrido un largo camino. Habla de manera dulce pero contundente. Es pícara, muy. Y ácida como un pomelo de verano. Con una voz de campanas lejanas y un vocabulario rico y abundante, me cuenta aquello que piensa, parte de lo que sueña y, por momentos, se le escapa lo que siente. La mujer arrebatadoramente bella y talentosa se llama Josefina Scaglione, aquella que triunfó en los musicales de Broadway, vivió varios años en Nueva York, regresó a la Argentina y acaba de finalizar una exitosa temporada al frente de Drácula.

–Si tuvieras que hacer el musical sobre tu vida, ¿cómo se llamaría?

–Me hiciste reír con esa pregunta. Un musical mío bien autorreferencial tendría que tener, para empezar, una mezcla de música de todo el mundo, porque escucho desde Björk hasta Chavela Vargas. Debería ser un espectáculo de sensaciones, es decir, basado en lo sensorial más que en algo literal. Y se llamaría Ecléctica, porque me gustan muchos rubros del arte y he experimentado en varios campos.

–Si este musical tuviera sólo cuatro personajes de tu vida real, ¿quiénes serían?

–Pondría a mi madre, a mi amiga de la infancia Matilde, al rol del hombre en general (sin nadie específico) y a mis abuelas representadas en una.

–Un universo bastante femenino. ¿Cuánto tuvieron que ver estas mujeres en tu carrera?

–Las mujeres tuvieron y tienen mucho que ver. Mis abuelas, sobre todo la materna, que era violinista, junto con mi abuelo, me inculcaron la música clásica y el tango. Eran concertistas en Entre Ríos, y me hicieron cantar ópera desde niña. Mi abuela paterna sigue siendo aún hoy un personaje sin igual, con mucho humor, y eso hizo que yo me definiera con una acidez propia de ella. Mi mamá se reinventa todo el tiempo: es honesta y verdadera, se asume con su edad y es muy auténtica. Mi amiga Matilde es la mujer que siempre me ha acompañado incansable e infaliblemente, es mi hombro desde los 4 años. Las mujeres somos encarnaciones directas de la divinidad, creo que tenemos una sabiduría y una sensibilidad que excede a la del hombre, sin competencia.

–¿Cómo lidiás con las pasiones y suspicacias que despiertan tu belleza?

–Lo percibo, pero no le presto atención. Me tiene sin cuidado la mala onda. Si se responde con amor, todo eso se desvanece.

–¿Y los hombres? ¿Qué rol ocupan en tu vida?

–El que tienen que ocupar. Me crié con dos hermanos varones más grandes, a quienes amo. Me llevo bárbaro y tengo muchos amigos. Me divierto con la simpleza de los hombres, con lo despojado de su forma de expresarse, con lo directo. Creo que es muy valiosa esa manera de hablar sin pelos en la lengua. Por supuesto que no todos son así, también hay locas entre ellos. El rol de mi padre fue muy importante, siempre me apoyó mucho para que yo fuera lo que soy.

Y luego está el hombre que está conmigo, mi compañero, con sus deseos, sus aspiraciones, su pasión, para que yo pueda admirarlo y vayamos juntos, siempre a la par.

“Me fui a Nueva York siendo muy joven, tenía 21 años, no sabía casi nada de la vida pero tenía lo suficiente para ser protagonista. En lo personal era un torbellino y no entendía nada.”

 –Hablando de hombres y amores, ¿cuál fue el gran amor de tu vida?

–Honestamente, el gran amor de mi vida es el hombre que hoy tengo al lado, Sebastián Irigo (N. de la R.: Repite dos veces el nombre de su amado), director de teatro, dramaturgo y músico. Ha superado a todos los otros, se ha ganado el trofeo (se ríe), es un tipazo hermoso.

–Se hace real el mito de la actriz y el director, como el músico de rock y la modelo.

–En nuestro caso no, porque mi novio, si bien ahora se dedica a la dramaturgia, es principalmente músico y eso es lo que nos une, porque yo además de cantar toco la guitarra. No creo en esas asociaciones cliché del director y su musa, me parece muy machista. Lo que sí tenemos es una afinidad artística y mucha atracción física.

–¿Qué fue lo que más te marcó de West Side Story, el musical que protagonizaste en Broadway, y tu paso por Nueva York?

–Me fui a Nueva York siendo muy joven, tenía 21 años, no sabía casi nada de la vida pero tenía lo suficiente para ser protagonista. En lo personal, era un torbellino y no entendía nada. Fue una experiencia destructora y constructora. Jugué en la primera liga de la comedia musical y eso lo llevo conmigo. Ahora vuelvo a Nueva York y ya tengo mi lista de obras para ver. Igual, quiero destacar que acá, en Buenos Aires, también hay mucho talento.

–¿Cuál sería tu meta pendiente, teniendo en cuenta que a Broadway ya llegaste?

–No sería en un musical, sino desarrollando mi propia música. Mis temas, con mi guitarra o banda. Y, por otro lado, poder ser actriz de teatro o cine, separándome de la música.

–¿Cuánto de talento innato y cuánto de preparación y estudio hay en tu carrera?

–Creo que hay algo que viene del más allá, que tiene que ver con el talento como unidad. Y también con la preparación. Yo desde chica que estudio. Vocalizo todos los días, hago funciones de miércoles a domingo, le dedico tiempo. Incluso hoy, que tomo talleres de teatro y me sigo perfeccionando. Es una combinación de ambas cosas.

–¿Qué artistas admirás o sentís más cercanas a tu estilo?
–Björk y Regina Spektor.

–¿Quiénes son tus musas?
–La Luna.

–¡Al final eras vampiro! Cambiando de tema, ¿cómo te cuidás la cara esa increíble que tenés, y el cuerpo?
–Hago tratamientos corporales en Libelle Centro de Estética, todos no invasivos, e ingiero mucho agua. Además, como sano y soy vegetariana. Me hago limpiezas de cutis e hidrato bien la piel. Ojo, tomo alcohol y como lo que me gusta, tampoco sufro. A nivel físico, hago pilates, yoga y baile.

–¿Qué creés que hubiese pasado con tu carrera sin esa belleza que tenés?
–Wow… nunca lo había pensando de esa manera. Creo que la belleza abre muchas puertas, pero la belleza sin contenido no te lleva a ningún lado. Y lo que verdaderamente trasciende es eso, lo que el artista tiene más allá del envase. Hubiese sido más difícil hacerme un lugar sin el plano físico, pero no imposible. Es un facilitador, aunque no hace al resultado final.


Styling: Doiss Messeder

Asistentes de producción: María Elena Gonzáles Estrada, Viviana Risso

Make up: Agustina Caparra para Frumboli Estudio

Pelo: Juan Beltrán

Agradecimientos: Roberta Se Lamenta, Mai Cassal, Victoria’s Secret, Valdez, Pamplona By Pablo Simon, Caro Cuore, Solo Ivanka, Tucci, Basilotta