Un crucero de expedición al Cabo de Hornos invita a vivir la fuerza imponente de los océanos Atlántico y Pacífico en el punto exacto donde confluyen. Una aventura para valientes en la porción de tierra más austral del planeta.

Una expedición al Cabo de Hornos es una experiencia a la que pocos viajeros podrían resistirse. Se trata, sin exageraciones, de uno de los rincones más temidos del mundo a lo largo de la historia de la navegación, y esa fama responde a características muy concretas. Los violentos temporales del océano Pacífico generan vientos de 50 nudos (más de 90 kilómetros por hora) que cuando pasan entre la Cordillera de los Andes y la península Antártica producen fácilmente ráfagas de hasta 150 kilómetros por hora, generando las enormes olas que le han dado su temible fama.

Llegar a ese punto remoto del planeta, que antes de la apertura del Canal de Panamá, en 1914, era el único paso posible entre los océanos Atlántico y Pacífico, ya es toda una hazaña. Poder desembarcar es cosa del azar. Los navegantes con más oficio aseguran, sin embargo, que no es el viento el mayor peligro, sino las enormes marejadas que caracterizan la zona de este accidente geográfico. Canalizadas por el pasaje de Drake, en su paso por el estrecho espacio entre el Cabo de Hornos y la Antártida, van sumando potencia hasta llegar a alturas que superan los doce metros en medio de corrientes contrarias que dificultan la tarea del más experimentado capitán.

Esa, ni más ni menos, es la travesía que ofrece Cruceros Australis para todo aquel cuya curiosidad sea superior al temor del mar y la exposición a los casi inevitables mareos. Para esta escapada, el Dramamine es un infaltable hasta en el bolso de los turistas más osados.

ANTES DE EMBARCAR, MÁXIMO CONFORT

La salida de esta excursión se hace desde Ushuaia. Y si bien las comodidades del crucero son absolutas, hay que prepararse para tres días de navegación intensa. Por eso, lo mejor y más recomendable es llegar un día antes a la ciudad y alojarse con todos los lujos. En ese sentido, Los Cauquenes Resort + Spa + Experiences no tiene competencia. El primer diferencial está dado por la ubicación: se trata del único hotel 5 estrellas a orillas del canal Beagle, una condición magistralmente contemplada por su arquitectura tradicionalmente fueguina con un revestimiento exterior de madera de lenga y piedras de la zona que lo integran armónicamente al entorno de mar, lagos y montañas donde se implanta. Cuentas con 54 habitaciones y cinco suites. Los huéspedes que se alojen a partir de la categoría Superior disfrutarán de la majestuosa vista del canal Beagle, pero el resto no tendrá más que acercarse a la terraza climatizada, al jardín de invierno (dos espacios soñados que parecen flotar en el paisaje) o al restaurante Reinamora para tener este privilegio mientras prueban alguno de los platos de un sofisticado menú con toques regionales.

ENTONCES, LA AVENTURA

La invitación de Australis es a embarcar en un “crucero de expedición”. La importancia de la denominación obedece principalmente a las características técnicas de la embarcación, pero para el pasajero esto se traduce también en el clima y en la propuesta que lo diferencian de los cruceros turísticos más populares. No hay casino, bailes, animadores ni el tipo de actividades que caracteriza esas ofertas. Así, como auténticos expedicionarios, los viajeros podrán explorar la ruta de Punta Arenas a Ushuaia y disfrutar de la belleza natural e impresionante de la Patagonia y Tierra del Fuego a bordo de un barco sorprendentemente cómodo, acompañado por una tripulación y guías expertos que, además de la seguridad, se encargan de que el servicio sea impecable.

Después de la primera noche de navegación, hay dos opciones: desembarcar en botes Zodiac para una caminata por el Parque Nacional Alberto de Agostini o quedarse en el barco para contemplar el imponente glaciar Garibaldi. Por la tarde, hay un nuevo desembarco, esta vez para llegar al glaciar Pía. Más tarde, la invitación es al bar del cuarto piso para un cóctel mientras el crucero atraviesa la Avenida de los Glaciares, una sucesión de belleza indescriptible matizada con un bandejeo de delicias tradicionales de los países de los que cada glaciar toma su nombre: Italia, Francia, Holanda y Alemania.

Sin exageraciones, el Cabo de Hornos es uno de los rincones más temidos del mundo a lo largo de la historia de la navegación.

CABO DE HORNOS

La mañana del segundo día es agitada. El despertador suena temprano y en la cubierta de desembarco todos los pasajeros esperan ansiosos por el comunicado del capitán. Será él el encargado de informar si será posible desembarcar en el Cabo de Hornos. Una opción que depende de la velocidad del viento, la diferencia de altura entre olas y la rompiente. Quisieron las condiciones climáticas que en ocasión de esta crónica el desembarco no fuera posible, pero sí la posibilidad de ver la ferocidad del clima que le dio su celebridad a esta desolada porción de tierra en medio del océano.

Casi como una compensación, esa misma tarde, la Patagonia ofrece su cara más celestial: Bahía Wulaia. Como en una película, las olas se van aquietando paulatinamente y el cielo se abre para mostrar el sol que corona el diáfano manto azulado que cubre este rincón de ensueño al oeste de la isla Navarino. Otro desembarco, otro paisaje y el asombro renovado frente a la hermosura de los contrastes patagónicos.